FRAN PAUL DE TORRES / JORGE MARTÍN
Este 18 de mayo se celebró la gran final del Festival de Eurovision en Tel Aviv, Israel. Este país no albergaba la competición desde 1999 y ahora vuelve a hacerlo gracias a la victoria en Lisboa (2018) de Netta con su canción Toy. Esta edición ha estado cargada de polémicas y brillantes actuaciones. En esta ocasión, Miki fue el elegido como el representante español tras su paso por OT con el tema: La Venda.
Tras la suma de los votos, España acabó en el puesto 22° con 60 puntos, pese haber sido el 14° favorito del público por el televoto. Sin embargo, no consiguió convencer al jurado profesional de cada país, y solo consiguió 1 voto de Rusia y 6 de Bielorrusia, quedando último en la clasificación del jurado

Quien sí consiguió brillar fue Duncan Laurence, abanderado de Países Bajos, con su canción Arcade, la gran favorita de las casas de apuestas desde su lanzamiento. Y es que, aunque no quedó primero por el jurado, ni por el televoto, consiguió los puntos suficientes para arrebatarle el triunfo a Italia y a Suecia, las dos canciones con mayor puntuación de la noche hasta entonces.
Su puesta en escena, aunque regia y minimalista, fue efectiva y conseguía resaltar sus movimientos al piano, y la emoción y la pasión de su Arcade. En segundo y tercer lugar quedaban Italia y Suecia, quienes, con una puesta escena más movida y dinámica, no lograron el triunfo. España, por su parte, coloreó Tel Aviv con una explosión de colores que acompañó a su caída de la venda.
Pese al resultado, no se puede negar el maravilloso trabajo que ha realizado la delegación española en este festival y, por supuesto, la entrega y el entusiasmo de Miki y sus bailarines durante todos estos meses previos a Eurovision

Lo que dio bastante de qué hablar fue la actuación del intermedio de la noche: Madonna. Es ya la segunda vez consecutiva que un artista americano pisa el escenario de Eurovisión. En 2018 fue Justin Timberlake el encargado de amenizar este espacio. La presencia de la reina del pop en el festival se había anunciado hace meses como reclamo al público europeo, pero no fue hasta horas antes cuando se cerró su actuación. Quizás por este motivo, su puesta en escena no fue todo lo que el público esperaba de una artista tan afamada como ella, además que levantó polémicas con su final inesperado, a las que ya nos tiene acostumbrados.
Polémica tras polémica
La victoria de Israel en 2018 no dejó a nadie indiferente y la elección de Jerusalén como primera sede para el festival hizo saltar las alarmas de los eurofans por la posible inseguridad del evento. Recordemos que Israel está en conflicto con Palestina, por lo que, desde la dirección de la Unión Europea de Radiodifusión se exigió al país anfitrión que eligiese otra sede para el festival.
Por otro lado, se impuso como requisito a los participantes que no se mostrasen partidarios de ninguno de los países beligerantes, y por tanto no se podían mostrar banderas palestinas durante las galas, ruedas de prensa o cualquier otro momento del festival. Sin embargo, durante la gala final de Eurovision esta norma fue violada dos veces: una por Madonna en su actuación en el intermedio, y otra por Hatari (los representantes islandeses) durante las votaciones.

Muy cercano a esto está la selección de Ucrania, que tuvo que abandonar el festival al tener desacuerdos con la cantante rusa Maruv (una de las grandes favoritas). Durante su preselección, la anterior ganadora de Ucrania (2016) la forzó a expresar su opinión sobre el conflicto de Crimea bajo la pregunta: “¿Crimea es Ucrania?”. Finalmente, y por la imposibilidad de encontrar representante por los grandes requisitos injustificados que proponían, tuvieron que anunciar su retirada del festival de 2019.
Otro factor que ha dado de qué hablar en las redes sociales ha sido la realización de la televisión anfitriona KAN. Desde los ensayos se veía una pérdida de calidad a nivel técnico de las diferentes puestas en escena. Lo que más se ha criticado es el exceso de planos generales y las trabas que se les ponía a las propuestas de Malta y Rusia, por ejemplo. Un gran fallo destacable fue que se colaron varias veces cámaras en plano, lo cual demuestra falta de profesionalidad y cuidado respecto a otros años.
50 años esperando la victoria

La sombra de España en el festival de Eurovision es alargada. La última victoria que conseguimos fue a cuatro en 1969 con Salomé y su Vivo cantando. Desde entonces las mejores posiciones han sido 2º puestos. En el siglo XXI España no ha entrado en ninguna ocasión en el top 5. Sin embargo, las mejores posiciones recientes de nuestro país fueron en 2012 con Pastora Soler, siendo 10º con Quédate conmigo; y en 2014 con Ruth Lorenzo, siendo 9º con Dancing in the Rain.
La última vez que saboreamos el poder estar de los cinco primeros (incluso de los tres), fue con Anabel Conde en 1995 con el tema Vuelve conmigo. Este año se ha mejorado mucho en cuanto a puesta en escena y realización, y sobre todo en cuanto a la valoración sobre el trabajo de la delegación española. Estamos en buen camino para tener más reconocimiento en el festival, pero aún queda mucho por andar. Quizás se tenga que romper con viejos clichés como cantar únicamente en castellano o elegir a artistas amateurs recién salidos de la academia de Operación Triunfo para alcanzar los primeros puestos, sin desprestigiar el buen hacer de Miki.




















































