PLANETA CANARIO
El vulcanólogo Vicente Soler, que formó parte del comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas (PEVOLCA) durante la erupción en La Palma, sostiene que los más de 20 años de registros sísmicos en la zona noroeste de Tenerife, en el Teide-Pico Viejo, «hay que considerarlo seriamente como algo que nos quiere estar indicando la isla».
A juicio del geofísico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), recién jubilado, «la buena noticia es que estos sismos son todavía profundos», es decir, no son indicativos de que el magma puede alcanzar la superficie a corto plazo y desembocar en una erupción.
Sin embargo, recuerda que las erupciones históricas en Tenerife «han sido más o menos cada siglo», salvo en el XVI, pues se produjeron en 1492, 1704-1705, 1798 y 1909, por lo que recomienda disponer de la máxima información posible de GPS y gravimétrica «que pueda aportar alguna luz sobre volúmenes puestos en juego en el proceso, en caso de que llegue tal evento», es decir, de que pudiera haber indicios de un posible proceso eruptivo.
En un vídeo divulgado por el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA), del CSIC, donde trabajó durante 35 años, recordó que en la zona situada al oeste de Pico Viejo, donde se registró una erupción en 1798 (la de Chahorra o Las Narices del Teide) se han venido produciendo enjambres desde 2001, como los dos que han ocurrido este mes de julio, así que «llevamos 20 años de actividad sísmica y siempre en esta zona».
El doctor en Ciencias Físicas, un rostro conocido por sus apariciones mediáticas y en vídeos del CSIC durante la erupción del volcán Tajogaite, explica que «con centro en Pico Viejo y un radio de un kilómetro, tenemos una de las zonas más complejas e interesantes del mundo desde el punto de vista volcanológico».
Y esto es así por la gran variedad de estilos eruptivos, desde una erupción fonolítica, con coladas de más de 50 metros de altura y avance muy lento, a domos de coladas de pequeño recorrido.
Dada la actividad sísmica en esa zona de la cumbre tinerfeña, considera «muy importante disponer de una red de observación lo más densa posible para tratar de precisar tanto la localizacion horizontal como en el plano vertical, pues estos distintos materiales tiene origen a distintas profundidades» en esta zona en torno al Pico Viejo.
El vídeo lo grabó justo delante de la zona de la erupción de 1798, donde planteó la duda de si, llegado el momento, la sismicidad que se registra desde hace dos décadas «sería capaz de migrar», es decir, de moverse hacia un punto más alejado desde donde se viene produciendo.
Si la erupción ocurriera en ese punto, «sería muy favorable porque estamos dentro del anfiteatro de Las Cañadas, cuya pared podría retener» las coladas, pero si la lava sale por otra zona, por Pico Viejo, «la situación que se plantea es totalmente distinta», en clara alusión a que los ríos de puedan discurrir hacia el norte de la Isla, o si se produce más al oeste, en la dorsal de Abeque, hacia el sur.
Unas 60.000 personas residen en Tenerife en zonas con un grado de «amenaza» «alta» o «muy alta» de sufrir los peligrosos efectos de una erupción volcánica, según la zonificación establecida en el Plan de Actuación Insular por Riesgo Volcánico, tramitado por el Cabildo de Tenerife. El área con amenaza «muy alta» abarca los municipios de Guía de Isora, Santiago del Teide, El Tanque, Garachico y parte de Icod de los Vinos (incluyendo su casco urbano), un espacio habitado por cerca de 38.000 personas, mientras que es «alta» en el propio estratovolcán Teide-Pico Viejo, y en el resto del valle de Icod y La Guancha, franja con unos 22.272 habitantes
El plan llega a la conclusión de que «la erupción más probable tendrá como contexto geográfico el eje de la dorsal noroeste de la isla», a partir de los registros geológicos de los últimos 30.000 años y, en especial en los últimos 12.000, ya que durante este último periodo (denominado el Holoceno), las laderas de esta dorsal y del flanco norte del Teide (incluyendo el valle de Icod) han sido prácticamente cubiertas por coladas de lava.
