VICENTE PÉREZ
Vallehermoso celebró una de las tradiciones de San Juan con más raigambre de Canarias. El municipio gomero, que precisamente tiene como patrón al Bautista, vivió un ritual que combina tradiciones paganas ancestrales, que provienen de los antiguos pobladores de la isla, antes de la Conquista, con los ritos cristianos. Todo ello en una noche que el fuego de inmensas hogueras y el tajaraste gomero conviritió al pueblo en un escenario mágico.
El origen de esta costumbre en Europa se asocia con las celebraciones por el solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte, que tienen en común el ritual de las hogueras. De esta forma se pretendía «dar más fuerza al sol», pues lo días en esta época del año se acortan hasta el solsticio de invierno. También esta fiesta, llena de supersticiones y sortilegios, se vive como una purificación espiritual.
En Vallehermoso el santo fue sacado en procesión por las vías históricas del centro urbano, como la calle Mayor, donde se halla el mayor conjunto de inmuebles antiguos del municipio. El pegadizo y ancestral retumbar de las chácaras y los tambores se adueñó del ambiente y bailarines de todas las edades, la mayoría espontáneos, danzaron con esos ecos aborígenes que se pierden en la noche de los tiempos.
El santo se paraba para contemplar las enormes hogueras que organizan los vecinos encaramadas en las altas laderas que rodean el pueblo. Este año la ganadora fue la elaborada por el barrio de Los Rosales, en lo cima de la montaña Tamahunche, en la que trabajaron numerosas personas durante un mes.
Ya desde el día destacaba desde la distancia la mole de palés y madera, debidamente atada para evitar que el fuego se extendiera por el precipicio. Y cuando cercana la medianoche le prendieron fuego, ante la mirada de cientos de personas, se convirtió en un faro gigantesco de fuego divisable desde todo Vallehermoso, con grandes llamaradas. Un incendio monumental que fue acompañado de fuegos artificiales.

La entrada y salida de la comitiva de tocadores y bailadores en la iglesia de la Concepción delante del santo -entre cuyos cargadores se encontraba el alcalde, Emiliano Coello- era digno de contemplar, y de escuchar, por la resonancia de la autóctona percusión en el interior del templo.
Por estas fechas el pueblo celebra sus fiestas patronales, y se llena de visitantes y de los oriundos del lugar que viven fuera pero regresan por estos días tan señalados. La víspera de San Juan se celebró el baile de magos y este lunes, día del patrón, tuvo lugar de nuevo una procesión por las calles históricas, con la asistencia del presidente del Cabildo, Casimiro Curbelo.































































