VICENTE PÉREZ
La travesía de Lanzarote a La Graciosa es corta pero llena de sensaciones con el mar y el paisaje de los acantilados conejeros y de las redondeadas cimas de la mayor isla del Archipiélago Chinijo.
Los barcos que cubren la ruta salen del pequeño puerto lanzaroteño de Órzola y, luego de atravesar una sola en que a veces lidian con los vaivenes del Atlántico, se adentran en El Río, el brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa, donde las aguas suelen estar remansadas.
Allí se puede contemplar los altos acantilados de El Risco, coronados por el famoso mirador diseñado por César Manrique, mientras La Graciosa se aproxima a la vista con su blanca arquitectura de origen marinero.
Las embarcaciones (hay varias líneas que cubren regularmente el trayecto) arriban a Caleta de Sebo, un pueblo graciosero que ha cambiado en las últimas décadas, pero que, pese a algunos problemas derivados del crecimiento urbanístico, mantiene su encanto blanco y de calles de arena, y que será objeto de otro video en PLANETA CANARIO dentro de la serie Paisajes de Canarias. En este también mostramos el viaje de regreso a Lanzarote, que el atardecer hace de los monumentales paredones del norte de Lanzarote una especie de lienzo de César Manrique.
VICENTE PÉREZ
La travesía de Lanzarote a La Graciosa es corta pero llena de sensaciones con el mar y el paisaje de los acantilados conejeros y de las redondeadas cimas de la mayor isla del Archipiélago Chinijo.
Los barcos que cubren la ruta salen del pequeño puerto lanzaroteño de Órzola y, luego de atravesar una sola en que a veces lidian con los vaivenes del Atlántico, se adentran en El Río, el brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa, donde las aguas suelen estar remansadas.
Allí se puede contemplar los altos acantilados de El Risco, coronados por el famoso mirador diseñado por César Manrique, mientras La Graciosa se aproxima a la vista con su blanca arquitectura de origen marinero.
Las embarcaciones (hay varias líneas que cubren regularmente el trayecto) arriban a Caleta de Sebo, un pueblo graciosero que ha cambiado en las últimas décadas, pero que, pese a algunos problemas derivados del crecimiento urbanístico, mantiene su encanto blanco y de calles de arena, y que será objeto de otro video en PLANETA CANARIO dentro de la serie Paisajes de Canarias. En este también mostramos el viaje de regreso a Lanzarote, que el atardecer hace de los monumentales paredones del norte de Lanzarote una especie de lienzo de César Manrique.
VICENTE PÉREZ
La travesía de Lanzarote a La Graciosa es corta pero llena de sensaciones con el mar y el paisaje de los acantilados conejeros y de las redondeadas cimas de la mayor isla del Archipiélago Chinijo.
Los barcos que cubren la ruta salen del pequeño puerto lanzaroteño de Órzola y, luego de atravesar una sola en que a veces lidian con los vaivenes del Atlántico, se adentran en El Río, el brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa, donde las aguas suelen estar remansadas.
Allí se puede contemplar los altos acantilados de El Risco, coronados por el famoso mirador diseñado por César Manrique, mientras La Graciosa se aproxima a la vista con su blanca arquitectura de origen marinero.
Las embarcaciones (hay varias líneas que cubren regularmente el trayecto) arriban a Caleta de Sebo, un pueblo graciosero que ha cambiado en las últimas décadas, pero que, pese a algunos problemas derivados del crecimiento urbanístico, mantiene su encanto blanco y de calles de arena, y que será objeto de otro video en PLANETA CANARIO dentro de la serie Paisajes de Canarias. En este también mostramos el viaje de regreso a Lanzarote, que el atardecer hace de los monumentales paredones del norte de Lanzarote una especie de lienzo de César Manrique.
VICENTE PÉREZ
La travesía de Lanzarote a La Graciosa es corta pero llena de sensaciones con el mar y el paisaje de los acantilados conejeros y de las redondeadas cimas de la mayor isla del Archipiélago Chinijo.
Los barcos que cubren la ruta salen del pequeño puerto lanzaroteño de Órzola y, luego de atravesar una sola en que a veces lidian con los vaivenes del Atlántico, se adentran en El Río, el brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa, donde las aguas suelen estar remansadas.
Allí se puede contemplar los altos acantilados de El Risco, coronados por el famoso mirador diseñado por César Manrique, mientras La Graciosa se aproxima a la vista con su blanca arquitectura de origen marinero.
Las embarcaciones (hay varias líneas que cubren regularmente el trayecto) arriban a Caleta de Sebo, un pueblo graciosero que ha cambiado en las últimas décadas, pero que, pese a algunos problemas derivados del crecimiento urbanístico, mantiene su encanto blanco y de calles de arena, y que será objeto de otro video en PLANETA CANARIO dentro de la serie Paisajes de Canarias. En este también mostramos el viaje de regreso a Lanzarote, que el atardecer hace de los monumentales paredones del norte de Lanzarote una especie de lienzo de César Manrique.



















































