PLANETA CANARIO
De los antiguos habitantes del archipiélago canario se ha logrado conocer mucho de sus costumbres, su forma de vida, alimentación, y hasta sus leyendas de antes de la conquista, pero no demasiado acerca de cómo fue su adaptación a la nueva lengua que tuvieron que aprender a pasos agigantados, el castellano, que llegó de la mano de los conquistadores en el siglo XV.
Y precisamente a arrojar luz sobre el proceso de castellanización de los pueblos indígenas de Canarias se ha desplazado a Tenerife la profesora de español de la Universidad de Veliko Tarnovo ‘Stos Cirilo y Metodio’ (Bulgaria), Yulia Miteva, que está realizando una estancia de investigación en la Universidad de La Laguna (ULL), invitada por el Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas. Su proyecto de investigación se titula «Historia social de la lengua de las comunidades indígenas de Canarias. El proceso de castellanización de los guanches».
Según expresa en un comunicado de la ULL, “no se puede descartar la posibilidad de que hubiera pequeñas comunidades en las que la lengua aborigen se mantuviera en el ámbito doméstico», por lo que quiere reunir los datos suficientes para sostener esta hipótesis.
A esta conclusión llega porque a medida que se inicia la repartición de las tierras, que los castellanos comienzan a ocupar mayoritariamente en el norte de Tenerife, los guanches van desplegándose hacia el sur, donde la colonización y evangelización son más tardías. “En La Laguna o en las localidades del norte», sostiene, «ese proceso fue más rápido, pero en el sur de la isla, la lengua aborigen pudo mantenerse hasta bien avanzado el siglo XVI, una circunstancia que puede considerarse como un auténtico estado de bilingüismo”.
Los guanches conocían perfectamente el castellano y lo usaban como medio de comunicación habitual. Sin embargo, algunos municipios del sur de Tenerife como Candelaria, el Menceyato de Abona o Adeje, en opinión de la investigadora, representan indiscutiblemente esos “trocitos del mapa de la isla” donde la lengua y la cultura aborigen pudieron mantenerse y perpetuarse a lo largo del tiempo.
La antigua élite guanche, los menceyes o príncipes que gobernaban en las distintas zonas de Tenerife, logró mantener su destacada posición social y política y se benefició enormemente de las reparticiones de tierra tras la conquista. Una prueba de peso que demuestra, según la investigadora, que el cambio cultural y lingüístico en la castellanización comenzó precisamente por ellos, que “no tuvieron ningún reparo en emparentar a través de los matrimonios mixtos con castellanos y portugueses para integrarse en el nuevo modelo socioeconómico”.
A pesar de que Miteva considera que los menceyes fueron los primeros guanches en aprender la lengua de los conquistadores y asumir su cultura, religión y costumbres, no olvida a los otros guanches, “los que nunca hicieron testamento, ni salen en los libros del Cabildo”, una fuente importantísima en investigaciones de este tipo. “Esos son más escurridizos y es difícil estudiarlos, pero con la ayuda de la arqueología se puede llegar a vislumbrar la adaptación que experimentaron esos guanches más humildes”.
Para poder realizar este estudio hay que ponerse en contexto y reconstruir la sociedad canaria justo antes de la conquista y una vez iniciado el proceso de colonización. Desde este punto de partida, Miteva se traslada al panorama social del siglo XV y XVI, donde tratará de situar a sus protagonistas, los aborígenes de Tenerife (ya que el proyecto se centra en los guanches tinerfeños), y averiguar cómo fueron adaptándose a las nuevas circunstancias, tanto políticas, como sociales y económicas, cómo asumieron su nueva religión y costumbres, y si eso fue llevadero o traumático para ellos.
Los guanches no desaparecieron ni se esfumaron, como sucedió a la civilización maya o a los indios taínos del Caribe. Hubo zonas de refugio, sobre todo en la isla de Tenerife, que encapsularon su lengua y su esencia, que intenta desentrañar a partir de colecciones completas de documentación procedente de los cabildos, archivos parroquiales y municipales, sin olvidar las obras de expertos en la materia y a sus fuentes directas.
“Tuve la gran suerte», confiesa, «de entrevistarme con el paleógrafo Lorenzo Santana, un joven investigador que ha editado dos volúmenes de testamentos guanche, y también he concertado encuentros con el catedrático de arqueología Antonio Tejera Gaspar, quien me animó a seguir y vencer mis dudas iniciales, con profesores de la Facultad de Geografía e Historia y con bastantes investigadores con los que estoy en contacto y con los que tengo la posibilidad de hablar de los temas que me apasionan.
«Se valora poco la pervivencia cultural de los guanches»
Yulia Miteva ha vuelto a la ULL, donde se convirtió en doctora en Estudios Filológicos gracias a su tesis «Historia social de la lengua de los mudéjares. La asimilación lingüística de la minoría islámica en la Península Ibérica en la etapa medieval», una investigación interdisciplinar en la que colaboraron los departamentos de Filología Española y de Historia Medieval de la Facultad de Humanidades.
Esa ha sido la base para poder afrontar su nuevo proyecto, ya que toda la metodología empleada en su tesis doctoral la extrapola ahora a los estudios de la comunidad guanche. Entonces hizo un estudio bastante amplio del proceso de adaptación y el cambio cultural que experimentaron los musulmanes a raíz de la reconquista. “Es exactamente lo mismo que me gustaría hacer con las comunidades aborígenes de Canarias. Los musulmanes y mudéjares aprendieron el castellano para poder seguir funcionando y adaptarse a la nueva sociedad que les había tocado vivir, algo similar a lo que sucedió en el archipiélago”.
Tiene claro algo que hay que desmitificar: la desaparición de los guanches como comunidad: “Lo que más me llama la atención es que se valora poco la pervivencia cultural de los guanches. Hay un mito que con el tiempo me gustaría desmontar, y es el hecho de que los guanches no supieron superar el impacto demográfico de la conquista debido a las muertes, y que prácticamente desaparecieron como comunidad, como si se hubieran esfumado”.
Trabajo de campo
Recabar pruebas y evidencias sociolingüísticas que corroboren estas hipótesis no es tarea fácil. Sus cálculos apuntan a cinco o seis años de laboriosa e intensa investigación, aunque lo cierto es que prefiere no ponerse una fecha. “No tengo plazo. Leo lentamente y me gusta disfrutar de la lectura. Me apasiona tanto lo que estoy haciendo que puedo tener una relación amorosa de larga duración con un tema. Soy lo que puede considerarse una monógama con los temas de investigación”, dice Miteva.
Continuará la investigación en su país, Bulgaria, una vez acabe su estancia en Tenerife, gracias a una ayuda del Vicerrectorado de Investigación y Transferencia de la ULL. Esta es una ardua investigación que afronta prácticamente en solitario y asume por su cuenta. Y para arrancar necesitaba estos meses de estancia en La Laguna y una beca Erasmus para profesorado, gracias al decano de la Facultad de Humanidades, Javier Medina, sin olvidar al director de su tesis, Eduardo Aznar, al que está agradecida, igual que al vicerrector de Investigación y Transferencia, Ernesto Pereda, y a la subdirectora de servicios de la biblioteca Universitaria, Carmen Julia Hernández, por permitirle aprovechar el tiempo al máximo.
En el plan personal, se sincera sobre cómo llegó al Archipiélago: “Soy hija adoptiva de una familia canaria [Irene y Florencio] que me pagó los estudios de Filología Hispánica porque mis padres no podían hacerlo debido al bajo nivel de vida de mi país, Bulgaria. Y ahora he vuelto a mi casa. Sin ellos no habría podido hacer esta estancia, y tampoco sin el gran apoyo del Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas”.
