VICENTE PÉREZ
Gustavo Pérez, de Coalición Canaria (CC), ha asumido desde este jueves, 1 de julio, la alcaldía del municipio tinerfeño de Güímar, en virtud del pacto con el PSOE tras las elecciones de 2019, por el que se repartieron la alcaldía dos años cada partido. En la primera mitad del mandato el bastón de mando lo ostentó el socialista Airam Puerta.
Tras prometer su cargo, el flamante alcalde asumió el «reto con un compromiso contundente»: dedicarse «las 24 horas al día a su pueblo», y destacó que el relevo en el cargo demuestra que en este mandato «se cumple la palabra dada» en una alcaldía compartido que fue «la mejor decisión para dar estabilidad al Ayuntamiento».

No se quiso andar con rodeos ni dulcificaciones sobre la situación social y económica: «Van a venir años durísimos», sentenció, «esta crisis no se ha ido; el paro subirá; muchos pequeños y medianos empresarios lo están pasando y lo pasarán mal; los usuarios de los servicios sociales demandarán más recursos; nuestros mayores tendrán que volver a sacrificarse para ayudar a hijos y nietos; aumentará la demanda para atender a personas que tienen dificultades; los jóvenes tendrán que agarrarse a la formación y educación; nuestra economía deberá diversificarse, deberemos apoyar a los comerciantes y empresarios; y la sociedad demandará más cultura, deportes y ocio, pero dentro del municipio».
Añadió que trabajará para cubrir «los grandes déficits» de Güímar: licitar y finalizar los contratos de aguas, limpieza y jardines; mejorar la movilidad y los aparcamientos; ayudar a los agricultores y más policías. Para lograrlo, dijo, «no hay superhéroes ni varitas mágicas, sino una gran institución, el Ayuntamiento».

Por su parte, Airam Puerta, en sus palabras de despedida del cargo -aunque continúa en labores de gobierno- hizo balance de las obras realizadas y proyectadas, así como los servicios mejorados, y reconoció que fue una sorpresa ser alcalde y que la prueba de que no iba a cambiar por ello sus principios es que cumple la promesa de dejar el cargo a los dos años. «No poder no nos debe cambiar, no he venido aquí a desdibujarme, sigo siendo el mismo», apostilló.
Confesó que han sido dos años «cortos, muy difíciles» y que la pandemia «no es una excusa» a la hora de hacer balance de su labor, pues «toda persona seria sabe que lo que hemos padecido con el covid hay que respetarlo y tener mucho cuidado con lo que se dice, ha sido algo muy insólito e inexplicable, una situación en la que ha sido muy complicado gobernar».
En el pasado pleno, el último en el que presidió la corporación, ya dirigió unas palabras de despedida y se emocionó y derramó algunas lágrimas.






















































