Ángel Suárez, hijo del timonel del Telémaco: «A los inmigrantes en pateras hay que recibirlos al menos con cariño»

El padre de este escritor gomero fue el valeroso pescador y carpintero que se amarró al timón del barco que llevó en 1950 de forma clandestina a 170 hombres y una mujer en medio de un huracán hasta América. Quedaron a la deriva y pensaron que iban a morir, pero lograron llegar a Martinica, donde descendientes de esclavos les salvaron la vida con víveres y agua; después continuaron hacia Venezuela

VICENTE PÉREZ

Ángel Suárez Padilla tenía 7 años cuando su padre, carpintero y pescador, partió de San Sebastián de La Gomera como timonel del barco Telémaco, en la que iba a ser la peor odisea de la emigración clandestina canaria a América, de la que se han cumplido en agosto pasado 70 años.

Durante aquel viaje, en que la embarcación, con 170 hombres y una mujer a bordo, atravesó dos temporales, su valeroso progenitor, Cristóbal Suárez Vera -por entonces con 36 años- se tuvo que atar al timón, donde permaneció manteniendo el rumbo, azotado día y noche por las olas y el viento furibundos.

Aquel huracán barrió de la cubierta agua y comida, y dejó a la deriva el Telémaco durante tortuosos días en que aquellos emigrantes pensaron que iban a morir de hambre y sed en medio del Atlántico.

Ángel Suarez.

Ángel recopiló todo lo que pudo de aquel dantesco viaje, que tuvo final feliz porque pudieron llegar a Martinica y aprovisionarse de víveres y agua hasta llegar al puerto venezolano de La Guaria, la mayor parte de aquellos isleños pudo emprender una nueva vida en Venezuela. Lo contó en un libro que se titula Telémaco, el último viaje.

«Mi padre tuvo un papel relevante en aquel viaje, porque se tuvo que amarrar al timón; Santiago, el patrón, se impuso de manera violenta para que la gente bajara a la bodega porque si no el mar se los hubiera llevado a todos», relata este historiador gomero, en un vídeo que ha divulgado el Parlamento de Canarias con motivo de la celebración del 70 aniversario del viaje del Telémaco.

«Embarcaron por lo que hoy era el incipiente puerto de Valle Gran Rey, donde estaba fondeado el barco; algunos no tenían dinero, pero pagaron con especies, papas y lo que podían; de allí siguieron rumbo a Agulo y Vallehermoso, ya con el barco reventando», explica el hijo del timonel.

«En Taganana tuvieron que  dar tiros al aire porque ya no cabía nadie más»

El Telémaco, cargado de inmigrantes rumbo a América en agosto de 1950.

Relata un episodio escalofriante posterior, en Anaga, última escala antes de entregarse a las fauces del Atlántico: «A su paso por Tenerife, tuvieron que imponerse con pistolas y pegar tilos al aire para que  la gente de Taganana y Almáciga no abordaran el barco». Tal era la miseria en la Canarias de entonces, poco más de una década después del fin de la guerra civil y en plena represión franquista.

Y prosigue el relato que, muchos años después,  le contaron su padre y otros de aquellos viajeros clandestinos: «Sobre las 4 y 10 del 9 de agosto parten para Venezuela, con rumbo equivocado, muy equivocado. Y así, hasta que llegó el famoso huracán, en que mi padre, amarrado al timón, mandó a romper un poco la banda del barco para que el agua saliera con más facilidad».

Hacinados en la bodega para resistir el temporal, «allí hubo de todo; se vomitaban unos encima de otros y se orinaban encima».

Teresa, la única mujer a bordo, fue «la más valiente»

Teresa García Artega, de joven y ya anciana. Falleció en 2018

Pone de relieve Ángel que la única mujer que iba a bordo, Teresa García Arteaga, «se comportó valientemente; tanto, que el pánico más bien lo tenían los hombres, que estaban acobardados». Teresa, natural de El Hierro, viviría en Venezuela, con su marido, que había partido antes que ella, hasta su muerte, con 91 años, en octubre de 2018, según publicó en su momento el diario GomeraNoticias.com

A los tres días de olas y viento endiabladas, amainó un poco el temporal, según cuenta Ángel Suárez, «y fueron a dar con mi padre, le quitaron la ropa, se la cortaron porque tenía los pies hinchados, con una hipotermia tremenda el pobre; le dieron unos buches  de coñac y unas frotaciones, y así lo reanimaron; hasta que dieron con un barco que los orientó y fueron a Martinica, porque pensaban que  como eran franceses les iban a acoger. Y así fue».

«En Martinica un negro ciego y pobre le dio dinero a mi padre»

Emigrantes canarios en la cubierta del Telémaco.

La escala en Martinica fue una especie de milagro. Una isla pobre, poblada descendientes de esclavos negros, fue, sin embargo, donde encontraron la riqueza de la solidaridad. «Me cuenta mi padre que terminándosele el gasoil entraron por la bahía en Martinica y empezaron a tirarles agua y comida; fue una tremenda rebujina allí; se quitaban la poca comida que ellos tenían y les deban de todo a los canarios», subraya el hijo del timonel.

Allí fue donde su padre tuvo una de las vivencias más emotivas de aquel viaje, y que mucho tiempo después evocaría para su hijo. «Se dio un caso muy entrañable: iba mi padre con otro amigo por aquellas calles de Martinica y en una esquina había un mendigo ciego y negro, que metió la mano en una taleguilla y le dio a mi padre 150 francos que no se olvidara nunca no solo de aquella odisea sino de la de muchos otros barcos».

«Hay que recibir a las pateras, si no con los brazos abiertos, sí con cariño»

Cristóbal Suárez, con el libro que escribió sobre el Telémaco, junto a la Torre del Conde. / PARLAMENTO DE CANARIAS

Aquella heroica y sufrida aventura oceánica en que su padre y los 170 ocupantes del Telémaco salvaron la vida de puro milagro ha marcado la existencia de Ángel Suárez.

Por eso hoy, mientras evoca estos relatos de aquel viaje en la capital gomera,  junto a la histórica la Torre del Conde, el hijo de aquel valeroso timonel no puede menos que acordarse de su progenitor y de aquellos generosos habitantes Martinica ante las noticias de la llegada de pateras y cayucos a Canarias repletas de inmigrantes subsaharianos.

«Si no no es con los brazos abiertos, al menos que recibamos con cariño a los que vienen a nuestras costas, porque quieren lo mismo que fueron a buscar los canarios en aquellos barcos sobre todo en Venezuela».

 

 

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