Mi padre solía decir que «el cáncer es eso que le da a los demás y sacarte la lotería es lo que seguro te va a pasar a tí». Tenía una habilidad innata para dejarte fuera de juego con sus reflexiones, las cuales las soltaba más rápido que las meditaba.Es lo que ocurre cuando tu cabeza es más intrépida de lo que a ti te gustaría, una mierda preciosa que también heredó mi hermano, las cosas de Darwin. Algún disgusto placentero le produjo, mi hermano afortunadamente está sano para preservar el legado, y sigue disfrutando. Giro brusco, hablemos de una palabra que está en la primera frase. El cáncer. Ahora toca en la misma puerta otra vez. Suena duro, y eso, con sólo seis letras. Es esa enfermedad que lleva milenios agotando a todos cuantos participan con papel protagonista o secundario; arranca con quien que lo sufre y se expande a las cèlulas del huésped, y de paso agarra a todos los familiares, también huéspedes y los infecta en el ánimo, es la metástasis a distancia por cariño. Eso ocurre cuando acompañas a una persona querida en el proceso de pelea contra el bicho de todos los bichos. Son todos igual de genéricos acojonando y el oncólogo le pone apellido; eso remata el susto. Pero es que lo que se hace, porque es lo que hemos transmitido de generación en generación, aceptamos el fin pero no nos vamos sin batallar. Luchamos tanto como podemos y tratamos de solucionarlo, no pelear ni se contempla, aunque al que baje los brazos nadie le puede recriminar nada. El final de esta historia siempre es incierto, a cada uno le va distinto, va por grupos. Si sigues o estás eliminado. Suena tan mal como parece, pero es así. La reflexión es que se pelea contra la adversidad aunque no tengas ganas, sin pensarlo, es lo que haces porque es lo que tú querrías que hagan por ti, si la persona no puede, lo sustituyes anímicamente tú: la esperanza del enfermo se vacía con el diagnóstico y se llena con la que tiene alrededor. En definitiva, sigue, es lo que debemos decirnos por si ellos se olvidan.
Mi padre solía decir que «el cáncer es eso que le da a los demás y sacarte la lotería es lo que seguro te va a pasar a tí». Tenía una habilidad innata para dejarte fuera de juego con sus reflexiones, las cuales las soltaba más rápido que las meditaba.Es lo que ocurre cuando tu cabeza es más intrépida de lo que a ti te gustaría, una mierda preciosa que también heredó mi hermano, las cosas de Darwin. Algún disgusto placentero le produjo, mi hermano afortunadamente está sano para preservar el legado, y sigue disfrutando. Giro brusco, hablemos de una palabra que está en la primera frase. El cáncer. Ahora toca en la misma puerta otra vez. Suena duro, y eso, con sólo seis letras. Es esa enfermedad que lleva milenios agotando a todos cuantos participan con papel protagonista o secundario; arranca con quien que lo sufre y se expande a las cèlulas del huésped, y de paso agarra a todos los familiares, también huéspedes y los infecta en el ánimo, es la metástasis a distancia por cariño. Eso ocurre cuando acompañas a una persona querida en el proceso de pelea contra el bicho de todos los bichos. Son todos igual de genéricos acojonando y el oncólogo le pone apellido; eso remata el susto. Pero es que lo que se hace, porque es lo que hemos transmitido de generación en generación, aceptamos el fin pero no nos vamos sin batallar. Luchamos tanto como podemos y tratamos de solucionarlo, no pelear ni se contempla, aunque al que baje los brazos nadie le puede recriminar nada. El final de esta historia siempre es incierto, a cada uno le va distinto, va por grupos. Si sigues o estás eliminado. Suena tan mal como parece, pero es así. La reflexión es que se pelea contra la adversidad aunque no tengas ganas, sin pensarlo, es lo que haces porque es lo que tú querrías que hagan por ti, si la persona no puede, lo sustituyes anímicamente tú: la esperanza del enfermo se vacía con el diagnóstico y se llena con la que tiene alrededor. En definitiva, sigue, es lo que debemos decirnos por si ellos se olvidan.
Mi padre solía decir que «el cáncer es eso que le da a los demás y sacarte la lotería es lo que seguro te va a pasar a tí». Tenía una habilidad innata para dejarte fuera de juego con sus reflexiones, las cuales las soltaba más rápido que las meditaba.Es lo que ocurre cuando tu cabeza es más intrépida de lo que a ti te gustaría, una mierda preciosa que también heredó mi hermano, las cosas de Darwin. Algún disgusto placentero le produjo, mi hermano afortunadamente está sano para preservar el legado, y sigue disfrutando. Giro brusco, hablemos de una palabra que está en la primera frase. El cáncer. Ahora toca en la misma puerta otra vez. Suena duro, y eso, con sólo seis letras. Es esa enfermedad que lleva milenios agotando a todos cuantos participan con papel protagonista o secundario; arranca con quien que lo sufre y se expande a las cèlulas del huésped, y de paso agarra a todos los familiares, también huéspedes y los infecta en el ánimo, es la metástasis a distancia por cariño. Eso ocurre cuando acompañas a una persona querida en el proceso de pelea contra el bicho de todos los bichos. Son todos igual de genéricos acojonando y el oncólogo le pone apellido; eso remata el susto. Pero es que lo que se hace, porque es lo que hemos transmitido de generación en generación, aceptamos el fin pero no nos vamos sin batallar. Luchamos tanto como podemos y tratamos de solucionarlo, no pelear ni se contempla, aunque al que baje los brazos nadie le puede recriminar nada. El final de esta historia siempre es incierto, a cada uno le va distinto, va por grupos. Si sigues o estás eliminado. Suena tan mal como parece, pero es así. La reflexión es que se pelea contra la adversidad aunque no tengas ganas, sin pensarlo, es lo que haces porque es lo que tú querrías que hagan por ti, si la persona no puede, lo sustituyes anímicamente tú: la esperanza del enfermo se vacía con el diagnóstico y se llena con la que tiene alrededor. En definitiva, sigue, es lo que debemos decirnos por si ellos se olvidan.
Mi padre solía decir que «el cáncer es eso que le da a los demás y sacarte la lotería es lo que seguro te va a pasar a tí». Tenía una habilidad innata para dejarte fuera de juego con sus reflexiones, las cuales las soltaba más rápido que las meditaba.Es lo que ocurre cuando tu cabeza es más intrépida de lo que a ti te gustaría, una mierda preciosa que también heredó mi hermano, las cosas de Darwin. Algún disgusto placentero le produjo, mi hermano afortunadamente está sano para preservar el legado, y sigue disfrutando. Giro brusco, hablemos de una palabra que está en la primera frase. El cáncer. Ahora toca en la misma puerta otra vez. Suena duro, y eso, con sólo seis letras. Es esa enfermedad que lleva milenios agotando a todos cuantos participan con papel protagonista o secundario; arranca con quien que lo sufre y se expande a las cèlulas del huésped, y de paso agarra a todos los familiares, también huéspedes y los infecta en el ánimo, es la metástasis a distancia por cariño. Eso ocurre cuando acompañas a una persona querida en el proceso de pelea contra el bicho de todos los bichos. Son todos igual de genéricos acojonando y el oncólogo le pone apellido; eso remata el susto. Pero es que lo que se hace, porque es lo que hemos transmitido de generación en generación, aceptamos el fin pero no nos vamos sin batallar. Luchamos tanto como podemos y tratamos de solucionarlo, no pelear ni se contempla, aunque al que baje los brazos nadie le puede recriminar nada. El final de esta historia siempre es incierto, a cada uno le va distinto, va por grupos. Si sigues o estás eliminado. Suena tan mal como parece, pero es así. La reflexión es que se pelea contra la adversidad aunque no tengas ganas, sin pensarlo, es lo que haces porque es lo que tú querrías que hagan por ti, si la persona no puede, lo sustituyes anímicamente tú: la esperanza del enfermo se vacía con el diagnóstico y se llena con la que tiene alrededor. En definitiva, sigue, es lo que debemos decirnos por si ellos se olvidan.






















































