VICENTE PÉREZ
«Llevamos cuatro meses intentando volver a España, pero nos han cancelado 5 veces el vuelo y ya no tenemos dinero, y los aviones de repatriación nos cobraban una cantidad que ya no teníamos; nos sentimos desamparados, el Gobierno español no nos ha ayudado».
Es el testimonio desesperado de Kevin, un joven madrileño, con amigos en Canarias, que se encuentra con su hermano y sus padres -de origen ecuatoriano- en la ciudad de Guayaquil, de donde tenían la intención de regresar el 27 de marzo pero a quienes dejó atrapados la pandemia, con estado de alarma en España y posteriormente toque de queda en el país centroamericano, donde han muerto cerca de 4.800 personas por el coronavirus Covid-19.
Kevin, que ha cursado estudios de audiovisuales, se ha decidido a hacer pública su historia a través de PLANETA CANARIO porque tiene amistades en Tenerife, por medio de las cuales conoció este diario.
En su acuciante relato, explica que la única que tiene trabajo es su madre, pero que por no poder regresar a España lo puede perder, y ha pedido una prórroga debido a esta causa de fuerza mayor, pero apenas cobra 300 euros al mes.
En Daule, de donde son originarios sus padres, sobreviven en una precaria casa terrera sin mobiliario, que no estaba habitable, pero que por suerte poseen sus progenitores en ese lugar, donde han tenido que improvisar unas camas poniendo un colchón sobre unas tablas y una cocina sobre bloques con construcción, en un pueblo donde la luz y el agua faltan a menudo.
Tienen el apoyo de algunos familiares residentes en Ecuador, pero se trata de una población muy humilde y no pueden recibir la ayuda que podrían tener en un país con mayor nivel de vida.

«Si no volvemos ya a España no vamos a poder sobrevivir, ni pagar el alquiler de nuestra vivienda en Madrid, la luz y el agua y demás gastos; así estamos a la deriva y tenemos la esperanza de que a través de esta noticia el Gobierno español se interese por nosotros y otros españoles que están en nuestra misma situación, pues prometió repatriarlos a todos y no ha sido así», afirma este joven.
Con la burocracia toparon. Contactaron con los consulados de España en Guayaquil y Quito, y les dijeron que hablaran con el Ministerio de Asuntos Exteriores español, que a su vez les derivó a esas oficinas diplomáticas. Pero en estas sedes consulares no les respondieron a sus emailes ni respondían por teléfono. Nuevamente comunicaron por un correo electrónico al Ministerio la situación pero no recibieron más respuesta del Gobierno español. La pescadilla que se muerde la cola.
Su situación se complicó por los gastos médicos imprevistos para atender al hermano de Kevin, pues enfermó con altas fiebres y otros síntomas y fue diagnosticado de hígado graso y principio de hepatitis, lo que les obligó a hacer frente a los costes de consulta, análisis y medicación. Eso consumió sus últimos ahorros.
«Air Europa han cancelado los vuelos 5 veces: en marzo, en abril, en mayo, en junio, el que estaba previsto para el 20 de julio y ahora nos dan para el 3 de agosto pero que tampoco es seguro, así que seguimos a la deriva, estamos cansados de que nos cambien los vuelos», se queja Kevin.
«Mi padre», expone este madrileño con amigos en Tenerife, «llegó a Ecuador en diciembre pasado, mi madre y mi hermano a finales de febrero y yo el 9 de marzo, cuando no había estado de alarma en España, al menos el Gobierno español dijo que los casos estaban controlados; pero a la semana de llegar a Guayaquil se decretó el estado de alarma en España y los vuelos empezaron a cancelarse».

No pudieron acogerse a los vuelos de repatriación que fletó el Gobierno español porque les cobraban un nuevo dinero que ya no tenían. «Uno costaba 400 dólares por personas y otro 500, no teníamos opción de pagarlos a plazos», se lamenta Kevin.
De Ecuador salieron vuelos en abril «con agencias privadas con aviones alquilados a Air Europa y vendían el billete a 950 dólares y 1.150 dólares por persona».
La pandemia en Ecuador ha sido también dura para ellos. Allí se han contagiado más de 61.000 personas y más de 4.700 personas han muerto, en cifras que, como en muchos países, hay que tomar con cautela porque no se contabilizan todos los casos.
«En Guayaquil la situación se puso turbia, empezaban a morir a diario personas en la zona donde vivimos; fue duro porque veíamos pasar los camiones con los ataúdes, nos impactó mucho», confiesa Kevin.
Su único deseo y el de su familia es regresar a España, y no entiende por qué en estas circunstancias se les ha cobrado una cantidad extra si eran vuelos de repatriación.
Su situación a día de hoy es desesperada. En España la situación económica es crítica también, pero aquí está su hogar y el único trabajo que tiene la familia. Ahora están a la deriva, al límite, y si no vuelven pronto su economía se hundirá de forma definitiva. Su ánimo ya empieza a doblegarse.
«Espero que el Gobierno español o cualquier persona que pueda ayudarnos haga algo por nosotros si lee esta noticia porque no hemos encontrado otra manera», concluye Kevin.






















































