VICENTE PÉREZ
La capital tinerfeña vive el anhelo del mar. La ocupación de casi todo su litoral urbano por la actividad portuaria alejó el contacto con el Atlántico de una ciudad que es atlántica.
De ese pasado litoral solo queda, en el entorno del parque marítimo César Manrique, el llamado Muellito, tremendamente descuidado una vez que hace años quedó abandonado por el cierre de una terraza, así como una playa junto al Palmétum, en el litoral de la Hondura, no apto para el baño por la existencia del monumental basurero reconvertido en jardín de palmeras y por ser zona de desagüe de varios emisarios de aguas residuales.
El Auditorio de Calatrava, con su audaz arquitectura de velamen, y el Castillo Negro (que no se ve en estas imágenes) ponen un imponente telón de fondo a un cacho de mar que un día mereciera una mejor oportunidad.
VICENTE PÉREZ
La capital tinerfeña vive el anhelo del mar. La ocupación de casi todo su litoral urbano por la actividad portuaria alejó el contacto con el Atlántico de una ciudad que es atlántica.
De ese pasado litoral solo queda, en el entorno del parque marítimo César Manrique, el llamado Muellito, tremendamente descuidado una vez que hace años quedó abandonado por el cierre de una terraza, así como una playa junto al Palmétum, en el litoral de la Hondura, no apto para el baño por la existencia del monumental basurero reconvertido en jardín de palmeras y por ser zona de desagüe de varios emisarios de aguas residuales.
El Auditorio de Calatrava, con su audaz arquitectura de velamen, y el Castillo Negro (que no se ve en estas imágenes) ponen un imponente telón de fondo a un cacho de mar que un día mereciera una mejor oportunidad.
VICENTE PÉREZ
La capital tinerfeña vive el anhelo del mar. La ocupación de casi todo su litoral urbano por la actividad portuaria alejó el contacto con el Atlántico de una ciudad que es atlántica.
De ese pasado litoral solo queda, en el entorno del parque marítimo César Manrique, el llamado Muellito, tremendamente descuidado una vez que hace años quedó abandonado por el cierre de una terraza, así como una playa junto al Palmétum, en el litoral de la Hondura, no apto para el baño por la existencia del monumental basurero reconvertido en jardín de palmeras y por ser zona de desagüe de varios emisarios de aguas residuales.
El Auditorio de Calatrava, con su audaz arquitectura de velamen, y el Castillo Negro (que no se ve en estas imágenes) ponen un imponente telón de fondo a un cacho de mar que un día mereciera una mejor oportunidad.
VICENTE PÉREZ
La capital tinerfeña vive el anhelo del mar. La ocupación de casi todo su litoral urbano por la actividad portuaria alejó el contacto con el Atlántico de una ciudad que es atlántica.
De ese pasado litoral solo queda, en el entorno del parque marítimo César Manrique, el llamado Muellito, tremendamente descuidado una vez que hace años quedó abandonado por el cierre de una terraza, así como una playa junto al Palmétum, en el litoral de la Hondura, no apto para el baño por la existencia del monumental basurero reconvertido en jardín de palmeras y por ser zona de desagüe de varios emisarios de aguas residuales.
El Auditorio de Calatrava, con su audaz arquitectura de velamen, y el Castillo Negro (que no se ve en estas imágenes) ponen un imponente telón de fondo a un cacho de mar que un día mereciera una mejor oportunidad.



















































