VICENTE PÉREZ
El exconsejero de Medioambiente del Cabildo de Tenerife -y profesor jubilado de Geografía de la Universidad de La Laguna- Wladimiro Rodríguez Brito ha advertido de que en la prevención de los incendios forestales «se está haciendo un planteamiento equivocado», pues «este riesgo no se resuelve con más hidroaviones ni más helicópteros, sin con una gestión de nuestro monte de otra manera: retirar el combustible, obligar a los dueños de la tierra a labrarla antes de julio y que se limpien los matorrales que rodean las cosas, así como recuperando nuestra agricultura».
De lo contrario, previene de que en Canarias «los incendios nos van a dar disgustos en zonas pobladas» y, de hecho, a su juicio, en el incendio que afecta el norte de Tenerife, la ventaja ha sido que no ha habido viento fuerte, «porque si no habría hecho un desastre». «Lo que nos puede ocurrir es muy serio si mantenemos el nivel de abandono del campo y dejamos que los zarzales y las cañeras lo ocupen todo», insiste.

Con respecto al actual incendio, que ha calcinado 2.700 hectáreas en un perímetro de 27 kilómetros desde Icod a La Orotava, Rodríguez Brito aclara que no quiere hacer críticas que se puedan interpretar como un ataque a la gestión de esta emergencia porque gobiernan en el Cabildo y el Ejecutivo regional otros partidos diferentes al suyo (Coalición Canaria).
No obstante, lamenta que se haya eliminado el servicio de vigilancia en torretas ubicadas en lugares estratégicos del monte, pues de 8 queda 2, «y se pretende vigilar con drones y con satélites» en lugar de hacer con «gente que tenga conocimiento del terreno».
Una de esas torretas estaba precisamente en los altos de San Juan de La Rambla, para vigilar «el mayor pinar de Canarias, que va de Los Realejos a El Tanque, y ahora está en el suelo».
También cuestiona que se haya reubicado al sur de la isla un helicóptero que tenía su base en esa comarca del noroeste. El expolítico y geógrafo, que estuvo muchos al frente de la política medioambiental de Tenerife, recordó que el lugar donde comenzó este incendio «es una zona conflictiva, pues cuando yo estaba en el Cabildo hubo hasta tres conatos al día allí», intencionados.

Otra observación que hace sobre este incendio es que en la zona de Tigaiga existía un cortafuegos que se limpió en la época en que él era consejero de Medioambiente, cortando los pinos insignia, desde la zona de La Fortaleza hasta el Pino Llorón, entrando ya hacia Tigaiga.
«Yo no sé cómo estaba ese cortafuegos la pasada semana, pero sí sé que entró el fuego por la cabecera de ese espacio, por la zona de la Piedra de Los Pastores, en una ladera que es imposible de defender del fuego, y ahí dicen los viejos del lugar que no recuerdan que hubiera entrado anes un incendio de esa manera».
Dicho esto, Rodríguez Brito cree que se ha hecho un buen trabajo para contener el incendio, y opina que probablemente al retroceder el fuego, fue la falta de recursos, para poder atacarlo también en ese lugar, el motivo por el que las llamas pasaron ese cortafuegos sin que hubiera viento, avanzando de oeste a este, lo cual resulta muy curioso».

Pero el gran mensaje que el exconsejero quiere lanzar a la sociedad es que el problema de los incendios forestales no se va a poder resolver «si no creamos las condiciones para que los jóvenes vean que trabajar en el campo es algo digno social y económicamente».
Desde su punto de vista, prohibir que la gente se lleve la pinocha, que hoy no tiene ya una gran demanda por el abandono del sector primario, «resulta un planteamiento romántico urbano, ese idealismo de que el pinocho es necesario para el pino». En realidad, afirma que este material alcanza mucha altura en algunas zonas, y habría suficiente para que la gente pudiera utilizar este recurso y también para que aún quedara una capa para el pinar, con el fin de ayudar a que las lluvias torrenciales empapen el suelo» y no lo erosionen.

En esta línea, sostiene que «debemos tener flexibilidad con los usos tradicionales» pues a los agricultores y ganaderos «se le pide un nivel de papeles burocráticos hasta para llevarse una piñas». «Hemos burocratizado el mundo rural, que se sigue empobreciendo», enfatiza.
Para tratar de revertir esta situación, considera que en Gran Canaria -donde también está el problema de la maleza por todos lados en campos de cultivo abandonados- se están dando pasos positivos tras los tremendos incendios que han tenido en años pasados. «Allí hay más de 30 rebaños en los montes pastando y retirando así combustible, y eso se puede hacer en otras islas también», subraya, por lo que recomienda al Cabildo de Tenerife que también cuente con los pastores y ganaderos con ovejas y cabras para que limpien de vegetación zonas que pueden funcionar de cortafuegos.
Hablando de este tema le viene a la memoria, y no como un buen recuerdo, cuando desde el Cabildo quiso llevar ovejas del pastor Nicomedes a la zona de repoblación forestal de Chimisay, en Candelaria, «y desde la propia Administración pública me hicieron unos informes que decían que había unas hierbas protegidas por allí y no podíamos meter el ganado en esa zona».
Llegados a este punto, se pregunta «cómo podemos justificar haber echado los pastores de la Caldera de Taburiente y luego haber traído a los arruis, o en Tenerife echar los pastores de Las Cañadas y luego metimos los muflones para que los cacen».
El político del PCE, luego de ICAN y finalmente de CC, se lleva las manos a la cabeza cuando observa el matorral que se ha adueñado de zonas como el Valle de Tegueste, el barranco del San Juan en Tacoronte o la zona de San Diego a la Mesa Mota -en La Laguna-, «por poner unos ejemplos de libro» de áreas donde hay un riesgo enorme en caso de que prenda el fuego. Y lo mismo, subraya, pasa en otras islas o comarcas, como entre Mazo y Fuencaliente, en Garafía, las tierras de Mesa de La Guancha… «todo cubierto ahora de matorrales» que parecen verdes pero en realidad arden fácilmente, como los zarzales.






















































