VICENTE PÉREZ
La arqueóloga Nuria Álvarez, que dirige un proyecto financiado por el Gobierno canario sobre las cuevas colgadas en lugares escarpados, afirma que la mayoría de las cavidades exploradas en La Palma y, ahora, en Tenerife, muestran que los habitantes prehispánicos de ambas islas, los benahoaritas y los guanches, las utilizaban, fundamentalmente para usos funerarios, pero también las hay con finalidad habitacional.
«Estamos haciendo en Tenerife una prolongación de lo que hemos realizado en La Palma, y después de prospectar ocho cuevas de difícil acceso en tres municipios tinerfeños, hemos visto que también en esta isla la mayoría tiene restos arqueológicos», expone la antropóloga física, licenciada en Historia en la Universidad de La Laguna.
En proyecto aún requiere más visitas de campo, está más avanzado en La Palma y en fase preliminar aún en Tenerife, por lo que se deberán localizar más cuevas en esta isla, para lo cual es preciso el empleo de técnicas de escalada y rapel, pues precisamente se trata de llegar a las que, por su ubicación, en acantilados, riscos y barrancos, no sido expoliadas o alteradas por actividades humanas, por lo cual podrían albergar yacimientos arqueológicos intactos.
En este primera fase del proyecto, codirigido por el espeleólogo Eduardo Díaz, se han localizado ocho cavidades, la mayoría de ellas de uso funerario, en los municipios de San Cristóbal de La Laguna, El Rosario y Los Realejos.
«Habría que investigar después la explicación de por qué usaron los aborígenes cuevas de tan difícil acceso y cómo transportaron pesados fardos funerarios hasta lugares de decenas de metros de altura; aunque a veces pensamos en las poblaciones prehispánicas como si fuera trogloditas que no sabían lo que era dos más dos, pero en realidad eran más avanzadas de lo que hoy podemos pensar, y quizá tenían ciertas herramientas y útiles que no han perdurado, algún tipo de anclaje o polea», reflexiona la investigadora.
«En arqueología, la muerte nos habla de la vida»
Al ascender hasta una cueva, su labor en este caso es solo prospectar, es decir, «ver y no tocar», solo catalogar. «Comprobamos en superficie si hay restos arqueológicos, aunque si no los viéramos no se puede descartar porque en el subsuelo sí puede haber», aclara la arqueóloga.
Su interés por el mundo funerario de los antiguos pobladores de Archipiélago le llevó a realizar su tesina sobre este tema en el ámbito palmero. Posteriormente realizó en las universidades Complutense y de Alcalá de Henares un máster en antropología física y forense, y ha participado en diferentes campañas arqueológicas en Canarias.
«La muerte nos habla de la vida», proclama esta estudiosa de unas poblaciones prehispánicas cuya cultura intenta comprender sin el siempre valioso testimonio de la escritura: «Para mi estudiar la muerte es la forma más cercana de poder conocer a los pobladores prehispánicos: la edad en que murieron, si era hombre o mujer, qué comían, de qué enfermedad o cómo murió…»
«El expolio de bienes arqueológicos es una gran lacra en Canarias»
De ahí que sea tan cruciales las cuevas con yacimientos arqueológicos donde nadie ha pisado antes, donde no ha sido alterado ni destruido el mensaje que ella se esfuerza por interpretar. Y por so lamenta tanto el problema del expolio y el vandalismo. «Si queremos hacer un estudio arqueológico y conocer esa forma de vida pasada, entender un poquito más cómo vivieron y murieron y a qué se dedicaron, es imposible con los yacimientos de fácil acceso, que tienen ese inconveniente, el expolio, una lacra en Canarias, por lo que las de difícil acceso son las que pueden albergar restos mejor conservados», señala Nuria Álvarez.
De ahí que anime a que se conciencie cada vez a la población canaria sobre la importancia de conservar este patrimonio cultural. Lo defiende con una metáfora bibliográfica: «Si quitamos materiales de una cueva, arrancamos las hojas de un libro, no podemos hacer el relato completo, y así no podremos darles voz a los antepasados».
Un problema, el de la destrucción de este tesoro a veces desamparado por estar al aire libre, de compleja resolución. En el caso del expolio, esta antropóloga no cree que sea tanto por el afán de comercializar como el de tener para uso y disfrute personal un objeto de las culturas prehispánicas.
Desde esta perspectiva, se producen sensaciones encontradas: por un lado, el deseo de comunicar hallazgos, y, por otro, la necesidad de guardar discreción sobre su emplazamiento. «Es algo triste porque el patrimonio está para que todo el mundo pueda disfrutarlo, pero tiene que ser con garantías», subraya.
La directora general de Patrimonio Cultural del Gobierno canario, Nona Perera, que esta semana ha divulgado los objetivos de este proyecto, ha explicado que por recomendación de diferentes instituciones de Tenerife, se eligieron aquellas zonas o cavidades que consideraban su investigación prioritaria por distintos motivos. A petición del Ayuntamiento de La Laguna, se realizaron prospecciones en el entorno del Becerril con la intención de encontrar la famosa necrópolis excavada por Luis Diego Cuscoy en la década de los años cuarenta del siglo pasado. Al respecto, el equipo multidisciplinar localizó cinco cavidades sepulcrales en este entorno que serán estudiadas en profundidad próximamente.
