VICENTE PÉREZ
Era un drago condenado al vertedero de Tenerife. Con 130 años de vida, 10 metros de altura y 15 toneladas, el monumental ejemplar se desplomó en julio de 2021 en el patio del colegio Nazaret, de Güímar, donde se hallaba rodeado de asfalto. Estuvo tirado durante semanas, hasta que el Cabildo de Tenerife, en agosto, lo dio por insalvable y decidió no trasplantarlo, tras consultar con sus técnicos y con expertos externos a la institución.
Y ahí es donde aparece, como un ángel caído del cielo, el hotelero y violinista Mario Díaz, un apasionado de la música y de las viviendas antiguas, que, sin perder la esperanza, llevó el aparatoso drago en una grúa hasta un terreno anexo a la casona del siglo XVIII de la que es copropietario, y que alberga un establecimiento alojativo de nombre sugerente: Hotel Rural Buen Retiro, Casa de la Música y el Sonido.
Desde entonces cuida este drago con una dedicación casi de padre a hijo: le toca el violín bajo sus ramas, le aplica el riego moderado y los tratamientos que le han indicado botánicos a los que ha consultado e invita de forma constante en las redes sociales a otros músicos a tocar ante este árbol vetusto.
Esta semana Mario ha recibido a PLANETA CANARIO y ha mostrado el estado de salud del drago: «Expertos que yo he consultado me dicen que se ha logrado el objetivo de que sobreviva, incluso hay quien lo califica de hazaña, aunque soy prudente y habrá que ver qué ocurre en los próximo meses, pero la realidad es que aquí lleva ya desde agosto y sigue verde, y con tres brotes nuevos». Lo explica este hostelero y músico con una emoción que no puede contener.
El Cabildo y el Ayuntamiento le dieron la ‘extrema unción’
Hay que tener en cuenta que, en un comunicado difundido en agosto de 2021, la consejera de Gestión del Medio Natural del Cabildo tinerfeño, Isabel García, informó de que las condiciones biológicas del ejemplar impedían su recuperación. «El drago no podrá ser trasplantado a otro lugar, debido a problemas biológicos y a los desperfectos producidos por su desplome en el mes de julio», subrayó la consejera, quien había acordado con el Ayuntamiento de Güímar la colaboración del Cabildo en el traslado y trasplante del árbol.
Y en esa misma nota oficial, el alcalde güimarero, Gustavo Pérez, afirmó: «En una primera valoración se contempló la posibilidad de trasplantar el árbol a un lugar cercano, para no perderlo, e intentar recuperarlo, sin embargo los informes nos indican que este trasplante no tendrá éxito debido principalmente al poco desarrollo de sus raíces».
El Cabildo alegó entonces que a esta conclusión habían llegado «los especialistas consultados, entre ellos el presidente del Centro de Iniciativas y Turismo de Güímar, Luís Marrero; el arquitecto Alberto Luengo, así como varios expertos en botánica, biología y replantación, en permanente coordinación con la dirección del Colegio de Nazaret: «No es lo mismo trasplantar un drago con su cepellón de raíces en buen estado fisiológico, que replantar un drago caído con serias patologías y en un lamentable estado de conservación […] Incluso el posible enraizamiento de sus brazos es también muy limitado, dado que el ramaje carece de raíces aéreas».
El drago sobreviviente
Pero la realidad es que, por el momento -y así lo ha atestiguado también un etnobotánico consultado por este diario- este drago sobrevive en su nuevo y musical hogar, gracias a los cuidados de Mario, un hombre que no quiere protagonismo pero sin el cual el árbol estaría ahora convertido en compost de vertedero.
Y es que el portentoso ejemplar forma parte ya de un proyecto cultural que este violinista tiene en la cabeza desde hace muchos años y que ya empieza a tomar forma: que este lugar se convierta en un punto de encuentro de músicos, para la enseñanza y la difusión de la música, con todas las actividades que se puedan imaginar vinculadas a este arte, y también su fusión con otras artes.
El proyecto del Salón de la Música o de las Doce Columnas
Para hacer realidad este sueño, aún necesita construir el Salón de la Música o de las Doce Columnas, de estilo dieciochesco, y que que ya tiene diseñado en una minuciosa y realista maqueta, diseñada por él mismo. Necesita la financiación.
En su interior se impartirá de forma altruista solfeo a quienes deseen aprender, sea de la edad que sean, con la única contraprestación de que, una vez que dominen el lenguaje musical, se lo enseñen también a nuevas personas que acudan a este sitio como alumnado.
«No me esperaba tanto apoyo: hay que guiarse por el corazón»
«Yo no me esperaba que tanta gente apoyara esta causa de salvar el drago, como he visto en las redes sociales y en quienes han venido a ver el árbol y tocar bajo él», declara Mario, una persona que no gusta de caer en la desesperanza ni en el conformismo. «En la vida, si uno tiene una causa en la que se cree, tengamos o no apoyo de otros, debemos hacer el esfuerzo de llevarla a cabo porque hay que guiarse por el corazón», apostilla.
Ahora su ilusión es que, junto a este drago renacido, y al que de igual edad que arraiga en los jardines del hotel (este sí con pletórica salud), en un futuro no lejano pueda poner en marcha el Salón de la Música e iniciar además una programación musical todo el año, con actuaciones variadas, incluyendo la del propio alumnado. De hecho, en el hotel ya se realizan pases musicales con músicos vestidos de época en la impresionante casona con mobiliario y decoración del siglo XVIII, y que atesora numerosos instrumentos de diferentes siglos, entre ellos muchos pianos, ya que además es un museo de la música.
La Casa de la Marquesa de la Florida (siglo XVIII)
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Mario cuenta que su familia adquirió hace tres décadas la casona, en San Pedro de Arriba, y comenzó su paciente labor de restauración y de llenar de contenido esta histórica edificación, que perteneció a la marquesa de La Florida, Francisca Delgado, y que ya fue hotel hasta la Primera Guerra Mundial.
«Y, como soy músico», explica a PLANETA CANARIO, «tuve la idea de que en la casa hubiera algo más que un hotel, por lo que lo dedicamos a la música, como museo y lugar de conciertos, pero con la idea de servir de punto de encuentro de músicos, tanto a los profesionales como a los aficionados, y que fomentemos este arte, porque hay quien estudia en conservatorio y luego aparcan el instrumento, como me pasó a mi durante 30 años».
Un foco cultural en una casona histórica de Güímar
«Mi intención es que en el Salón de las Doce Columnas se celebren conciertos de cierta envergadura y que muchos músicos vuelvan a coger sus instrumentos, y gente de todas las edades aprenda solfeo y sea un poco más feliz gracias a la música, a la vera de este drago maravilloso que entre todos vamos a hacer que sobreviva muchos años más», concluye, ilusionado, Mario.
A su lado, el drago renacido luce su digna arquitectura vegetal, con unos brotes verdes, alimentados no solo por los cuidados de silvicultura que le ha dispensado este empresario, sino también por las mágicas ondas sonoras de su violín.
