«Las ayudas públicas no están llegando a todos ni con rapidez, y eso frustra a los más necesitados»

El director de Cáritas Tenerife, Juan Rognoni, afirma que el Ingreso Mínimo Vital y otras prestaciones se están retrasando en muchos casos. Lamenta que a las personas sin hogar se les diera techo en el estado de alarma y ahora se deje que la mayoría vuelva a la calle. Advierte de que esta crisis empeorará la pobreza moderada y severa, que ya era del 29% el año pasado en Canarias. Y espera que la crisis del Covid-19 "rompa la peligrosa tendencia al alarmante individualismo" en nuestra sociedad "que nos aleja del sufrimiento del otro"

VICENTE PÉREZ

Cáritas es una ONG de la Iglesia católica que ayuda decenas de miles de canarios  y que alerta desde hace años de que un tercio de la población del Archipiélago padece pobreza moderada y severa, por lo que la crisis del coronavirus no ha hecho más que agravarla.

A ello se une, según su director en Tenerife, Juan Rognoni, «el alarmante invididualismo» que reina en la sociedad, que es un lastre para la necesaria solidaridad en estos casos, por lo que abriga «la esperanza de que esta pandemia, de alguna manera romper esta peligrosa tendencia» social.

En esta entrevista, el responsable de esta organización humanitaria con más de 800 voluntarios en la provincia de Santa Cruz de Tenerife se lamenta de que las ayudas públicas anunciadas por los gobiernos -como el Ingreso Mínimo Vital, la Prestación Canaria de Inserción y otras subvenciones extraordinarias- » no están llegando a todos, ni con la rapidez que se anunciaron y eso produce frustración, porque no han sido realistas en los plazos ni en los recursos necesarios para llevarlas a cabo y esto lleva a los enormes retrasos en la concesión».

También critica Rognoni el olvido en que vuelven a estar las personas sintecho, a las que se les dio un lugar donde dormir durante el estado de alarma porque no había libertad de circulación por la pandemia, «pero cuando pasó esa emergencia, la mayoría de las personas sin hogar volvieron a la calle de la que habían salido».

Estamos ante la que se considera la peor crisis económica desde la posguerra española, aunque por suerte en otro contexto socioeconómico. ¿Es eso lo que comprueba Cáritas? ¿En cuánto ha aumentado la demanda desde marzo con respecto a lo que era habitual?

«La magnitud de la repercusión que está teniendo esta pandemia está siendo muy importante. No hay que olvidar, como punto de partida, que la crisis del 2008 también tuvo unas consecuencias fatales para la sociedad y que se han arrastrado hasta el día de hoy. Para la población más golpeada por esa crisis se cronificó su situación de pobreza. Se produjo un incremento de sectores sociales con bajos sueldos que, aun trabajando, no llegaban a fin de mes. Estos sectores, aun habiendo salido de la crisis, no contarían con suficiente margen ni capacidad para afrontar una nueva dificultad. El año pasado en la presentación del VIII Informe Foessa se afirmaba que en Canarias concretamente, existía hasta un 29% de la población en situación de exclusión entre moderada y severa.

Al llegar esta pandemia que ha obligado a paralizar casi toda economía por motivos sanitarios, a todos estos grupos sociales que ya tenían dificultades de partida, y a los que veníamos acompañando, se han añadido otra gran cantidad de familias que se han quedado sin recursos de un día para otro. Estamos hablando que desde el mes de marzo se han incrementado las asistencias a familias en nuestras Cáritas parroquiales en un 50% aproximadamente».

¿En qué se está acertando y en qué fallando desde las administraciones públicas para hacer frente a esta emergencia sanitaria y económica?

«Esto requiere un análisis muy complejo porque son muchas las administraciones que participan y muchas las respuestas de todo tipo que se han dado. Pero, en general, observamos que las administraciones han sido sensibles, como es su obligación, durante el estado de alarma y han dispuesto recursos para ir atendiendo a las necesidades de ayuda de emergencia de las familias, buscando alojamientos provisionales durante el estado de alarma para las personas sin hogar y colaboración con las entidades sociales y ONGs con el objetivo de llegar a más personas.

Durante este período concreto también hay que decir que muchas administraciones se han visto desbordadas y no han podido dar respuesta al gran incremento de solicitudes de ayuda, optando por derivar a organizaciones como Cáritas y otras entidades la realización de la acogida y ayuda inmediata de estas personas a las que hemos podido atender según nuestros recursos limitados.

Con la finalización del estado de alarma es importante señalar que no ha acabado la emergencia, sino que esto sigue adelante y nos mantenemos con la sensación de incertidumbre y de hasta dónde puede llegar. No podemos dejar pasar esa primera preocupación y ocupación del estado de alarma porque las necesidades de las familias siguen existiendo e incluso se están incrementando. Las administraciones no pueden bajar la guardia ni la sociedad tampoco».

¿Cuántos voluntarios y qué programas extras ha puesto en marcha Cáritas para esta situación especial?

«Cáritas cuenta con unos 800 voluntarios y voluntarias en todo el territorio de la Diócesis Nivariense (Provincia de Tenerife) y con un personal técnico que apoya su labor y que trabaja en los proyectos específicos que desarrollamos. En estos tiempos de emergencia hemos tenido que hacer un replanteamiento de nuestro trabajo y de los sectores de los que nos ocupamos para centrarnos en lo que ahora era posible y realmente importante. Estamos hablando de dar prioridad a la asistencia de emergencia a las familias en las parroquias, en mantener abiertos los seis centros de acogida de personas sin hogar y en incrementar nuestra presencia a través de la UMAC (Unidad Móvil de Atención en Calle) para las personas sin hogar que viven en nuestras islas y que estaban especialmente olvidadas y abandonadas.

Por otro lado, también hemos tenido que atender a la circunstancia de que muchos de nuestros voluntarios y voluntarias son personas mayores, de alto riesgo en la pandemia y, por tanto, las hemos ubicado en un segundo plano en su voluntariado por cuestiones de seguridad. Por lo que los que han estado al frente de la atención directa han sido menos en número, pero con una dedicación envidiable y han podido llegar a la mayoría de las solicitudes. Nuestros voluntarios mayores han colaborado desde un segundo plano y con trabajos de apoyo desde sus casas, lo que ha sido también una labor importante».

«A las personas sin hogar se les dio techo en el estado de alarma y ahora la mayoría ha vuelto a la calle»

¿Cuáles son los perfiles de las personas que, por la crisis del Covid-19, se acercan a Cáritas?

«En la actualidad estamos observando cómo se ha unido al perfil de las familias en exclusión a las que ya acompañábamos, el de otras personas y familias que con ocasión del Estado de Alarma y las posteriores restricciones económicas que estamos sufriendo, se han visto abocados de un día para otro a no tener ingresos y tener solicitar ayudas de emergencia a Cáritas para poder llegar a fin de mes. Son familias que, en una situación normal, nunca habrían necesitado de nuestra ayuda.

La paralización de la economía y sobre todo del turismo y los servicios, han llevado a muchas personas a perder su empleo o a estar en situación de ERTE, con lo que han pasado a estar cubiertos por unas prestaciones sociales o de paro. Pero el problema se produce cuando, por problemas administrativos y de acumulación de trabajo en la administración, muchas de esas prestaciones no se han abonado en su momento y han dejado a las familias durante un tiempo sin ingresos».

¿Por qué para el estado de alarma de repente aparecieron recursos para acoger a los sintecho, aunque fuera en pabellones, y antes y después no?

«Esto sucede cuando la sociedad actúa ante una emergencia ya sea natural o de cualquier otro tipo. En esas situaciones todos quedamos impactados y ponemos nuestra solidaridad y los recursos disponibles para atender las necesidades creadas y somos más sensibles a compartir para que todos podamos estar atendidos. Las personas sin hogar ya estaban antes en esa situación y durante el estado de alarma eran una población que cuando todos estábamos obligados a estar en casa, ellos no tenían casa en la que estar. Eso tocaba el corazón y además era un problema de salud pública. Por este motivo se buscaron, de forma provisional y excepcional, instalaciones en las que recibir a estas personas y tenerlas atendidas debidamente. Pero cuando pasó la emergencia del estado de alarma y ya no había obligación de estar recluidos, la mayoría de las personas sin hogar volvieron a la calle de la que habían salido. Los recursos de alojamiento que se ofrecieron eran además lugares destinados a otros fines y volvieron a su uso ordinario.

El problema de las personas sin hogar a las que tantas veces no se las quiere ver o no se sabe de su existencia, es un problema mucho más profundo que la sociedad tiene que abordar de forma responsable y que no se soluciona con medidas extraordinarias y puntuales, sino que precisa un trabajo que afronte el problema desde su complejidad y con la voluntad de dar una respuesta por parte de todos».

¿Cuál es la previsión de Cáritas en cuanto a la demanda de ayudas en los próximos meses?

«No tenemos una previsión estudiada porque la situación es completamente imprevisible según el avance de la pandemia. Estamos ya respondiendo, humildemente, conforme a nuestras posibilidades, al gran incremento que se produjo en los primeros meses y que supuso el gran reto. Ahora nos toca estar preparados día a día e ir adaptándonos según la evolución que vayamos teniendo y valorar cada poco tiempo cuál debe ser nuestra respuesta.

Queremos agradecer especialmente a todos los socios, donantes y particulares que han hecho un esfuerzo en estos meses con sus aportaciones económicas y que nos están posibilitando llegar a muchas más personas de las que hubiésemos podido atender con nuestros recursos ordinarios. Necesitamos seguir contando con su ayuda y pedimos a la sociedad que, cada uno desde su situación personal, sea un granito de arena en esa ayuda para que podamos llegar a más personas».

«Se ilusionó a mucha gente con las nuevas prestaciones, pero sin realismo en los plazos ni en los recursos»

¿Están llegando las ayudas públicas a las personas que las necesitan, como el nuevo Ingreso Mínimo Vital, y la PCI, o el ingreso extra que dio el Gobierno canario…? ¿O hay más propaganda que efectividad?

«Las respuestas que han dado las administraciones con estas ayudas que han puesto en marcha creemos que son muy importantes para poder llegar y atender a las personas que necesitan salir de la situación de emergencia. Unas ayudas se consolidarán en el tiempo porque atenderán situaciones de exclusión de difícil solución y otras deberán existir hasta que el acceso al empleo y a la vivienda digna vuelva a ser un derecho real para las personas.

El problema que se está dando es que, efectivamente, las ayudas no están llegando a todos, ni con la rapidez que se anunciaron y eso produce frustración. Se presentaron las medidas como banderas sociales que ilusionaron a muchos porque podrían dar respuesta y paliar graves problemas, pero no han sido realistas en los plazos ni en los recursos de gestión necesarios para llevarlo a cabo y esto lleva a los enormes retrasos en la concesión».

¿Están supliendo las ONG más de la cuenta y de lo razonable lo que deberían hacer las administraciones públicas?

«Debemos partir del hecho de que la responsabilidad sobre los servicios sociales corresponde a las administraciones, cada una según sus competencias. Para ello pagamos los impuestos y cedemos la confianza en la gestión a nuestros representantes. Las entidades sociales y ONGs creo que estamos para poner nuestro granito de arena desde la sociedad civil, participar y corresponsabilizarnos de las necesidades que existen en la sociedad, cada uno, desde su identidad.

Nosotros en Cáritas estamos colaborando con las administraciones estrecha y humildemente, en la medida de nuestras posibilidades. Hay casos en los que efectivamente podemos ser más agiles que una administración en la respuesta que hay que dar a una familia, pero tampoco tenemos los recursos ni la responsabilidad de atender todo lo que se nos pudiese derivar desde una administración».

¿Qué tipo de ayudas son las más demandas en este momento?

«Hemos ido pasando desde la ayuda de emergencia y atención a las personas sin hogar, a poder volver a iniciar, poco a poco, los proyectos que teníamos paralizados. En concreto hemos reiniciado todo lo relacionado con el empleo y la formación presencial que se estaba haciendo on-line, la asistencia en temas de vivienda y la apertura de los centros de día de mayores que han estado cerrados por seguridad durante todo el Estado de Alarma.

Las ayudas básicas de las familias son la base de nuestro acompañamiento ya sea en forma de tarjetas para adquirir alimentos, ayudas a la vivienda y toda su problemática y el trabajo en el camino hacia el empleo y la formación».

«Espero que esta crisis rompa la peligrosa tendencia individualista en nuestra sociedad»

¿Se está cumpliendo la ley canaria de servicios sociales, muy reciente?

«La ley canaria de servicios sociales está pendiente de desarrollo y de pasar a ser realmente una herramienta con la que todos nos sintamos ligados con un marco normativo claro y eficaz. Es una pena que una normativa que fue aprobada por el consenso de todos los grupos políticos y la participación de los grupos sociales siga estando sin ser la herramienta para lo que fue creada».

Ante la crisis, ¿está en alza la solidaridad, la ética, la moral de ayudar al prójimo, o incluso eso puede estar en crisis?

«Como comentaba antes, cuando se producen situaciones de emergencia que nos alarman o que nos tocan el corazón, todos tenemos la tendencia a ser disponibles, generosos y solidarios. Estamos para lo que haga falta. Pero normalmente cuando pasa el tiempo tendemos a normalizar las situaciones y volver a nuestro nido de seguridad y el prójimo como dices, desaparece o se oculta. Nos cuesta, en general, ser perseverantes en la solidaridad.

El citado informe Foessa nos dejó una observación preocupante sobre la tendencia a la desvinculación emocional de nuestra sociedad y el alarmante individualismo que nos alejan del sufrimiento del otro. Tenemos la esperanza que esta pandemia de alguna manera rompa esta peligrosa tendencia.

Es necesario que sepamos dar un paso más allá de las emergencias puntuales y aprender que, al ver las necesidades de hermanos que lo están pasando mal, no volteemos la cabeza. Cada uno ha de plantearse personalmente qué puedo hacer yo, desde mis posibilidades, para que esa situación mejore. Es una responsabilidad moral y, para los creyentes, es el mandato del mismo Jesucristo al que seguimos».

¿Cómo ve usted la gestión que se está haciendo de la atención a los inmigrantes irregulares que llegan en pateras?

«Me parece que la situación actual está poniendo de manifiesto las graves carencias que tenemos en la atención a un problema como es la inmigración irregular que ya es tan antiguo y al que seguimos sin dar la importancia que se merece. Cuando bajan los flujos de llegada nos olvidamos. Ahora es más llamativo porque se vuelve a incrementar el número de personas que vienen y se unen problemas a acogida y alojamiento. Pero el problema está sin afrontar por las autoridades nacionales y europeas que les corresponde. Nuevamente atendemos solo a la emergencia.

Desde Cáritas no estamos en la primera línea de atención con la ayuda humanitaria como lo hacen otras organizaciones que colaboran dando lo mejor de sí en esos primeros momentos, pero sí que estamos cuando estos hermanos pasan a ser miembros indocumentados de nuestra sociedad sin hogar y pendientes de seguir su camino hacia su futuro».

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