Mi padre me falta desde 2013. Acuñaba frases tales como «En política, no se puede ser del Madrid y del Barcelona al mismo tiempo»; «si pienso en el terrorismo, veo que la democracia se come a la democracia»; «no me pida milagros y cierre la puerta por fuera», «se cae de boca y se queda pastando»; «que me pidas un préstamo para comprar Reyes significa que no sabes lo que es estar sin dinero» … y mil perlas más que dejaba boquiabierto a más de uno, que despistado ante un director de oficina bancaria que era tan sincero como no lo era el sistema en el que se movía, y dejaba en un parón metal momentáneo al cliente, el cual no sabía que el señor que le tocó enfrente hablaba así porque arrancó desde abajo, desde el principio, con las enseñanzas de una familia humilde. Me decía que la lealtad lo era todo, «ser cofrade» lo llamaba, era su sinónimo de sinceridad. En medio de las críticas a las negativas de préstamo, nadie sabía tampoco que sacó una oposición sin padrino y que trabajando con la seriedad del que busca encontrar una vida mejor a la que conoce, se vio tras años de duro trabajo en la tesitura de ganar dinero vendiendo con una sonrisa soluciones caras a pequeños problemas o por el contrario, dando grandes consejos gratuitos que invitaban a reflexionar. Eso no se lo agradecieron nunca. Ni unos ni otros, pero hizo ganar dinero a su empresa y evitó que más de uno cayera en un agujero negro por tener un apuro. Puro balanceo. Era más serio que el presidente de su banco.»Un banco es un gran negocio sin necesidad de llegar a ser usurero», eso me dijo un día. Estábamos en El Tocuyo, emblemático bar lagunero que suaviza tus problemas con tomates aliñados, jamón serrano, vino y un ruido continuo de fondo que hace que prestes especial atención a quien te habla cara a cara. No le contesté, tenía 20 años, no sabía de lo que me hablaba. Ahora con 43, sé que estaba asistiendo a una clase maestra sobre supervivencia económica y honestidad a todo riesgo. En su ADN, además de superviviente y ganador de una nueva vida gracias al esfuerzo de no engañar a nadie, soñó con ser periodista en su juventud, antes de entender que la vida se juega con las cartas que te tocan, no con las que te hubieran gustado que te tocaran, me lo dijo varias veces, y aunque la vida lo llevó por otro camino que aceptó y recorrió con ganas y lleno de dignidad tratando de ayudar a la gente que se le sentaba enfrente, era de los pocos que recordaban que financiar proyectos era cambiar el destino de una persona, eso consiguió que trabajara 40 años en lo mismo. Así que concluyo que buscaba el equilibrio de un trapecista, y conseguir contentar a todos. Lo curioso es que se despeñó muchas veces y otras acertó, pero lejos de huir de sus responsabilidades, finalizó una carrera de décadas con más éxitos que fracasos enseñando a la gente en voz baja que la prudencia es amiga del bienestar, y transfiriendo a casa la suerte que es tener un plato de potaje delante todos los días, porque con cierto susto venía todos los días palpando lo que en la calle ocurría; había gente con la soga económica al cuello a cada momento… Y tampoco se extrañaba demasiado, desde el principio sabía que todo en esta vida cuesta muchísimo, y que el riesgo es la primera opción del desesperado… Incidir en que en todos los estamentos sociales habitan ángeles y demonios, encontrarlos es cuestión de suerte. La única oportunidad que tenemos de recibir ayuda es ir siempre de frente; así nos reconocerán fácilmente. No podemos hacer otra cosa.
Mi padre me falta desde 2013. Acuñaba frases tales como «En política, no se puede ser del Madrid y del Barcelona al mismo tiempo»; «si pienso en el terrorismo, veo que la democracia se come a la democracia»; «no me pida milagros y cierre la puerta por fuera», «se cae de boca y se queda pastando»; «que me pidas un préstamo para comprar Reyes significa que no sabes lo que es estar sin dinero» … y mil perlas más que dejaba boquiabierto a más de uno, que despistado ante un director de oficina bancaria que era tan sincero como no lo era el sistema en el que se movía, y dejaba en un parón metal momentáneo al cliente, el cual no sabía que el señor que le tocó enfrente hablaba así porque arrancó desde abajo, desde el principio, con las enseñanzas de una familia humilde. Me decía que la lealtad lo era todo, «ser cofrade» lo llamaba, era su sinónimo de sinceridad. En medio de las críticas a las negativas de préstamo, nadie sabía tampoco que sacó una oposición sin padrino y que trabajando con la seriedad del que busca encontrar una vida mejor a la que conoce, se vio tras años de duro trabajo en la tesitura de ganar dinero vendiendo con una sonrisa soluciones caras a pequeños problemas o por el contrario, dando grandes consejos gratuitos que invitaban a reflexionar. Eso no se lo agradecieron nunca. Ni unos ni otros, pero hizo ganar dinero a su empresa y evitó que más de uno cayera en un agujero negro por tener un apuro. Puro balanceo. Era más serio que el presidente de su banco.»Un banco es un gran negocio sin necesidad de llegar a ser usurero», eso me dijo un día. Estábamos en El Tocuyo, emblemático bar lagunero que suaviza tus problemas con tomates aliñados, jamón serrano, vino y un ruido continuo de fondo que hace que prestes especial atención a quien te habla cara a cara. No le contesté, tenía 20 años, no sabía de lo que me hablaba. Ahora con 43, sé que estaba asistiendo a una clase maestra sobre supervivencia económica y honestidad a todo riesgo. En su ADN, además de superviviente y ganador de una nueva vida gracias al esfuerzo de no engañar a nadie, soñó con ser periodista en su juventud, antes de entender que la vida se juega con las cartas que te tocan, no con las que te hubieran gustado que te tocaran, me lo dijo varias veces, y aunque la vida lo llevó por otro camino que aceptó y recorrió con ganas y lleno de dignidad tratando de ayudar a la gente que se le sentaba enfrente, era de los pocos que recordaban que financiar proyectos era cambiar el destino de una persona, eso consiguió que trabajara 40 años en lo mismo. Así que concluyo que buscaba el equilibrio de un trapecista, y conseguir contentar a todos. Lo curioso es que se despeñó muchas veces y otras acertó, pero lejos de huir de sus responsabilidades, finalizó una carrera de décadas con más éxitos que fracasos enseñando a la gente en voz baja que la prudencia es amiga del bienestar, y transfiriendo a casa la suerte que es tener un plato de potaje delante todos los días, porque con cierto susto venía todos los días palpando lo que en la calle ocurría; había gente con la soga económica al cuello a cada momento… Y tampoco se extrañaba demasiado, desde el principio sabía que todo en esta vida cuesta muchísimo, y que el riesgo es la primera opción del desesperado… Incidir en que en todos los estamentos sociales habitan ángeles y demonios, encontrarlos es cuestión de suerte. La única oportunidad que tenemos de recibir ayuda es ir siempre de frente; así nos reconocerán fácilmente. No podemos hacer otra cosa.
Mi padre me falta desde 2013. Acuñaba frases tales como «En política, no se puede ser del Madrid y del Barcelona al mismo tiempo»; «si pienso en el terrorismo, veo que la democracia se come a la democracia»; «no me pida milagros y cierre la puerta por fuera», «se cae de boca y se queda pastando»; «que me pidas un préstamo para comprar Reyes significa que no sabes lo que es estar sin dinero» … y mil perlas más que dejaba boquiabierto a más de uno, que despistado ante un director de oficina bancaria que era tan sincero como no lo era el sistema en el que se movía, y dejaba en un parón metal momentáneo al cliente, el cual no sabía que el señor que le tocó enfrente hablaba así porque arrancó desde abajo, desde el principio, con las enseñanzas de una familia humilde. Me decía que la lealtad lo era todo, «ser cofrade» lo llamaba, era su sinónimo de sinceridad. En medio de las críticas a las negativas de préstamo, nadie sabía tampoco que sacó una oposición sin padrino y que trabajando con la seriedad del que busca encontrar una vida mejor a la que conoce, se vio tras años de duro trabajo en la tesitura de ganar dinero vendiendo con una sonrisa soluciones caras a pequeños problemas o por el contrario, dando grandes consejos gratuitos que invitaban a reflexionar. Eso no se lo agradecieron nunca. Ni unos ni otros, pero hizo ganar dinero a su empresa y evitó que más de uno cayera en un agujero negro por tener un apuro. Puro balanceo. Era más serio que el presidente de su banco.»Un banco es un gran negocio sin necesidad de llegar a ser usurero», eso me dijo un día. Estábamos en El Tocuyo, emblemático bar lagunero que suaviza tus problemas con tomates aliñados, jamón serrano, vino y un ruido continuo de fondo que hace que prestes especial atención a quien te habla cara a cara. No le contesté, tenía 20 años, no sabía de lo que me hablaba. Ahora con 43, sé que estaba asistiendo a una clase maestra sobre supervivencia económica y honestidad a todo riesgo. En su ADN, además de superviviente y ganador de una nueva vida gracias al esfuerzo de no engañar a nadie, soñó con ser periodista en su juventud, antes de entender que la vida se juega con las cartas que te tocan, no con las que te hubieran gustado que te tocaran, me lo dijo varias veces, y aunque la vida lo llevó por otro camino que aceptó y recorrió con ganas y lleno de dignidad tratando de ayudar a la gente que se le sentaba enfrente, era de los pocos que recordaban que financiar proyectos era cambiar el destino de una persona, eso consiguió que trabajara 40 años en lo mismo. Así que concluyo que buscaba el equilibrio de un trapecista, y conseguir contentar a todos. Lo curioso es que se despeñó muchas veces y otras acertó, pero lejos de huir de sus responsabilidades, finalizó una carrera de décadas con más éxitos que fracasos enseñando a la gente en voz baja que la prudencia es amiga del bienestar, y transfiriendo a casa la suerte que es tener un plato de potaje delante todos los días, porque con cierto susto venía todos los días palpando lo que en la calle ocurría; había gente con la soga económica al cuello a cada momento… Y tampoco se extrañaba demasiado, desde el principio sabía que todo en esta vida cuesta muchísimo, y que el riesgo es la primera opción del desesperado… Incidir en que en todos los estamentos sociales habitan ángeles y demonios, encontrarlos es cuestión de suerte. La única oportunidad que tenemos de recibir ayuda es ir siempre de frente; así nos reconocerán fácilmente. No podemos hacer otra cosa.
Mi padre me falta desde 2013. Acuñaba frases tales como «En política, no se puede ser del Madrid y del Barcelona al mismo tiempo»; «si pienso en el terrorismo, veo que la democracia se come a la democracia»; «no me pida milagros y cierre la puerta por fuera», «se cae de boca y se queda pastando»; «que me pidas un préstamo para comprar Reyes significa que no sabes lo que es estar sin dinero» … y mil perlas más que dejaba boquiabierto a más de uno, que despistado ante un director de oficina bancaria que era tan sincero como no lo era el sistema en el que se movía, y dejaba en un parón metal momentáneo al cliente, el cual no sabía que el señor que le tocó enfrente hablaba así porque arrancó desde abajo, desde el principio, con las enseñanzas de una familia humilde. Me decía que la lealtad lo era todo, «ser cofrade» lo llamaba, era su sinónimo de sinceridad. En medio de las críticas a las negativas de préstamo, nadie sabía tampoco que sacó una oposición sin padrino y que trabajando con la seriedad del que busca encontrar una vida mejor a la que conoce, se vio tras años de duro trabajo en la tesitura de ganar dinero vendiendo con una sonrisa soluciones caras a pequeños problemas o por el contrario, dando grandes consejos gratuitos que invitaban a reflexionar. Eso no se lo agradecieron nunca. Ni unos ni otros, pero hizo ganar dinero a su empresa y evitó que más de uno cayera en un agujero negro por tener un apuro. Puro balanceo. Era más serio que el presidente de su banco.»Un banco es un gran negocio sin necesidad de llegar a ser usurero», eso me dijo un día. Estábamos en El Tocuyo, emblemático bar lagunero que suaviza tus problemas con tomates aliñados, jamón serrano, vino y un ruido continuo de fondo que hace que prestes especial atención a quien te habla cara a cara. No le contesté, tenía 20 años, no sabía de lo que me hablaba. Ahora con 43, sé que estaba asistiendo a una clase maestra sobre supervivencia económica y honestidad a todo riesgo. En su ADN, además de superviviente y ganador de una nueva vida gracias al esfuerzo de no engañar a nadie, soñó con ser periodista en su juventud, antes de entender que la vida se juega con las cartas que te tocan, no con las que te hubieran gustado que te tocaran, me lo dijo varias veces, y aunque la vida lo llevó por otro camino que aceptó y recorrió con ganas y lleno de dignidad tratando de ayudar a la gente que se le sentaba enfrente, era de los pocos que recordaban que financiar proyectos era cambiar el destino de una persona, eso consiguió que trabajara 40 años en lo mismo. Así que concluyo que buscaba el equilibrio de un trapecista, y conseguir contentar a todos. Lo curioso es que se despeñó muchas veces y otras acertó, pero lejos de huir de sus responsabilidades, finalizó una carrera de décadas con más éxitos que fracasos enseñando a la gente en voz baja que la prudencia es amiga del bienestar, y transfiriendo a casa la suerte que es tener un plato de potaje delante todos los días, porque con cierto susto venía todos los días palpando lo que en la calle ocurría; había gente con la soga económica al cuello a cada momento… Y tampoco se extrañaba demasiado, desde el principio sabía que todo en esta vida cuesta muchísimo, y que el riesgo es la primera opción del desesperado… Incidir en que en todos los estamentos sociales habitan ángeles y demonios, encontrarlos es cuestión de suerte. La única oportunidad que tenemos de recibir ayuda es ir siempre de frente; así nos reconocerán fácilmente. No podemos hacer otra cosa.






















































