Si caminas por una playa de arena sientes como dejas huella a tu paso. El mundo se desploma ligeramente con la fuerza de tu pisada. Esa fuerza es la que en pequeñas dosis nos recuerda que pertenecemos a la tierra que surcamos. Agustín camina por esa playa. En la tele será un número, un canario que partió debido a la pandemia que no mata; eso discuten los que aún pueden pisar la playa, que no mata, eso quieren demostrar a los enfermos. A los que dan su último adiós a un fallecido la vida les regala el don de la realidad. La sencillez de aprender de lo que se vive: esto sí está pasando, lo veo con mis propios ojos y es brutalmente esclarecedor. La vida y la muerte son conceptos tan sencillos que se ven desde muy lejos, pese a tener dudas sobre quién debe cuidarnos en nuestro país o en nuestras islas. El cariño y el llanto por los que ya no están es más visible para quienes lo sufren que un faro, como el del Porís de Abona en Tenerife, que cada vez que lo miro pienso que en cada calle de cada pueblo y de cada ciudad debería haber un faro tan alto y tan visible que avise a los ciudadanos de que miren bien hacia adelante porque en la sencilla prudencia de cuidarse se halla la supervivencia. Ese magistral arte que practica la gente sencilla para no chocar con lo que tienen delante.
Si caminas por una playa de arena sientes como dejas huella a tu paso. El mundo se desploma ligeramente con la fuerza de tu pisada. Esa fuerza es la que en pequeñas dosis nos recuerda que pertenecemos a la tierra que surcamos. Agustín camina por esa playa. En la tele será un número, un canario que partió debido a la pandemia que no mata; eso discuten los que aún pueden pisar la playa, que no mata, eso quieren demostrar a los enfermos. A los que dan su último adiós a un fallecido la vida les regala el don de la realidad. La sencillez de aprender de lo que se vive: esto sí está pasando, lo veo con mis propios ojos y es brutalmente esclarecedor. La vida y la muerte son conceptos tan sencillos que se ven desde muy lejos, pese a tener dudas sobre quién debe cuidarnos en nuestro país o en nuestras islas. El cariño y el llanto por los que ya no están es más visible para quienes lo sufren que un faro, como el del Porís de Abona en Tenerife, que cada vez que lo miro pienso que en cada calle de cada pueblo y de cada ciudad debería haber un faro tan alto y tan visible que avise a los ciudadanos de que miren bien hacia adelante porque en la sencilla prudencia de cuidarse se halla la supervivencia. Ese magistral arte que practica la gente sencilla para no chocar con lo que tienen delante.
Si caminas por una playa de arena sientes como dejas huella a tu paso. El mundo se desploma ligeramente con la fuerza de tu pisada. Esa fuerza es la que en pequeñas dosis nos recuerda que pertenecemos a la tierra que surcamos. Agustín camina por esa playa. En la tele será un número, un canario que partió debido a la pandemia que no mata; eso discuten los que aún pueden pisar la playa, que no mata, eso quieren demostrar a los enfermos. A los que dan su último adiós a un fallecido la vida les regala el don de la realidad. La sencillez de aprender de lo que se vive: esto sí está pasando, lo veo con mis propios ojos y es brutalmente esclarecedor. La vida y la muerte son conceptos tan sencillos que se ven desde muy lejos, pese a tener dudas sobre quién debe cuidarnos en nuestro país o en nuestras islas. El cariño y el llanto por los que ya no están es más visible para quienes lo sufren que un faro, como el del Porís de Abona en Tenerife, que cada vez que lo miro pienso que en cada calle de cada pueblo y de cada ciudad debería haber un faro tan alto y tan visible que avise a los ciudadanos de que miren bien hacia adelante porque en la sencilla prudencia de cuidarse se halla la supervivencia. Ese magistral arte que practica la gente sencilla para no chocar con lo que tienen delante.
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