VICENTE PÉREZ
Una denuncia en las redes sociales ha vuelto a poner el foco en el estado de abandono en que se encuentra la cueva de Los Guanches, en Icod de los Vinos, un tubo volcánico que, como yacimiento arqueológico, está declarado desde 2005 Bien de Interés Cultural (BIC). A finales de 2017, vecinos de la zona ya denunciaron en la prensa provincial el mal estado de conservación de este patrimonio legado por los aborígenes.
La puerta que protege la entrada se encuentra abierta y en su interior se ha acumulado residuos de todo tipo: neumáticos, preservativos, botellas plásticas, bloques de construcción e incluso una antigua máquina de escribir.
«La cueva no solo permanece abandonada y afectada por la obra de una finca vecina, sino que se encuentra a merced de vándalos, parejas que llevan allí sus encuentros y dejan un recuerdo, de personas que o bien desconocen la importancia del lugar o no tiene pudor en dejar allí su basura después del paseo», afirma en un post de Facebook Fabio Carreiro Lago, escritor, abogado y graduado en Historia. 
Las fotos que muestra sobre la suciedad de la cueva las realizó otra persona, que ha limpiado esta basura «por respeto y dignidad y como un deber moral», aunque Carreiro Lago admite que desde un punto de vista legal «lo debería hacer la Administración pública: el Cabildo o [la Dirección General de] Patrimonio del Gobierno canario»
El ámbito de protección de la cueva abarca unos 6.000 metros cuadrados, situado sobre la cornisa del acantilado de Playa Moreno, en la zona noroccidental del lugar conocido como El Cardonal.
Un BIC amenazado desde hace décadas

El decreto del Gobierno canario por el que se declaró BIC y se delimitó su entorno explica que se trata de un conjunto arqueológico de naturaleza mixta, con ocupación en cueva y estructuras artificiales al aire libre, «correspondiendo probablemente a un asentamiento de importante significación pastoril, dada su ubicación costera en la cornisa del acantilado».
Y entonces, en 2005, el decreto señala que «debido al deterioro que ha sufrido este entorno como consecuencia de un intenso grado de antropización, gran parte de esta área arqueológica ha sufrido los efectos del proceso urbanizador en el sector costero del municipio, que ha ocupado las, ya a su vez, alteradas, antiguas roturaciones destinadas al cultivo de regadío». El «expolio sistemático» a la búsqueda de restos prehistóricos ha sido otra de las agresiones que ha sufrido este yacimiento.
El decreto, que lleva 15 años vigente, establece que «las actividades agrícolas y los usos tradicionales, junto al creciente proceso urbanizador y una notable presencia humana en todo este ámbito, demandan, asimismo, la protección de esta unidad de asentamiento prehistórica».






















































