Además de guardar memoria de la labor intelectual o espiritual de una persona concreta, el retrato eclesiástico captura la apariencia vital y la personalidad de hombres y mujeres de fe, cuya existencia se constituye en modelo de vida para los fieles. A la muerte del Hermano Pedro en Santiago de los Caballeros de Guatemala, el 25 de abril de 1667, ya circulaban muchos retratos de él en la ciudad, pues todos los ciudadanos le tenían en gran aprecio.
Desafortunadamente muchos fueron destruidos, pues en sus mismas honras fúnebres, el célebre obispo Fray Payo Enríquez de Rivera, prohibió que se le rindiera cualquier tipo de culto para no obstaculizar su beatificación y canonización, y ordenó destruir todos sus retratos.
Su contemporáneo y uno de sus primeros hagiógrafos, fray Francisco Vázquez de Herrera OFM, describió entre 1705 y 1707 la apariencia física del Hermano Pedro así: “Tenía la cara de hábil mancebo, el rostro aguileño, frente espaciosa, nariz afilada, barba aguda, ojos modestamente alegres, pelo castaño, y rubio el de la barba, que entonces ya le honraba bien dispuesta. La edad no muy crecida, antes disimulada en el semblante.”(1)

Fray Damián Muratori OFM cita el testimonio del hermano Francisco del Rosario, que ofrece puntos coincidentes: “Era un hombre mediano de cuerpo, descalso, en hábito de tercero, que le daba hasta media pierna, y que la cuerda llegaba hasta el largo del hábito, y que, en lo que toca al rostro, tenía en la frente unas entradas grandes, la nariz afilada, la boca pequeña, la barba larga, y las manos cortas.” (2)
En Latinoamérica, principalmente en Guatemala, aún se conservan varios retratos del Hermano Pedro que datan del siglo XVIII. Todos se caracterizan por estar rotulados como el “Verdadero retrato”; por este motivo, con base a la descripción física anterior y otros criterios históricos y artísticos, en 2009, el autor conjuntamente con el especialista en arte colonial guatemalteco Gustavo Ávalos Austria, efectuamos un estudio titulado: “Retratos del Santo Hermano Pedro en la pintura colonial”, el cual fue publicado como un capítulo del libro que edité: El Tesoro de El Calvario, Patrimonio de La Antigua Guatemala. (3)
Concluimos que el retrato que aquí publicamos es el más fidedigno e importante del santo, pues representa fehacientemente la apariencia física que el Hermano Pedro tuvo en vida. Por este motivo, es la iconografía correcta para representarlo hoy en día en cualquier caso.
Este óleo sobre tela (184 x 124 cm) es la pintura más antigua, data de finales del siglo XVII o principios del siglo XVIII. Debajo de la mano derecha presenta El Calvario renacentista que construyó el santo, por lo que se puede afirmar con certeza que fue pintada antes de 1717, año en el cual un terremoto destruyó la antigua ermita. Esto refuerza la atribución de la pintura a Francisco Antonio de Montúfar y Colindres Puerta, fallecido en 1713 e hijo del famoso pintor Antonio de Montúfar y Vivar Quiñonez, de la misma edad y muy amigo del santo; fue publicada en 1972 por el historiador José Manuel Montúfar Aparicio.(4)
El especialista en arte colonial guatemalteco Haroldo Rodas, confirma la autoría del verdadero retrato a Francisco Antonio de Montúfar y apunta que la pintura fue ejecutada para la capilla de los hermanos de la Venerable Orden Tercera; fue trasladada a la ciudad de Guatemala, luego en 1871 a la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios en La Antigua y, finalmente al Museo de San Francisco. (5)
Es una obra de gran calidad, de estilo renacentista, con clores claros, la silueta bien recortada contra el fondo, sin el claroscuro típico del barroco, y no está firmada.

Es una obra muy fiel al ilustre personaje, representado con propiedad y exactitud. Su expresión y postura se insertan en la tradición del retrato español, caracterizado por su sobriedad y reserva. Presenta al Hermano Pedro de cuerpo entero, vestido con la indumentaria típica de los Hermanos Terciarios Franciscanos de su tiempo: túnica y capa de sayal color pardo, asoma el cuello blanco de una camisa, luce pantalón negro y va calzado. Esta vestimenta es igual a la original del santo que se conserva en el mismo sitio donde se encuentra la valiosa pintura, el Museo de San Francisco El Grande en La Antigua Guatemala.
Bajo el brazo izquierdo lleva un sombrero café de alas flexibles y un papelito doblado para apuntar las oraciones en sufragio de las almas. Tiene un rosario al cuello y en su mano izquierda un plato para demandar limosnas lleno de monedas. En su calidad de terciario franciscano lleva un cordón con nudos ceñido a la cintura.
Sobre la base de la dimensión de sus restos mortales, se estima que la altura del santo Hermano Pedro en vida coincide con la que presenta esta pintura: 155 cm. Según la tesis doctoral de fray Damián Muratori OFM, el análisis de la calavera del santo durante el traslado de sus restos mortales al nuevo sepulcro, evidenció una lesión en el lado derecho de la frente, detalle que autentifica la pintura, pues el retrato presenta una cicatriz visible exactamente en esa posición y sitio anatómico.
MIGUEL F. TORRES
Etnobotánico y miembro numerario de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala
1VÁZQUEZ de HERRERA, Fray Francisco, OFM. «Vida y virtudes del Venerable Hermano Pedro de San José de Betancur». Transcrito y editado por Fray Lázaro Lamadrid Jiménez, O.F.M. Tipografía Nacional, Guatemala, 1962, p. 19.
2 MURATORI, Fray Damián Cosme, OFM. Perfil histórico-espiritual del Beato Hermano Pedro de San José Betancur y elementos originarios y constitutivos de la fraternidad Betlemita. Italia: Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, 2000. Tesis en Grado de Doctorado, sin publicar, p. 223.
3TORRES RUBÍN, Miguel Francisco (Editor) y Gustavo Ávalos Austria. Retratos del Santo Hermano Pedro en la pintura colonial en: “El Tesoro de El Calvario, Patrimonio de La Antigua Guatemala”, Capítulo VIII. Editorial Galería Guatemala de Fundación G&T Continental, Print Studio, S.A., Guatemala, 2009, pp. 131-137.
4MONTÚFAR APARICIO, José. “Los pintores Montúfar en la ciudad de Santiago de Guatemala en el siglo XVII”. Revista de la Academia Guatemalteca de Estudios Genealógicos, Heráldicos e Históricos. Guatemala, Tipografía Nacional, Nos.
5-6, 1971-72, pp. 383-429. 5 RODAS ESTRADA, Juan Haroldo Antonio. “Pintores del período hispánico en Guatemala”. Estudios: Revista de Antropología, Arqueología e Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala. Escuela de Historia Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas, 3a. Época, No. 2, 1996, pp. 139-142.






















































