«Intento llenar con palabras el vacío que dejó la erupción en quienes la vivimos»

El escritor Víctor Yanes presenta su tercer libro de poemas, 'Un verano bajo el sol del infierno' este viernes 3 de julio en el TEA (Santa Cruz de Tenerife)

Víctor Yanes, y, al fondo, el volcán Tajogaite.

VICENTE PÉREZ

«La poesía no cambia el mundo, pero alivia los dolores del alma». Es la reflexión del escritor Víctor Yanes, que presenta en Santa Cruz de Tenerife este viernes 3 de julio su tercer libro de poemas, Un verano bajo el sol del infierno, en un acto que tendrá lugar a las 18 horas en la Sala Cilíndrica de la Biblioteca del TEA (Tenerife Espacio de Las Artes), presentado por el poeta Ramiro Rosón.

Un  poemario en el que, confiesa Yanes, «las palabras intentan llenar el vacío que dejó la desolación de la catástrofe volcánica de 2021» en La Palma. Porque a la erupción geológica se sumó la implosión interior del ser humano, empequeñecido ante la abrumadora fuerza de la naturaleza.

Yanes, tinerfeño de nacimiento y residente en El Paso y vivió muy de cerca el constante rugido del volcan Tajogaite durante casi tres meses, con la destructiva lava que vomitó sobre el Valle de Aridane. «Hay un antes y un después en mi vida porque esa erupción fue algo terrible», se sincera.

En esta entrevista Yanes habla de lo que significó para él la erupción, pero también reflexiona sobre la poesía,  el oficio de escribir y la función del arte en la sociedad actual. Se reivindica como un librepensador que escribe»con absoluta libertad y espíritu crítico», pues está convencido de que, «la literatura, aunque no transforma por sí sola la sociedad, sí alimenta el pensamiento crítico y la sensibilidad».

Antes de este libro ha publicado los poemarios Cuando yo era otro y Animal luminoso. En los últimos años ha impulsado en redes sociales el Foro La Palma Opina, en el que realiza entrevistas y fomenta el debate sobre diferentes temas de interés general para la isla. Además, es columnista en prensa digital.

En tu poemario está presente la erupción volcánica. ¿Cómo te ha marcado esta catástrofe natural en tu poesía y cómo ha cambiado tu percepción de la vida?

Vivir una erupción volcánica es una experiencia lo suficientemente impactante, desde una perspectiva emocional, que resultaría increíble que no provocara cambios en la vida de aquellos que la han vivido de forma directa. No sé si es acertado apelar a la expresión coloquial de que, tras la erupción del Tajogaite, que viví como vecino de El Paso, hay un antes y un después en mi vida. Lo que sí sé es que, desde que terminó la erupción volcánica, sentí la necesidad de llenar el vacío que deja la desolación de una catástrofe de tal magnitud con palabras, como un modo de explicarme a mí mismo lo sucedido y anclar, incluso terapéuticamente, una experiencia que me acompañará para siempre.

Ser testigo de la fuerza de la naturaleza con su fascinación dramática y su capacidad de destrucción hace que te sientas irremediablemente diminuto y vulnerable. Es una vivencia muy intensa, generó odio contra las Administraciones Públicas, un compromiso crítico y una movilización social que duró lo que llegaron las elecciones locales de 2023, y un montón de gente con la salud mental quebrada.

El daño emocional ha sido grande y perdura, pero hay que seguir. De aquella terrible experiencia escribí una serie de poemas que están en este libro que ahora presento: Un verano bajo el sol del infierno. Digamos que son los versos más ásperos y auténticamente realistas; quise ser honesto al máximo y evitar contar algo diferente a lo que ocurrió, agarrándome a visiones edulcoradas y evitativas. Aquello fue lo que fue. Algo terrible.

La erupción del Tajogaite en sus primeros momentos.

 

¿Cómo te definirías como poeta?

Es una pregunta difícil de contestar porque nunca he alcanzado a responder lo que para mí sigue siendo un misterio; además, las definiciones habituales sobre el oficio de poeta suelen resultarme insuficientes y genéricas. Fui un joven que, por cuestiones relacionadas con la rebeldía sin solución y el enardecido amor de primera juventud, me puse a escribir a los 18 años; tengo ahora 52 y sigo haciéndolo. Nunca he sentido interés por ese tipo de definiciones, porque para mí escribir no es tanto pensar en qué tipo de escritor soy sino en el hecho mismo de pasar a la acción y ponerme a escribir.

¿Qué función tiene la poesía para ti y qué función crees que tiene para la sociedad?

Está mal que yo lo diga, pero la poesía tradicionalmente ha tenido una difícil introducción en la sociedad. No digo nada nuevo. Los poetas seguimos castigados por el prejuicio de una notable mayoría de lectores que sienten que la poesía es algo ñoño e incomprensible, una cosa de unos pocos que se dedican a hacer orfebrería con las palabras por el gusto de hacerla, que es incluso un género menor que les provoca desafección.  La sociedad actual, habiendo muy buenos poetas, sigue dándole la espalda a la poesía, solo hay que ver el número de libros de poesía que se venden, aunque los amantes de la poesía no son tantos, pero sí fieles.

Contestando a qué función cumple en mí la creación poética, diría que tampoco soy un teórico sobre el asunto. Escribo por impulso, en ocasiones torrencial, y por necesidad de hacerlo, empujado por un sólido instinto de comunicación y de intuición acerca de lo que quiero contar. Mi poesía está hecha para ser recitada y escuchada en voz alta, más que para ser leída en silencio.

¿Cuáles son los poetas de los que has bebido y te han marcado?

Según me llegaban libros a mis manos, como amores buscados o por puro azar, he ido leyendo. No soy un lector excesivamente exquisito, y aunque cada vez selecciono con más cuidado lo que quiero leer, mis lecturas durante años han seguido el patrón del descarte. Hay libros que he abandonado en la página cuarenta. Pero podría decir que la Generación del 27, en mi primera juventud; cualquier movimiento vanguardista dentro de la literatura, por muy claro que me quedara posteriormente que estaba, en algunos casos, ante magníficos impostores, dejando fuera de este grupo de selectos prestidigitadores a poetas canarios como Domingo López Torres, Emeterio Gutiérrez Albelo o Pedro García Cabrera, que tampoco son estrictamente vanguardistas, aunque su trayectoria literaria y vital fuera atravesada por corrientes estéticas y de pensamiento ciertamente iconoclastas. Agustín Espinosa me impresionó en Crimen tanto como la generación del 50, con su campechana camaradería melancólica y sus críticas a la sociedad burguesa por parte de aquellos niños de la guerra que se convirtieron en poetas. También ejerció sobre mí una influencia clave los Beats, la poesía de la contracultura norteamericana, la narrativa de John Fante y Bukowski, Manuel Vilas, poeta y narrador de autoficción en Ordesa, la inclasificable escritora norteamericana Ottesa Moshfegh y la valentía radical de la poeta canaria Idaira Serrano.

En tu obra, de alguna manera, reivindicas tu librepensamiento, el no estar sujeto a dogmas. En este sentido, ¿cuál es la filosofía que se plasma en tu poesía sobre la libertad?

Es improbable que alguien pueda estar libre, en estos tiempos actuales de defensas a ultranza de ideas y posicionamientos, de la testaruda manía de creer que lo que piensa es un sustrato “filosófico” necesariamente bueno, correcto e indispensable. Dicho lo cual, creo que debemos reivindicar, primero, un pensamiento crítico que gire su mirada hacia nosotros mismos; una manera de desandar el camino que nos libere de nuestro propio lastre egocéntrico. Si no lo hacemos, el acto creativo queda malherido y se convierte pronto en una parodia o caricatura de sí mismo. Yo reivindico mi librepensamiento entendido como escribir desde la libertad sin cortapisas, pero si no amplío mi visión más allá de mi propia realidad de escritor casi invisible, pero que trabaja escribiendo poemas, relatos y columnas de opinión, perderé cualquier mínimo atisbo de rebeldía, pensamiento crítico y verdadera libertad.

¿Qué opinas de la inteligencia artificial suplantando al ser humano en la ejecución de la escritura creativa?

Lo veo absolutamente absurdo a día de hoy. La tecnología, por el momento, es incapaz de crear réplicas exactas de los procesos internos que tienen que ver con la creación artística. Seamos serios. La IA carece de impronta. Si mi poesía pasa el filtro de la IA, el resultado es un pegoste de palabras que puede, si acaso, acercarse a una gran porquería.

¿Cómo ves el mundo de la poesía en Canarias, una efervescencia de autores, una generación de poetas, alguien que esté destacando?

El concepto generacional de carácter aglutinante ha desaparecido, como han desaparecido los manifiestos, por suerte. Esas declaraciones de principios e intenciones que resultan hoy caducas y desfasadas. A ningún grupo de escritores le interesa lo más mínimo algo que tenga que ver con un sentimiento colectivo de pertenencia, más que nada porque esos mismos escritores o se creen indispensables y categóricamente geniales o están demasiado tiempo ocupados en creer que la vida está en el Instagram. Una cosa es hacer uso de las redes sociales para sentirte visible y difundir la propia obra literaria, y otra cosa muy distinta es convertirte en un vulgar vendedor de ti mismo.

El panorama es desolador; pocos experimentan interés por el trabajo creativo, literario y los proyectos culturales que llevan a cabo sus compañeros y compañeras, cavando el hoyo en el que descansarán como cadáveres poéticos o narrativos tarde o temprano, vencidos por su propia falta de creatividad, la cual, también debe su origen a la reducción de miras y al narcisismo. Bajo todo este ambiente desalentador, salvo a los micros abiertos, por ejemplo; personas anónimas, y no tanto, que leen sus textos a un público cada vez más numeroso. En cuanto a quién podría destacar en el panorama actual, prefiero no jugar a ser un juez que imparte injusticia.

Hay una poesía que ha querido cambiar el mundo, el del escritor que ha querido cambiar el mundo, que está comprometido con la denuncia social.

La poesía no cambia el mundo y el escritor de hoy no quiere ser vinculado, ni quiere vincularse, con nada que tenga que ver con las transformaciones sociales, y tampoco lo critico, hago solamente una observación. La poesía alivia los dolores del alma, y a través de ella, pueden expresarse determinadas denuncias con levedad y de puntillas. Se puede, y hasta se debe, ser un revolucionario desde la adherencia convencida al silencio, a la calma, a la emocionalidad que ha sido atrofiada por una perversa sociedad capitalista en la que se necesita ser un eterno joven y mantener siempre en el pensamiento positivo, dos insustanciales aspiraciones, vacuas, con las seguimos queriendo ser personas simples sin profundidad y alejadas, irremediablemente, de nuestra esencia como seres humanos.

El compromiso con la denuncia social, no ya en el ámbito de la escritura es casi inexistente, sino en el seno de la sociedad en la que vivimos, que continúa su parsimonioso andar suicida hacia su autodestrucción. Una realidad a la vista de todos.

¿Cómo te sitúas en ese enfoque? ¿Crees que el escritor ofrece a la sociedad su trabajo para cambiar a esta o todo lo contrario

Tal vez, esa cuestión no pueda ser tenida en cuenta desde posicionamientos absolutos. Nada por sí solo ni por sí mismo posibilita un cambio, una transformación. Pensar hoy que, a través de lo que escribimos y ofrecemos a la sociedad, podemos generar un cambio de consciencia se me antoja un anhelo viejo e imposible, a la par que una pretensión que lo único que puede favorecer es un claro aumento de la frustración, ya que la denuncia social presente en el ámbito literario corre el peligro de acabar siendo un triste e irrelevante panfleto político.

La literatura genera pensamiento y alimenta la sensibilidad, y desde ese punto, podemos mejorar como seres humanos que formamos parte de un colectivo cada día más desconectado porque sus miembros viven, generalmente, aislados en esencia los unos de los otros, tejiéndose relaciones humanas superficiales e insustanciales. Me parece de un romanticismo inasumible considerar que, por poner un ejemplo, a través de la poesía se pueda cambiar el mundo.

¿Crees que existe hoy una poesía canaria o una poesía que, por haber sido escrita en las islas, se convierte en poesía canaria?

Cada vez es más indistinguible el fenómeno. La poesía no deja de ser un reflejo de la corriente cultural imperante de la globalización. Lo local ha perdido fuerza, aunque hay libros que me vienen ahora a la memoria, como Panza de burro de Andrea Abreu López, que abraza el ambiente rural del norte de Tenerife en una suerte de costumbrismo y lenguaje muy bien hilvanado que sorprende en una escritora tan joven. Es casi un guiño etnográfico dentro de la literatura. Hoy, en cambio, buena parte de la poesía es puro yoismo sentimental que no es ni bueno ni malo, es.

 

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