VICENTE PÉREZ
Luis Fierro, pintor artístico, lleva muchos años desgañitándose en defensa de la arquitectura tradicional canaria, de las que hay miles abandonadas o descuidadas en Canarias. Buena parte de estos inmuebles de todas las islas se ha mostrado en el grupo de Facebook Salvemos las Casas Terreras Canarias, que él creó y que tiene 10.500 seguidores. Es un apasionado de esta causa, que defiende con vehemencia, pues contempla con cierta impotencia el deterioro imparable de este tesoro patrimonial de viviendas pasto del olvido, el abandono y la falta de medidas institucionales para promover su rehabilitación.
A nadie puede extrañar, por tanto, la propuesta que ahora lanza a los cuatro vientos: propiciar que las familias damnificadas por la erupción volcánica en La Palma puedan tener un nuevo hogar mediante la rehabilitación de las casas tradicionales abandonadas. «La Palma no sólo es bonita por su naturaleza, sino también por sus casas tradicionales, enorme patrimonio histórico que se está perdiendo, como en todas las islas; hay muchísimas casas vacías, sin uso, y que no sólo forman parte del paisaje isleño, sino que lo engrandecen, precisamente porque son de auténtica y antigua Arquitectura Tradicional canaria», explica Luis Fierro a PLANETA CANARIO.
Este artista defensor de la tradición arquitectónica avizora que «la llegada de millones de euros públicos en ayudas parecen ser para casas de madera (¿temporales?)» y teme que «para los negocios de la construcción moderna, más cemento y bloques que harán que La Palma desvirtúe todavía más su paisaje y arquitectura».

Por ello proclama con entusiasmo, aunque siempre con el escepticismo conferido por la experiencia de su lucha, que «si se rehabilitaran estas casas tradicionales para las personas que perdieron sus casas por el volcán, no se perdería más espacio, sino que se ganaría más paisaje».
«En esas casas sueñan vivir muchos palmeros, canarios, peninsulares, extranjeros…; también es turismo e imagen que damos tanto a los que vivimos aquí, como a los que vuelven a sus países, llevándose consigo lamentables imágenes de unas islas con tantas casas tradicionales, abandonadas y en ruinas (terreras y grandes casonas)», razona Fierro.
Desde su punto de vista, estas casas suelen estar en «un entorno rural que es más acorde con el modo de vida de muchos a los que se debería de ofrecer la posibilidad, con ayudas y facilidades, de un dar un incentivo por salvar una casa tradicional canaria», que podrían comprarse o alquilarse «promoviendo las administraciones un sano y necesario diálogo positivo y solidario entre dueños y personas que perdieron sus casas, teniendo en cuenta la catástrofe social actual».
Por ello, hace un llamamiento a las administraciones públicas para que abran «un proceso urgente de intermediación entre los dueño de las casas tradicionales sin uso y las personas que han perdido la suya por el volcán».

El pintor reivindica que «esta propuesta debería contar con facilidades administrativas, sin impuestos de rehabilitación y con una subvención añadida a las ayudas económicas que recibirán los damnificados por la erupción del volcán, y que las administraciones les faciliten todo el proceso, agua, luz, etc.»
Fierro es consciente de que algunas de estas construcción requerirían algún tipo de adaptación, y por ello plantea que «si fuera necesario un baño o una cocina, por ejemplo, se haga sin transformar, acorde con la arquitectura tradicional y con el debido rigor patrimonial, para evitar disparates arquitectónicos que siguen siendo lamentablemente habituales y permitidos por las administraciones públicas».
La rehabilitación de esta arquitectura tradicional abandonada, argumental el artista, podría crear empleo a personas que han perdido su trabajo por esta catástrofe. «Solo un sencillo curso o charle de dos o tres días», expone, «permitiría dar formación específica a una persona sobre casas tradicionales antiguas con el debido rigor patrimonial de rehabilitación básica, el uso de los materiales y el aspecto añejo y tradicional que deberían tener (para no permitir fallos graves y muy habituales como las esquinas afiladas en vez de sinuosas, las paredes lisas con llana, en vez de trabajar con las manos, respetar las rugosidades originales de las paredes antiguas, huir del falso histórico, vetas de las carpinterías que suelen taparse con mucho barniz, no al almendrado y efecto dálmata, informar del empleo de la cal y de los colores tradicionales que deberían usar y los que no, etc…)».

Por todo ello, Fierro demanda «voluntad política urgente para que haya una confluencia de ayudas de las administraciones, añadiendo esta propuesta para ayudar a los que perdieron su casa, poniéndolos en contacto con los dueños y facilitando que la compra, alquiler, rehabilitación y demás asuntos sean posibles y de forma rápida, en todo lo posible».
El pintor lamenta que «no hay inventarios de casas terreras tradicionales y cómo están, quiénes y dónde están los dueños, no han solucionado problemas de herencias, no dan ayudas apropiadas de conservación para dueños sin recursos, no obligan de algún modo a los dueños que sí tienen recursos más que suficientes pero ninguna intención de conservarlas, etc..». «El resultado de esa falta de gestión», concluye, «es la ruina, el derribo y la desaparición de muchísimas casas tradicionales».






















































