VICENTE PÉREZ
La macrorresidencia de mayores Hogar Santa Rita, en Puerto de la Cruz, es noticia desde hace semanas por el contagio masivo de la Covid-19 entre residentes y parte de su personal. En total 257 personas contagiadas (49 trabajadores y 208 ancianos, de los que 10 ya han fallecido). El centro, intervenido por el Servicio Canario de Salud ante la gravedad de la situación, pertenece a una fundación, acoge en la actualidad a unos 600 mayores y tiene más de 400 empleados.
El director gerente de esta residencia, Tomás Villar, ha negado que se incumplieran las medidas antiCovid-19, desmintiendo así lo que ha denunciado el sindicato UGT en Inspección de Trabajo y ante la Consejería de Sanidad.
«En este centro nos movemos del orden de 1.100 personas al día y llevamos a rajatabla los protocolos y el plan de contingencias desde que comenzó la pandemia, sin que antes de este brote tuviéramos incidencias reseñables; pero desgraciadamente se nos ha colado, por cualquier motivo que igual no se detecta y solo Dios sabrá: un trabajador, una visita…», afirma el responsable de esta residencia en un video divulgado este domingo en la web de esa institución. «Realmente no sabemos por qué se ha introducido el virus, si por fatiga pandémica o por transmisión comunitaria», apostilló.
Frente a las críticas que recibe ahora esta residencia, Villar sostiene que «antes no podíamos ser tan buenos ni tan irregulares ahora, porque lo mismo que hacíamos en meses pasados lo hicimos ahora», cuando se produjo este foco del Covid-19.

En varios vídeos que ha ido divulgando en la web del Hogar Santa Rita y en redes sociales a raíz de este masivo contagio, la dirección del centro ha tratado de negar posibles fallos en las medida antiCovid-19 y de presentar como una medida natural en estos casos la intervención de la gestión sanitaria del centro por parte del Servicio Canario de Salud (SCS), a la que siempre se refiere como una labor de «colaboración» que han agradecido.
«Por ley cuando hay un índice un poco elevado [de la pandemia un centro, tiene que ser intervenido como ayuda sanitaria», describió la intervención del SCS el director gerente, quien además considera que el brote solo ha afectado a «unos pocos» trabajadores (49 de los 440 del centro). «Esta situación puede ser normal en cualquier casa, pero nos ha tocado ahora a nosotros», apuntó, tratando de dar normalidad al complejo momento que vive la entidad.
En el último vídeo, el mensaje de la institución es de que en lugar de recibir ataques y señalar a culpables -en clara alusión a las voces sindicales críticas con la gestión del centro-, todos deben estar unidos ahora para superar esta situación que les ha puesto en el foco de la actualidad.

El Hogar Santa Rita es una descomunal residencia de 110.000 metros cuadrados construida gracias al impulso del padre Antonio, como era conocido el sacerdote, ya fallecido, Antonio María Hernández, quien recabó fondos para hacer realidad este proyecto durante años, en parte vendiendo lo que denominó «trocitos de Cielo».
En otro momento de su intervención en el vídeo divulgado el domingo 20 de diciembre, el responsable de esta residencia destacó que ahora, tras este brote, los ancianos tienen que estar aislados, tengan o no el coronavirus y confinados como en todos los centros de mayores de Tenerife hasta el Año Nuevo, si recibir visitar ni poder salir con sus familiares, debido al endurecimiento de las medidas en la isla por su alta incidencia de la pandemia.
Y en contraste con estas restricciones -que lamentó por las entrañables fechas en que se producen, aunque las consideró necesarias- subrayó que antes del coronavirus en las enormes instalaciones de esta macrorresidencia los ancianos se movían «a su antojo, tienen libertad».
En cada intervención pública Villar subraya que los principios que inspiran la atención a los residentes son humanísticos y cristianos, e incluso describe este lugar como «un paraíso» por el trato humano y ameno que se dispensa a los mayores. Sin embargo, en las últimas semanas, la situación sobrevenida en esta residencia portuense pareciera asimilarse por momentos más a un «infierno» que ya se ha cobrado 10 vidas.






















































