VICENTE PÉREZ
La población infantil que ya tenía trastornos del comportamiento antes del estado de alarma es la que más está sufriendo las consecuencias del confinamiento obligatorio en casa desde hace dos meses por la pandemia. Y los niños no serán ajenos tampoco a las consecuencias que tenga en los adultos la crisis económica generada por el coronavirus Covid-19.
PLANETA CANARIO ha entrevistado de manera telemática al psiquiatra infantil Pedro Javier Rodríguez Hernández, para conocer de qué manera puede estar afectado a los niños toda anómala situación sin precedentes en sus cortas vidas pero también para toda la sociedad (acaso solo los más ancianos la comparen con ya muy lejanas épocas postbélicas).
«Cuando los padres no están bien, los hijos tampoco, y puede desembocar en depresión», advierte este especialista del Hospital de Día Infantil y Juvenil Diego Matías Guigou y Costa, perteneciente al Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria.
Pedro Javier Roríguez es además, es vicepresidente del Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife y dirige la Fundación Médicos de Tenerife. Ha formado parte de un grupo asesor del Ministerio de Sanidad como miembro de la Comisión Nacional de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. Cuenta en su haber con 14 premios de investigación.
La salud mental sigue siendo asignatura pendiente en la Sanidad pública y para este psiquiatra resulta además «una vergüenza que Canarias sea la única comunidad autónoma en la que no existe Atención Temprana dentro del Servicio Canario de Salud», pese que es el principal tratamiento para el autismo, si bien aplaude que «en los últimos meses parece que se han puesto las pilas con este tema».
¿Cómo explicarle a un niño lo que está ocurriendo con esta pandemia?
«A los adolescentes se les puede explicar mediante la información real de lo que está ocurriendo, si bien es importante seleccionar para descartar los bulos y noticias falsas, que por desgracia no son una excepción. El empleo de metáforas es útil entre los 6 y 12 años. Por ejemplo, ‘si nos quedamos en casa nos llenamos de energía como superman y podemos vencer una enfermedad que está en la calle’. Por debajo de los 6 años se debe recurrir a cuentos acompañados de dibujos (en Internet hay disponibles una gran cantidad de ellos)».
¿Cómo puede afectar a los niños desde una perspectiva psiquiátrica esta situación, el estar tanto tiempo en casa?
«Depende del niño. En general, se ha observado una relativa estabilidad en la presencia de síntomas psicológicos. Incluso se comenta que los adultos lo han pasado peor. No obstante, en las últimas semanas, se ha detectado un incremento de familias que consultan por mayor dificultad para hacer la tarea, más rebeldía y otros problemas no importantes pero que generan pequeños conflictos en la convivencia diaria».
¿Cómo ha podido afectar a los niños con trastornos del comportamiento este largo confinamiento?
«Con respecto a los niños que ya tenían dificultades conductuales antes del estado de alarma, el comportamiento ha ido empeorando progresivamente en muchos casos. Desde salud mental hemos tenido que intervenir en situaciones de urgencia por violencia o conflictos graves, incluso con tratamientos farmacológicos».
¿Esta situación puede causar traumas a los niños a corto, medio y largo plazo?
«Según la edad. Es peor en las edades medias (6-12 años) y adolescentes. Si la familia ha establecido una adecuada rutina y seguido las recomendaciones que desde muchas asociaciones se han establecido al efecto (por ejemplo las de la Asociación Española de Pediatría que figuran en la web en familia, elaboradas por la doctora Azucena Díez de la Clínica Universidad de Navarra), no tienen porqué existir traumas. También depende del temperamento del niño. Los más nerviosos o ansiosos tienen más probabilidad de desarrollar un síndrome de estrés postraumático».
¿Cuáles son los niños más afectados por esta situación?
«Sin duda alguna los más afectados han sido los niños con un Trastorno del Espectro Autista. Incluso se ha tenido que flexibilizar el confinamiento desde el principio de la alarma para que pudieran salir unos minutos al día. Otros niños que no han estado bien son los diagnosticados de TDAH (niños “hiperactivos”) ya que la elevada impulsividad y exceso de energía es incompatible con la limitación del ejercicio físico».
«Esta ansiedad por la pandemia se convierte en depresión si no se afronta bien»

¿Ha notado en sus consultas de algún modo efectos por esta situación sanitaria, social y económica en sus pacientes?
«Sin duda, sí. La moral de las familias está bajo mínimos. La impotencia que produce el deterioro económico que se avecina afecta especialmente al estado de ánimo. Aunque es un problema de adultos, se trasmite a toda la unidad familiar. Cuando los padres no están bien, los hijos tampoco. Pero cuando no se ve que pueda mejorar, todo se complica mucho más»
En ese sentido, ¿cómo puede influir en la salud mental de los niños los problemas económicos de sus padres? ¿Las crisis económicas también deprimen a los menores?
«Influye, desde luego. Si los adultos estamos preocupados y afectados por la evolución de la economía por no poder, por ejemplo, pagar una hipoteca, el nivel de ansiedad aumenta y el ánimo decae y puede llegar a desarrollarse una depresión. Tenemos la mente en otro planeta, en estos momentos en que el confinamiento hace que lo adecuado sea prestar más atención a los niños».
¿Cómo ha influido el estado de alarma en su trabajo habitual como psiquiatra infantil?
«Hemos tenido que suspender las consultas no urgentes. Muchas intervenciones se están realizando a través de teléfono y correo electrónico. También hemos adaptado los protocolos para que las consultas sean seguras, con medidas higiénicas y limitación en los acompañantes. Por último, estamos realizando un importante esfuerzo en la coordinación con los pediatras y otros profesionales y en la preparación de una previsible avalancha de consultas cuando termine el confinamiento»
¿Cómo deben actuar un padre y una madre si su hijo tiene problemas mentales en una situación como esta?
«Lo principal es mantener el contacto con su profesional de referencia. Muchos pacientes con problemas mentales y enfermedades de todo tipo han dejado de acudir a consultas, a acudir a urgencias cuando se sienten mal o a informar de la evolución de sus síntomas al desconocer que sanidad mantiene todos los dispositivos activos y vigilantes».
Con relación a los adultos, ¿se prevé un aumento de depresiones y otras patologías mentales por la crisis del coronavirus?
«Seguro. Ya se está viendo un aumento de la sintomatología ansiosa de todo tipo, desde trastorno de pánico a las fobias. La agorafobia (miedo o fobia a salir de casa) ha aumentado mucho porque el miedo al contagio la alimenta. A medio plazo, esa ansiedad mantenida se convierte fácilmente en depresión si no se afronta adecuadamente. No hay que olvidar consultar cuando esos síntomas ansiosos, que pueden ser normales en la situación actual, se hacen tan grandes que interfieren con el día a día de la persona».
La salud mental ha sido tradicionalmente la asignatura pendiente de la Sanidad pública. ¿Cómo está la situación en la actualidad en ese sentido?
«Desgraciadamente, sigue en estado pendiente. En salud mental de niños y adolescentes, que es lo que más conozco, la situación es aún peor. Faltan recursos, profesionales y no disponemos de una planta de hospitalización de adolescentes con trastornos mentales con lo que se dejan tirados a veces varios días en urgencias. También es una vergüenza que Canarias sea la única Comunidad Autónoma en la que no existe Atención Temprana dentro del Servicio Canario de Salud. La Atención Temprana es el tratamiento principal del trastorno mental infantil más grave, el autismo. En los últimos meses parece que se han puesto las pilas con este tema pero aunque se han creado dos equipos (uno en cada provincia), aún no han empezado a trabajar con los niños. Y esto no se puede tolerar».






















































