RUBÉN EXPÓSITO
Clint Eastwood es uno de esos pocos artistas que pasaron de crisálida a mariposa lentamente, con un objetivo fijo inconsciente: hacer mutar su carrera de algo simple como rudo protagonista de películas de saldo y esquina, como diría Joaquín Sabina, a realizar grandes logros artísticos (véase Los puentes de Madison, Gran Torino o Million Dollar Baby), que podemos ver con esta gran ostra humana, el cual va soltando perlas constantemente acompañadas de aplausos al final de su carrera.
Lo que empezó con un actor de películas de leña y que pase el siguiente se ha convertido en la historia de un realizador que nos deja boquiabiertos con cada cinta que presenta.
Lo que cuenta muestra mucho de lo que lleva dentro, y eso es un lujo, que nos muestre cada pocos años cómo se ha liberado después de viejo, como reza el dicho, de los vicios del pasado.
Hará recordar a los espectadores que nunca es tarde para nada en esta vida. Clint te espera en el cine, lo que hace este anciano, hará que vuelvas a pensarte en esa definición que suena peyorativa, lo de ser demasiado viejo para algo. Eastwood te recordará que no sabes cuándo darás lo mejor de ti mismo.
Sinopsis

Earl Stone, sin apenas dinero decide recurrir a un negocio tan lucrativo como peligroso: el contrabando de drogas. Earl se convertirá en uno de los mayores narcotraficantes de Estados Unidos y el más buscado de la DEA tan sólo transportando mandanga.
Trabajando con el cártel mexicano, Earl conseguirá pagar sus deudas y mantener su casa fuera de un embargo hipotecario inminente, pero a cambio pagará un precio que ni con todas las entregas posibles podría solucionar.
Lo dicho, una gran historia te espera en el cine. Eastwood está en su mejor momento; 88 años solo es un número si mantiene al espectador en vilo. Con lo que tiene que contar este señor, parece un pibe que quiere comerse el mundo.




















































