VICENTE PÉREZ
La anticipada marcha del puerto de Granadilla, en días pasados, del mayor barco del mundo, el ‘Pioneering spirit’, ha reavivado las suspicacias sobre el inconveniente del viento reinante en la zona para la actividad industrial y la maniobrabilidad de los barcos en este muelle.
El buque, propiedad de la compañías Allseas y con una dimensiones que sobrecogen -477 metros de eslora y 124 de manga- llegó el 2 de octubre con la previsión de permanecer en el puerto tinerfeño hasta finales de diciembre o incluso enero, según informó en su día Tenerife Shipyards, la empresa de astilleros que logró el contrato para repararlo. Pero antes de mediar noviembre ya no está en Granadilla. Tomó rumbo hacia Noruega.
La versión dada por uno de los capitanes del barco, Louis Donald Fernegel, para esta apresurada despedida parece zanjar cualquier duda: “El viento no ha supuesto problema alguno para ejecutar las importantes reparaciones navales que se han realizado al buque». La mastodóntica nave se va, según han publicado varios medios de comunicación, porque tiene un nuevo contrato de trabajo en Noruega.
Y la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, preguntada al respecto por PLANETA CANARIO, se ha limitado a dar fe de lo dicho por este capitán.
«Tuvimos pocos días de viento en condiciones aceptables; es inhóspito»
Llegados a este punto, las suspicacias se las hubiera llevado el viento, si no fuera porque los astilleros Tenerife Shipyards ha reconocido en Twitter que, aunque no puede contradecir a su cliente, «la realidad del viento en Granadilla es innegable, la conocemos», por lo que asegura que redobló «esfuerzos para finalizar todas las tareas concertadas y estas fueron culminadas».
Pero otro tuit de esta industria demuestra que la controversia no está ni mucho menos cerrada: «El dÍa 1, al sacar los thruster [propulsores para controlar el barco], paramos 6 horas por viento, la bienvenida. Los días de limpieza de obra muerta fueron muy duros, tuvimos una ventana de muy pocos días con condiciones de viento aceptables, somos los primeros en decir Granadilla es complicado por el viento e inhóspito».
La empresa de astilleros respondía así en esta red social a un conocido bloguero especializado en temas ambientales de Canarias, Juan Jesús González Afonso, quien, en su blog https://noincineraciontenerife.wordpress.com/, ha reabierto el debate, poniendo en duda la verdad oficial, con una entrada titulada: «El ‘Pioneering Spirit’ abandona apresuradamente Granadilla después de la fallida operación propagandística», un artículo que ha tenido gran difusión.
«Granadilla, por el viento, implica más gastos para el cliente y nosotros»
Y para mayor abundamiento, un tercer tuit de Tenerife Shipyards clarifica cuál es su experiencia en este puerto industrial: «Lo hemos dicho y lo sostenemos, es muy compleja la actividad en Granadilla, mucho, el viento no da mucho margen de maniobra para trabajar, implica más gastos para el cliente y nosotros. No podemos hablar por otros sectores pero por la reparación naval sí que lo hacemos».
En realidad no es la primera vez que estos astilleros ponen el dedo en la llaga del puerto granadillero. Ya en abril pasado, cuando se quejaban de que la Autoridad Portuaria tenía bloqueada la tramitación del permiso para poder ocupar una mayor lámina de agua en el puerto santacrucero y crear así hasta 700 empleos, fuentes de esta empresa explicaron al diario Libremercado: «El viento [en Grandilla] no permite muchas veces ninguna operación; tienen que estar continuamente propulsándose hacia el muelle por culpa del viento; y, además, no hay nada alrededor -el puerto está en medio de la nada, a 60 kilómetros de Santa Cruz. No hay ni empresas, ni pueblos ni hoteles».
Otra fuentes oficiosas (próximas a trabajadores del propio barco) aseguran a PLANETA CANARIO que el problema determinante no ha sido en este caso el viento, «sino que no hay materiales ni colaboración ninguna para trabajar en el puerto de Granadilla», extremo que no ha podido corroborar este periódico por otras fuentes oficiales o autorizadas.
El OAG ve limitación por el viento solo 25% días al año
Y el viento fue precisamente uno de los argumentos -junto a sus daños medioambientales- que esgrimieron los detractores de esta infraestructura, en la que se han invertido más de 300 millones de euros, para rechazarla cuando era solo un proyecto. Es, probablemente, una de las obras públicas más contestadas en la historia de Canarias, que motivó manifestaciones de decenas de miles de personas en la capital tinerfeña, una iniciativa legislativa popular firmada por más de 50.000 ciudadanos -que el Parlamento canario rechazo siquiera tramitar- así como litigios judiciales y numerosas protestas ante la Comisión Europea y el Europarlamento.
Tan persistente y masivo fue este movimiento social contrario al puerto de Granadilla, que la Comisión Europea puso una serie de condicionantes para mitigar su impacto en los ecosistemas del sur de Tenerife y para vigilar su cumplimiento se creó incluso la fundación pública Obsevatorio Ambiental de Grandilla (OAG), de cuya labor nunca se han fiado del todo los ecologistas. La fuerza de este colectivo acabó desinflándose a medida que avanzaba la construcción del puerto, rechazados ya todos los cauces judiciales e institucionales para frenarlo.
El OAG publicó en 2017 un análisis del viento en el puerto de Granadilla a partir de mediciones en el periodo 2015-2016, y determinó que los días de viento fuerte en ningún año alcanzó el 25% del total. Su conclusión, no muy taxativa, precisamente, fue que «con la información disponible parece que, en principio, el viento no limitará la operatividad del puerto industrial de Granadilla en la mayor parte del año, pero este es un tema que corresponde evaluar a los técnicos portuarios».
Un perito judicial concluyó que el 80% de días el viento impide barcos gaseros
Otro informe, elaborado en 2018 un perito judicial, llegó a una conclusión mucho más taxativa: «El puerto de Granadilla no resulta apto para acoger barcos gaseros al no ser posible garantizar las condiciones de seguridad por las características climatológicas que presenta la zona en un 80% del año».
El dictamen lo realizó Fernando Lucas Correa Hernández, capitán de la Marina Mercante, que fue designado por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, como perito para el recurso contencioso interpuesto contra la futura planta regasificadora de Granadilla. Un proyecto que ya se ha topado por dos veces, en 2017 y 2018, con el rechazo de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC),por considerar que no es una infraestructura viable, ya que generaría más costes que ingresos para el sistema energético tinerfeño. Un criterio que choca con uno de los grandes argumentos con que se trató de justificar el puerto de Granadilla: disponer de atraques para buques regaseros.
