VICENTE PÉREZ
El Partido Animalista y Contra el Maltrato Animal (PACMA) consechó en las pasadas elecciones generales más de 326.000 votos en toda España, lo que lo convierte en el noveno partido con más respaldo electoral a escala estatal, aunque no logró representación en las Cortes. En los comicios del próximo 10 de noviembre vuelve a concurrir al Congreso de los Diputados, con una lista que en la provincia de Santa Cruz de Tenerife encabeza la periodista Yolanda Morales Pérez, coordinadora provincial del partido y una incansable luchadora por los derechos de los animales.
Periodista de profesión, con PLANETA CANARIO esta líder animalista pasa de entrevistadora a entrevistada. Y desgrana en la conversación con este diario las principales reivindicaciones del PACMA: «No a la tauromaquia, no a la caza, reconversión del sector ganadero, justicia social y salud medioambiental».
La candidata animalista tinerfeña reprueba por «cruel e innecesario» que se sigan utilizando a vacas y bueyes en las romerías, reclama un endurecimiento del Código Penal en los delitos contra los animales y lamenta que en la agenda política no esté desde hace tiempo la creación de una sanidad pública para atender a las mascotas, asunto al que se refiere como una «emergencia social», debido a que hay muchas personas que no pueden pagarse un veterinario cuando los animales a su cargo enferman o se accidentan.
¿Qué balance hace de los resultados del Pacma en las últimas citas electorales?
«Creo que son muy positivos. Que el partido que trabaja por defender a los animales en nuestro país se mantenga como primera fuerza extraparlamentaria es, sin duda, algo increíble. Aunque sabemos que es difícil conseguir representación y que nuestro sistema electoral lo complica todavía más, observando el panorama actual sabemos que en algún momento, más pronto que tarde, llegaremos a las instituciones. Y eso, sin duda, será histórico».
¿Cuáles son, para ustedes, en este momento, las principales reivindicaciones a los nuevos gobiernos surgidos de las elecciones locales y autonómicas?
«Por el momento, el simple hecho de que en el Congreso de los diputados se hable de animales nos parece un logro. Empezando por ahí, podemos decir que tenemos cientos y cientos de propuestas, pero si tuviéramos que englobarlas, consideramos que se pueden resumir en: no a la tauromaquia, no a la caza, reconversión del sector ganadero, justicia social y salud medioambiental».
¿Debería modificarse el Código Penal para endurecer las penas por maltrato animal?
«Por supuesto. En España maltratar y matar animales sale muy barato, y si lo haces en nombre de la cultura, hasta te subvencionan».
¿Qué opinión tienen ustedes sobre la tracción animal en las romerías?
«Pensamos que la tracción animal en general es cruel e innecesaria en nuestros días, sobretodo existiendo la tracción a motor, y si a ello le sumamos el calor, el asfalto, el gentío, la música, el griterío, los bailes sobre la carreta… No se entiende que esto se siga permitiendo en el año en el que estamos».
¿Y sobre el arrastre de ganado?
«Una actividad calificada por los estudios veterinarios como maltrato animal, practicada por una minoría. Reciben decenas de miles de euros en subvenciones para seguir criando las especies que, dicen, sólo valen para eso. Animales que sólo sirven para arrastrar sacos, porque algunos dicen que no valen para nada más. Como si su valor fuera directamente proporcional al uso que se les asigne».
¿Existen suficientes albergues comarcales para perros y cuentan con los medios y personal adecuados?
«El problema no es la cantidad de albergues o el espacio disponible, sino la cantidad ingente de animales que los transitan a causa de la irresponsabilidad de las personas. No somos partidarios de construir albergues más grandes. Que no hay hogares para todos ya lo sabemos. El dinero ha de invertirse en más campañas de adopción y esterilización, y en impulsar políticas de tenencia responsable. La compra-venta de animales debe ser prohibida, primero porque no deben ser objeto de comercio, y segundo porque es inasumible que teniendo los albergues con sacrificios diarios, sigamos permitiendo los criaderos o aceptando que los cazadores conviertan sus cheniles en fábricas de cachorros en busca de “mejores perros”.
¿Se prohíbe en exceso la presencia de mascotas en ciertos espacios públicos o está justificada tanta prohibición?
«Se prohíbe en exceso, atendiendo a las preferencias de un sector poblacional frente a las reivindicaciones de una parte cada vez más amplia de la sociedad que cuida animales y desea poder hacer su día a día con ellos sin prohibiciones ni problemas cada 20 metros».
¿Debemos humanizar a los animales o, mejor, tratarlos con humanidad?
«Sin olvidar que los humanos también somos animales por mucho que queramos hacer una distinción, sin duda podemos decir que la humanización de los demás animales puede suponer un daño para ellos. No es algo generalizable, pero es plausible. Por ejemplo, poner un abrigo a un perro porque hace frío, es protegerle, aunque también es atribuirle una característica humana. Albergarlo en un piso con nosotros es sacarlo de su entorno natural, y nos llevará un gran esfuerzo mantenerlo activo y cumplir sus necesidades de exploración y ejercicio físico, pero lo cierto es que se puede hacer perfectamente con planificación y dedicación. Personalmente, si los animales a los que cuido hubieran tenido alternativa, no los habría adoptado, pues soy consciente de que limito su libertad, pero más consciente aún de que lo que debería ser su entorno natural ya no existe, y que las características de su especie de origen están distorsionadas. Hoy en día, animales como los perros son totalmente dependientes del humano y es una realidad de la que nos tenemos que responsabilizar como sociedad».
¿Es suficiente la legislación sobre los animales en las granjas o debería reforzarse para que sufrieran menos?
«Toda legislación que tenga por objetivo el bienestar de los animales, es poca. Además de optimizar la legislación sobre estos temas, habría que abogar también porque se cumpliera escrupulosamente, cosa que no ocurre en muchas ocasiones. Igualmente, desde PACMA siempre intentamos concienciar y dar ejemplo sobre un estilo de vida libre de sufrimiento animal, también en el plano alimentario. Apostamos por la reconversión de la industria ganadera hacia un nuevo modelo agrario, sostenible, verde, respetuoso con los animales, ecológico y de proximidad».
¿Cuál es la implantación del PACMA en Canarias?
«Actualmente tenemos dos equipos principales en Gran Canaria y Tenerife que intentan abarcar el máximo posible del resto de las islas».
¿Han asumido otros partidos postulados que hasta hace unos años solo defendía el PACMA?
«Por supuesto. A medida que ha ido aumentando el número de votos».
¿Qué postura mantiene el PACMA sobre la caza como deporte?
«Que no tiene cabida en nuestro país y nuestro siglo. Que los argumentos que la mantienen viva no se sostienen e intentan justificar el gusto de una minoría por matar. Cada uno de los pilares de la caza como bien de interés social ha sido desmentido, y con el paso del tiempo y la evolución de la sociedad acabará por morir».
¿Qué le parece que se permita a menores de 18 años -desde 16- ir de caza si es con un adulto y no portan armas?
«Que los niños no deberían estar aprendiendo que el sufrimiento de los animales es tolerable ni medio normal. Si asumen que los humanos tenemos la supremacía sobre el resto de especies y el derecho a decidir sobre su vida o su muerte, serán adultos con un punto de vista muy distorsionado y egocéntrico de la realidad, que flaco favor les hará a ellos mismos y a su entorno».
¿Deberían prohibirse los camellos en las cabalgatas de Reyes?
«Debería prohibirse la utilización de cualquier tipo de animal en cualquier tipo de espectáculo de ocio».
¿Se sacrifican muchos animales en los albergues caninos?
«Depende de lo que entendamos por “muchos”. Cada vida tiene un valor incalculable por sí misma. Si hay que sacrificar a uno por falta de espacio, debemos entender que la situación ya es alarmante. La culpa no es de los albergues que sacrifican, sino de la ley que lo permite y que no pone límites a la cría o la compra-venta».
¿Qué es más peligroso para el ser humano: el propio ser humano o los demás animales?
«El ser humano se destruye cada día a sí mismo y se ha llevado por delante a los demás animales2.
¿Qué les falta aún a muchas ordenanzas municipales de tenencia de animales o qué les sobra?
«Les falta legislación y amparo sobre las colonias felinas, control sobre las ataduras y confinamientos de los animales (que son legales hasta la fecha), más competencias para los cuerpos de seguridad, sanciones más elevadas, reconsideración de ciertas infracciones muy graves que se consideran leves… En resumen, les falta mucho interés político».
¿Tratar bien a los animales y no causarles sufrimiento humanitario es cuestión de ética o de legislación?
«La base de todo es la educación. Con una correcta educación y un buen establecimiento de valores al comienzo de la vida, podríamos desenvolvernos como sociedad y crear un mundo mucho más justo, consciente, consecuente, longevo y feliz. El problema es que esto es totalmente utópico y que, por cada persona que ayuda a los animales, hay otra que les hace daño y veinte a las que no les importa ni una cosa ni la otra. Es por ello que toda ética debería quedar reforzada con una legislación potente. Se complementan».
¿Se persiguen lo suficiente los delitos contra los animales?
«Prácticamente no se persiguen. Se ponen denuncias, pero en muchos casos no son tramitadas, bien porque no hay interés por parte de la administración o el cuerpo que las recoge, o bien porque si llega a haber algún interés, la legislación es demasiado laxa».
¿Debería haber una sanidad pública veterinaria?
«Debería. Es problema muy serio de nuestra sociedad el hecho de que haya animales sufriendo y padeciendo porque sus familias no pueden costearse un veterinario, o que no lleguen a ser atendidos tras accidentarse porque quienes les encuentran no pueden pagar los servicios de atención básica. Es una emergencia social, a estas alturas, y desde hace años debería de estar sobre las mesas de los políticos».




















































