VICENTE PÉREZ
Manuel Zumbado Peña es profesor titular de Toxicología y Veterinaria Forense de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. PLANETA CANARIO lo ha entrevistado para conocer su opinión en torno a la polémica sobre las matanzas de cabras asilvestradas que tiene planificadas el Cabildo de Tenerife para erradicarlas en varios espacios naturales protegidos por sus daños a la flora endémica, y que por el momento solo se han suspendido hasta el 31 de enero, pero no descartado de forma definitiva.
Zumbado es vocal en el Archipiélago de la Asocicación de Veterinarios contra la Tauromaquia y el Maltrato Animal (AVATMA), una asociación integrada por 560 profesionales de toda España. Se trata de uno de los colectivos que ha mostrado su oposición a abatir a tiros a estos animales, y su apoyo a la Red Canaria Solidaria contra el Maltrato Animal, que abandera las críticas contra estas matanzas, y las tacha de inmorales porque sostiene que no se han agotado las posibilidades de métodos que no pasen por la muerte de estos herbívoros.
En el caso los parques rurales de Teno y Anaga a estos herbívoros, el anuncio de estos tiroteos, a fines de octubre, por parte de la consejera insular del Medio Natural, Isabel García, ha causado una gran controversia entre partidarios y detractores de esta opción, al punto de que, tras los primeros disparos en Teno, el Cabildo decidió paralizar esta medida y priorizar capturarlas vivas mediante apañadas con colaboración de los pastores.

El primer aspecto de esta controversia es el daño que la proliferación de cabras y otras especies de rumiantes hace a la flora endémica de Canarias, fenómeno que ocurre en otros muchos lugares del mundo. Ese aspecto ustedes no lo discuten, ¿verdad?
«En principio no hay discusión en cuanto al concepto básico, pero lo que se echa en falta (al menos no tengo la constancia de que exista) es un estudio minucioso sobre el impacto real de estas especies, su número, distribución, especies vegetales afectadas, etc…»
El segundo aspecto es cómo reducir la población de esos rumiantes en espacios naturales protegidos sensibles. Y ahí la postura de ustedes es totalmente contraria a matarlos. ¿Por qué?
«Primero porque no es de recibo y menos para nosotros los veterinarios que se intente resolver un problema generado por el hombre, mediante la matanza indiscriminada de unos animales que lo único que han hecho es intentar sobrevivir en un medio hostil desde que se dejaron abandonados a su suerte. Sus dueños originales ni siquiera en muchos casos intentarían recuperarlos, que sería lo lógico. En segundo lugar, porque dichas alternativas se han revelado ineficaces en territorios similares cercanos, como por ejemplo la isla de Mallorca, donde al igual que en este caso, o como en Gran Canaria, se constató que aparte de la alarma social generada por la forma elegida, se han adoptado otras medidas que con tiempo se han revelado eficaces» (https://www.canarias7.es/siete-islas/gran-canaria/el-numero-de-cabras-asilvestradas-en-guguy-pasa-de-300-a-77-en-solo-un-ano-BC6657636).
¿Qué alternativas, desde un punto de vista científico, hay para su erradicación o control? ¿Es posible solo con apañadas? ¿Qué hacer en lugares de relieve montañoso de difícil acceso?
«Las alternativas deben venir desde un estudio conjunto de todas las partes implicadas, intentando que sea lo menos lesiva para los animales. De hecho, hay incluso empresas que pueden exponer el planteamiento que usan para poner remedio a la situación generada por estos animales (https://www.falconguardian.es/cabras.html). Muchas veces, las prisas generadas por la lentitud en tomar medidas (esto no es un problema surgido de improviso según vemos en noticias de hace años) (https://www.ecologistasenaccion.org/32393/espacios-naturales-de-tenerife-amenazados-por-las-cabras-asilvestradas/), provocan una toma de decisiones abruptas que pudieran no ser las más convenientes ni eficaces».

¿Cree usted que el factor ético o moral es la clave de este asunto? Algunos portavoces ecologistas se quejan de que se identifique su postura como una falta de moral o de ética, afirman que esto es una cuestión puramente científica, y que los informes técnicos – normalmente de biólogos – no dejan lugar a dudas sobre que hay que erradicar las cabras en determinados lugares o nos quedamos sin flora endémica.
«La moral o ética es propia de cada persona y cada uno sabrá si actúa conforme a un criterio racional. Aquí se trata de intentar resolver un problema desde un punto de vista científico aplicando la razón, hay que intentar por parte de todos los implicados llegar a un consenso y cuando surge la controversia entre partes, está claro que no se está intentando resolver el problema de la manera adecuada».
Este asunto no surge solo en Canarias. ¿Cómo se ha resuelto esta controversia en otros lugares de España y del extranjero? Los defensores de cazar las cabras ponen como ejemplo las Galápagos, donde se han matado en 5 años cerca de 70.000 cabras salvajes.
«Como dije antes, en zonas insulares parecidas como Mallorca también se optó inicialmente por la muerte de los animales, mientras que hoy en día se trabaja en buscar e implementar medios que no penalicen, en este caso con la muerte, a animales que no han buscado estar en esta situación. En cuanto al tema de lo sucedido en Galápagos, sin conocer a fondo el asunto salvo por lo que se ve en el proyecto (http://www.hear.org/galapagos/invasoras/temas/manejo/vertebrados/proyectos/pi.htm; https://www.galapagos.org/conservation/our-work/ecosystem-restoration/project-isabela/) vemos que se tomó una decisión contundente para resolver un problema acrecentado por la dejadez de todos los estamentos implicados, al igual que la que estamos viendo ahora en nuestras islas, pero creo que a una escala que supera con mucho lo que sucede en nuestro ámbito».
¿Ser ecologista o ecólogo y defender la muerte de animales a tiros a manos de seres humanos plantea para usted alguna contradicción que sin embargo para muchos ecologistas no lo es, pues alegan que sin equilibrio biológico no hay naturaleza?
«Yo no me puedo meter en la cabeza de nadie para ver sus contradicciones, yo como veterinario tengo un deber prioritario según mi ética profesional y es salvaguardar la salud animal. Solo cuando no hubiera ninguna posibilidad de solucionar el tema sin dañar a los animales tendríamos que dar nuestro brazo a torcer e incluso así procurar que la muerte de los animales, como sería este caso, fuera lo más humanitaria posible».




















































