El fútbol y la guerra de los Balcanes

Diego Mariottini es el autor de este volumen de ciencia política y fútbol, en el que dos pulsiones desenfrenadas de un mismo vacío, íntimamente vinculadas entre sí, aparecen en escena

VÍCTOR YANES

Crudo y demoledor. Te pones a leer y te atrapa, porque es un libro complejo que viaja a las peliagudas entrañas del odio. En Dios, patria y muerte, el fútbol en la guerra de los Balcanes (Editorial Altamarea, 2021) hay una máquina de matar y todo aquello que resulta costoso imaginar ocurre, de hecho, ocurrió; desintegró una nación llamada Yugoslavia y el evento bélico, terriblemente atroz, lo conocimos como guerra de los Balcanes. La máquina de matar es Arkan, pero su nombre real era Zeljko Raznatovic, con el que debió presentarse ante el Tribunal Penal Internacional en una comparecencia que nunca tuvo lugar, porque murió asesinado en enero del año 2000.

Diego Mariottini, es el autor de este volumen de ciencia política y fútbol, en el que dos pulsiones desenfrenadas de un mismo vacío, íntimamente vinculadas entre sí, aparecen en escena. Una, el fútbol; un bocado de pavoroso instinto depredador, una manifiesta y declarada hostilidad en las gradas hacia un satanizado «adversario étnico», aviva los sentimientos nacionales. La otra, la guerra; una realidad que pareciera inevitable tras la muerte del líder Tito en 1980, el cual logró, con notable inteligencia, mantener la patria forzosamente unida. Milagroso equilibrio en un país compuesto por siete repúblicas, diferentes credos religiosos y otros tantos dialectos.

En Dios, patria y muerte, el fútbol en la guerra de los Balcanes, se habla de fútbol pero también mucho de política y de Arkan, el “carnicero de los Balcanes”, el astuto delincuente con alma de criminal buscado, en los años 80, por la Interpol y que despuntó por sus violentas actividades delictivas. Fue sicario a sueldo de los servicios secretos yugoslavos en tiempos del comunismo, encargándose de eliminar todo rastro de disidencia presente más allá de las fronteras del país eslavo.

Creó una milicia paramilitar compuesta por delincuentes de la peor calaña, prisioneros y otro tipo de fauna humana sin ninguna clase de escrúpulos. Penetró en el mundo del fútbol para reclutar a hooligans del Estrella Roja, germen de los sádicos «Tigres de Arkan», dispuestos matar y a morir por  la causa nacional de la Gran Serbia.

Pero hay una fecha señalada en el calendario, el primer gran capítulo del terror, y que algunos historiadores señalan como el inicio formal de la desintegración del estado yugoslavo. Ese día es el 13 de mayo de 1990 y en Zagreb se enfrentan el Dinamo de ZAGREB (CROACIA) y el Estrella Roja de BELGRADO (SERBIA).

Dos religiones, la católica y la ortodoxa, dos lenguas parecidas pero no iguales, unos detentan el poder (Serbia) y otros aspiran a tenerlo (Croacia). El nacionalismo de la Gran Serbia ortodoxa y todopoderosa contra las ansias de emancipación de Croacia católica. Una lucha por el poder que crea el relato de la violencia y llevado a un terreno de juego, mientras la pelota rodaba sobre el campo.

La pelota es la reliquia de un deporte llamado fútbol y nunca debe ser manchada, sin embargo, esa tarde de afiladas premoniciones y violencias desproporcionadas, el fútbol es lo de menos. El ambiente está caldeado y la tensión política en aumento. Hace tan solo seis días que el líder ultranacionalista, Franjo Tudman, de la Unión Democrática de Croacia, ha ganado las primeras elecciones libres en décadas, y todo se parece mucho a una bien cuadrada orquestación siniestra hacia lo inevitable: la guerra.

En el transcurso del partido que tiene lugar el señalado 13 de mayo de 1990, los ultras del Estrella Roja (equipo visitante), alentados y dirigidos por Arkan, arrancan asientos y los lanzan al terreno de juego, lo que vino a continuación, ya lo sabemos. Hinchas del Dinamo de Zagreb invadiendo el terreno de juego e interrumpiendo el partido. Batalla campal en toda regla y una imagen icónica que quedó para el recuerdo: el joven capitán del Dinamo, Zvonimir Boban, se enfrenta a patadas con dos policías que están golpeando a los ultras croatas. Todo lo que vino después ya lo conocemos: la atrocidad de la guerra de los Balcanes.

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