Cataluña está partida en dos. Esta frase resolvería cientos de horas de televisión en los que hasta el perro del vecino tiene un «¡guau!» que decir. Arrancamos con demagogia. Que cada uno pille lo quiera: «España es una, Cataluña inclusive», » las autonomías son un fracaso, pensemos en estados federales como los norteamericanos», «busquemos a un líder que reúna a derecha e izquierda en un modelo igualitario de país», » nos separamos y después nos asociamos», «planteemos una España como la manda la Constitución, y así se queda, que se aguanten los que discrepen», «hagamos un ejercicio de ciudadanos comprometidos y hagamos mil y un referéndum en todas las comunidades». La lista es parecida a la de los comentarios de un post de Facebook de cualquier medio en la que preguntasen por la españolidad del personal seguido de su capacidad de evolución, como si de un sociólogo fuese. Lo más curioso del tema es que basarse en las leyes para practicar política inmovilista es como cuando era legal la separación de razas en los baños públicos o la esclavitud, si te agarras a eso, no cambia nada ni nadie. Más demagogia. Ya lo advertí. Nos agarramos a locuras que fueron ley para justificar el estancamiento o la necesidad de avanzar. Esto es la fiesta de la demagogia, un buffet libre. Nos hemos convertido en un país que no respeta la ley, aspira a cambiarla o a tallarla en piedra. Igual la medida correcta está en el centro, pero ya ser moderado no vende. Esto es una liga en la que sólo uno aspira a proclamarse campeón, olvidando que si sólo gana uno, pierden todos los demás.
