PLANETA CANARIO
El vulcanólogo Vicente Soler considera que Tenerife debería “prepararse para una eventual erupción que tarde o temprano va a suceder”, y que “la respuesta a la pregunta de si habrá erupción es que sí, pero no sabemos cuándo”.
El científico, jubilado del IPNA-CSIC, ha sido entrevistado recientemente en el programa El Remate, de La Diez Capital Radio, que presenta Esther Gómez, dentro de su espacio La Voz del Vecino, copresentado por Abel Román, coordinador de la Alianza de Vecinos de Tenerife.
Aclara que “no hay síntomas para que esa erupción sea inminente” pero sí advierte que “el proceso de empuje, ruptura y ascenso del magma puede ser una cuestión de una semana, por lo que se ha visto en La Palma” con la catástrofe volcánica ocurrida en 2021.
El geólogo alicantino, que formó parte del Comité Científico del Plan de Emergencias Volcánicas (PEVOLCA) activado para La Palma, afirma que “desde que hay registro histórico, Tenerife tiene actividad eruptiva, que más o menos va con el siglo, salvo en el 1600”. “Desde 2001 se pensaba que le tocaba a Tenerife, y lo que ha habido han sido pequeños enjambres, y no tan pequeños, pero continúa esa situación de actividad con incertidumbre”.
“Ojalá pasemos todos a mejor vida hablando de estos temas sin que nunca se produzca una erupción en Tenerife, pero obviamente hay que estar preparados porque los indicadores hablan de que aquí puede haber una erupción en cualquier momento”, previene, aunque siempre dejando meridianamente claro que no hay señales de nada a corto plazo.
Hay que tener en cuenta, aclara, que “el empuje del magma está por debajo de una corteza rígida a 10 km y para que se produzca esa erupción se requiere que se rompa, y eso da una sintomatología que permite una detección temprana”. “De momento ese empuje magmático solo se manifiesta en pequeños enjambres, desde 2004, y seguimos en ellos”, apostilla.
Preguntado en qué partes de la isla podría ser la próxima erupción, observa que los terremotos que se vienen produciendo están concentrados sobre todo en la zona Boca de Tauce-Chío, no lejos de donde fue la erupción de 1798, en Chahorra o Narices del Teide” y enfatiza que “ese sería un punto favorable [en caso de erupción] porque la pared de Las Cañadas protegería a la isla en su conjunto”, si la lava discurrieran hacia el interior del Parque Nacional.
En cualquier caso, la zona más activa es la dorsal noroeste, en una línea que une Santiago del Teide con el Teide, “y se ha visto que el sitio donde inicialmente ocurren los terremotos no es donde luego se produce la erupción”, ya que el magma “tiene capacidad de desplazarse en su ascenso”.
Incidiendo en este aspecto, advierte que “Tenerife es una isla muy empinada, un auténtico cucurucho, por lo que solo saber si la lava va hacia el norte o hacia el oeste es casi imposible de determinar porque la cresta es muy estrecha”. Sí que dejó claro que ante el riesgo volcánico “ una gran parte de la isla debe estar atenta”.
Destaca además en que, en caso de una erupción, los ríos de lava no son el único problema para la población, sino la dispersión de las cenizas y los gases que emita el volcán. En el caso de esa dorsal noroeste, son “decenas de miles” las personas que deben tener en cuenta este riesgo.
Para anticiparse a una erupción resulta crucial la labor científica y contar con el personal y los medios tecnológicos suficientes. Preguntado al respecto, Soler sostiene que en Tenerife “hay un material técnico que está bien, no el óptimo, pues toda red instrumental es susceptible de mejora; el IGN tiene una red numerosa”.
Pero expone que en el posible ascenso del magma “no solo se producirán terremotos sino una importante deformación, y eso está muy bien monitorizado por GPS, pero hay inclinómetros complementarios que permitn ver cómo el magma se abre paso; y gravímetros que también podrían estimar el volumen de magma que se acerca a la superficie”. Y con esta metodología, “a día de hoy no hay un registro continuado en Tenerife”.
Cuestionado sobre cuáles son las principales señales precursoras de una erupción, señala que “el parámetro más fácil es el incremento de sismicidad y el desplazamiento hacia superficie de los puntos donde se producen los terremotos; la deformación del terreno y la emisión de gases, como el helio, que suele ser muy temprana, y el CO2, que no necesariamente será detectado, depende con la rapidez con que ascienda”.
Acerca de cuánto tiempo habría disponible para tomar medidas preventivas ante una emergencia volcánica, señaló que “en La Palma fue muy pequeño el tiempo, una semana de terremotos sentidos, pero en El Hierro fueron meses”. En este sentido, se refirió a la dificultad de pronosticar un marco temporal para la erupción, ya que “se corre el riesgo, que no parece el caso de Canarias, como en las Antillas, de evacuar una isla sin que luego pase nada, y con tuvo gravísimas consecuencias luego económicas y científicas, porque defenestraron a los responsables; y allí la evacuación era más que razonable; pero los responsables tienen que tomar una decisión”.
Algunos científicos han comparado la peligrosidad del Teide con el de “una bomba atómica” pero Soler dijo que esa no es su experiencia y la ve una comparación “fuera de lugar”, porque este es un estratovolcán que se ha formado por la acumulación de una colada tras otra hasta crear este enorme edificio geológico, el tercero mayor del mundo medido desde el fondo oceánico.
“El Teide”, relata, “en los últimos 10.000 años ha tenido muchas erupciones efusivas que han ido construyendo el estratovolcán, sin ser explosivas”. En época reciente las únicas explosivas fueron las de Montaña Blanca y Montaña Rajada, hace 2.000 años, con gran emisión de pómez; “pero esa zona”, insiste, “está cuidada por la pared de Las Cañadas y La Fortaleza”.
Una de las medidas preventivas ante el riesgo volcánico que se mencionaron en el programa de radio fue la de tener aseguradas las propiedades, para, en caso de que la lava o la ceniza las dañen, poder recibir una indemnización. En La Palma uno de los grades problemas, aparte de que no se evacuó a la población antes de la erupción, fue que una parte importante de las viviendas destruidas no estaba asegurada.
Sobre otras islas, afirma que en Gran Canaria el volcanismo más reciente data de hace 3.000 años, y aunque la actividad más reciente es la de La Palma, la realidad es que estuvieron en esa isla más de 200 años sin erupciones. En La Gomera hace más de un millón de años en que no hay erupciones, subraya Soler.
También se refirió en la entrevista a la importancia de que la población de las islas con riesgo volcánico aumenten su conocimiento en esta materia. “No estaría de más que aprovechando este impulso tras lo ocurrido en La Palma y la preocupación por estos temas, se acentuase la educación de los niños sobre este asunto, y se familiarizaran con donde viven e hicieran una vez al año o dos algún tipo de ensayo, porque esa información les queda para siempre”.
