VICENTE PÉREZ
Perdió la mitad de sus propiedades en la reciente erupción volcánica de La Palma y ahora lucha por que una obra pública no le quite parte de la otra mitad, una platanera que es para él la riqueza de su vida. A sus 81 años, Francisco Estaban Gómez Acosta, vecino de Tazacorte, se le está haciendo todo cuesta arriba cuando menos se lo esperaba, pues no son infortunios de la salud ni de la edad.
La futura carretera de la costa es una vía tramitada por procedimiento de emergencia y con 40 millones de coste, financiada por el Gobierno estatal, que pasará por un auténtico mar de plataneras en uno de sus tramos. Conectará el norte y el Sur del valle de Aridane, desconectado tras la erupción, si bien entre La Laguna y Las Norias ya se está trazada una vía que podría cumplir esa función, según los vecinos afectados por las expropiaciones. Y aunque el Gobierno canario ha logrado el consenso de las administraciones públicas palmeras para el trazado de la vía costera, una plataforma de afectados, en la que está Francisco, se está movilizando para cambiar su recorrido en Tazacorte.
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«El volcán me quito la mitad de mi fortuna y ahora la otra me la quieren quitar para esta carretera; no me han dejado ni respirar del volcán», se lamenta este hombre en la plaza de Marina, junto a otros miembros de la plataforma, ataviado con una gorra de marino con la inscripción de «Venezia». Y sin duda para estas personas este barrio y su impresionante paisaje verde de plataneras es una Venecia.
Critica Francisco que los políticos «dijeron que nos iban a ayudar a todos, pero a mi no me han dado un duro». «La lava me quitó dos fanegadas y media, pero no he recibido nada por la pérdida de estas plataneras, que valían entre 700.000 y 800.000 euros; así que si me dan 100 euros yo estaría hasta contento, porque no espero ya nada», confiesa.
Antes de la erupción en Cumbre Vieja tenía a dos trabajadores empleados en sus explotaciones agrícolas, pero ahora solo ha podido continuar con uno. «Me queda unos fisquitos de tierra en Tazacorte, pero no me da», explica, cariacontecido.

Con una ya controlada pesadumbre de quien siente la impotencia ante la fuerza de la naturaleza, relata que perdió una casa con dos apartamentos y unas huertas en el barrio de Todoque, totalmente desaparecido bajo la lava, y apostilla con resignación que no tenía esas propiedades aseguradas.
Ni en estas circunstancias le seduce el dinero que le darían por expropiar las plataneras que le respetó el volcán para esta carretera: «De ese dinero que me darían la mitad se lo llevaría Hacienda, pues hasta esa desgracia nos ponen».

Preguntado si espera ayuda económica para reconstruir sus plataneras sobre la lava, su respuesta es realista: «Para la edad mía no está eso; tengo hijos pero tienen su vida hecha y no continuarán cultivando plátanos; y yo volver a hacer las fincas, con 81 años, ¿cómo voy a afrontar eso, buscar la tierra para construir las huertas sobre la lava; además eso es carísimo, y para mí más, que yo sé lo que es eso porque trabajé dos fincas».
Así que ahora, el sueño de Francisco, es no perder las tierras que le quedan por un proyecto con el que ya tiene pesadillas, pues todo el vecindario de La Marina teme que en cualquier momento las excavadoras y las palas irrumpan en su mar de plátanos, ya diezmado por los ríos de lava.























































