VICENTE PÉREZ
El profesor de la Universidad de La Laguna José Farrujia, uno de los mayores expertos en los antiguos pobladores de Canarias, presenta el próximo jueves 23 de marzo su nuevo libro, titulado Memorias guanches: testimonios sobre nuestro pasado indígena, una publicación en la que trata de mostrar a los guanches tal como pudieron verse a sí mismos y como podrían haber contado su visión de la traumática conquista castellana. La crónica de ese mundo indígena nos ha llegado a través de los vencedores, y no de su testimonio directo.
Este acto tendrá lugar a las 19:00 horas en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife (Plaza del Patriotismo, 1). Con la música del Taller Canario de Canción, se pondrán en escena varios testimonios guanches contenidos en el libro y representados por los actores Roberto Melo, Ana Niebla y Silvia Torrents.

Farrujia es doctor en Historia (Prehistoria y Arqueología) por la ULL, donde ejerce de profesor del Departamento de Didácticas Específicas, en el área de Didáctica de las Ciencias Sociales. En esta entrevista adelanta los objetivos de su nuevo libro y aborda alguna de las eternas preguntas sobre los indígenas canarios (a Farrujia no le gusta llamarlos aborígenes), tan desconocidos aún para la población actual del Archipiélago a pesar de llevarlos en sus genes.
«Mi libro reflexiona sobre la falta de una crónica de los vencidos»
-Como en toda conquista, las crónicas que han llegado a nuestros días las escriben los vencedores, y no hay una crónica de los vencidos. Aunque para tratar de tener una repuesta hay que leer su nuevo libro, ¿podría adelantarnos qué cree que nos hubieran contado los guanches?
«El libro reflexiona precisamente sobre este tema, pues en el caso de Canarias no contamos con una crónica de los vencidos, como se conocen en el caso americano, por ejemplo para el caso de México, antes de la llegada de los conquistadores europeos. A diferencia que en Canarias, el mundo indígena azteca, por ejemplo, dejó por escrito su propia visión del mundo y de su cultura. En Canarias, el etnocidio cultural nos privó de esta información. Tampoco hay que perder de vista que en el mundo amazigh, donde hunde sus raíces el indígena canario, la tradición se mantenía de forma mayormente oral, lo que permite entender también la no existencia de este tipo de crónicas escritas. Por eso tenemos que acudir a fuentes documentales de la época, en las que hay sin duda información interesante al respecto».

-¿En general qué dicen los documentos oficiales de la época sobre los antiguos pobladores de la isla?
«La documentación es variada al respecto. Por ejemplo, a partir de los testamentos de indígenas en el siglo XVI podemos acceder a información social y económica de la época de primera mano, así como observar el sentimiento de colectivo étnico diferenciado que reinaba entre ellos y ellas. Los protocolos notariales también son prolijos en datos, nos permiten hacernos una idea de la vida guanche en la nueva sociedad colonial. Luego también están los acuerdos del Cabildo y los documentos del Santo Oficio, en los que se prohíben prácticas indígenas aún vivas en el siglo XVI. Sobre toda esta documentación se reflexiona en el libro y se ofrece una visión de la misma a partir de un enfoque que conjuga también la arqueología y la narrativa histórica».
«Pervivieron los indígenas, pero desposeídos de su cultura»

-¿Hay muchos aspectos de la cultura de los guanches irremediablemente condenados a quedar en el terreno del enigma, del misterio, de lo que nunca será conocido o explicado?
«Por supuesto. Lo que sabemos hoy sobre ese pasado se basa en la materialidad y, por desgracia, sólo ha llegado a nosotros una ínfima parte de esa materialidad. Es decir, nuestra visión del pasado está condicionada por lo que ha quedado de él. El etnocidio cultural generado tras la conquista tampoco ha permitido la pervivencia de comunidades propiamente indígenas en Tenerife ni en el resto de islas, a diferencia que en otros contextos del planeta, donde aún quedan pueblos originarios con su cultura, cada vez más occidentalizada. En Canarias pervivieron los individuos, los indígenas, pero fueron poco a poco desposeídos de su cultura. Por eso no sabemos cómo era el día a día de los guanches, su proceso de adaptación a la isla, su desarrollo cultural durante siglos… Hay camino por hacer».
«Algunas tradiciones cristianizadas mantuvieron significado guanche»

– Recientes estudios han corroborado que más del 50% de los genes de la población canaria actual son aún de los antiguos pobladores canarios por vía materna. Esto es la genética, pero ¿y en la cultura?¿qué nos queda de esos antepasados más allá de la toponimia, nombres personas, algunas comidas y algunos ecos musicales ancestrales?¿En nuestra cosmovisión algo nos queda?
«Como decía antes, el etnocidio cultural nos ha privado de muchas tradiciones indígenas. No obstante, se dio un fenómeno interesante durante la aculturación y fue el de la asimilación, es decir, algunas prácticas, por ejemplo las conectadas con las creencias, fueron cristianizadas pero sin perder parte de su significación originaria para los guanches, como sucede con el desarrollo del culto a San Juan para suplantar la celebración del solsticio de verano guanche. Sobre esto hemos reflexionado en un artículo recientemente publicado en Planeta Canario, al abordar el caso de Tenerife y el Roque de los Dos Hermanos».
La puerta del cielo en tiempos guanches: el Roque de los Dos Hermanos
– Está claro que las conquistas de un pueblo sobre otro a lo largo de la historia son episodios dramáticos porque se basan en el empleo de la violencia, la muerte y el sometimiento del vencido. Sin embargo, ¿sería fidedigno reducir este proceso a una leyenda negra o también hubo signos de indulgencia hacia los guanches y una parte de ellos pudo sobrevivir sin explotación ni humillación por parte del vencedor?
«En Canarias no se produjo un genocidio, pero sí un etnocidio. Es decir, los conquistadores no estaban interesados en aniquilar a la población indígena, básicamente porque era necesario mantener las islas pobladas y porque era necesario contar con el conocimiento indígena para poder explotar buena parte de los recursos económicos. Sobre esto se reflexiona en el libro, por ejemplo, al abordarse el papel de la ganadería, tras la conquista, en varios de los testimonios guanches. Es ilustrativa al respecto la orden de Alonso Fernández de Lugo al obligar a fijar residencia en la isla de Tenerife, al menos por 5 años, a los que recibían lotes de tierra en los repartimientos. Es decir, tanto indígenas, los vinculados con la élite social guanche, como conquistadores recibieron propiedades y su permanencia en la isla era crucial para garantizar el éxito del proceso colonizador.
«Muchas personas se sorprenderían hoy de su ascendencia guanche»

-¿Son raros los casos de personas que hoy en día conocen que descienden de linaje guanche?
«Claro, básicamente porque pocas familias han reconstruido su árbol genealógico. Muchas personas se sorprenderían si lo hicieran porque la genética está demostrando precisamente la pervivencia de familias que llevan asentadas en las islas desde antes de la conquista, hunden sus raíces en el mundo indígena. Sobre esto se reflexiona en varios testimonios del libro».
«Hay que plantarse contra la destrucción de restos arqueológicos»

-Los restos arqueológicos de esa cultura ¿aún es posible dar con hallazgos que pudieran dar un vuelco a lo que hasta ahora sabemos de los guanches o cada vez el margen de sorpresa es menor?
«Cada vez es más complicado. El desarrollo insostenible, el expolio, el tráfico ilegal del patrimonio, la sobreexplotación de las islas… todo juega en contra por la destrucción de espacios que fueron ocupados por los indígenas y cuya huella se está perdiendo. Por eso es importante plantarse, como hemos hecho con Tindaya y como ha pasado recientemente con Cuna del Alma. El pueblo tiene la capacidad de frenar esta inercia y, por eso, la educación es algo clave al respecto. Este libro, en este sentido, incorpora un proyecto didáctico destinado a la ESO y persigue abrir un nuevo frente de concienciación y de formación, que se sume a los pocos que ya existen».





















































