Sólo las crisis económicas inmisericordes, como la que se desató después del desplome de la construcción en 2008 fundamentalmente, han sido capaces de frenar el galopante incremento de coches privados en nuestras carreteras. Triste conclusión si tenemos en cuenta que el antídoto es muy simple y para nada tiene que ver, como los vendedores de coches nos dan a entender, con la libertad y individual de cada uno a la hora de elegir la forma de movernos. Para nada. Mayoritariamente la gente utiliza el vehículo privado porque no hay alternativa atractiva a este en la mayor parte de los casos. Es más, las grandes “soluciones” tipo tranvía implican que un trayecto centro de La Laguna – centro de Santa Cruz, que antes en guagua se podía hacer en 20 minutos, con el nuevo modelo en ningún caso se puede hacer en menos de una hora. Ni en guagua ni en tranvía, porque para obligar a la gente a subirse a la serpiente multicolor ha sido imprescindible echar a la guagua verde de los respectivos centros hacia las afueras.
Pero la pregunta es: ¿podemos salir del atasco -ya casi permanente en fechas como estas- con un modelo distinto al de más autopistas y más carriles? Y la respuesta que se ha dado en la mayor parte del mundo más y menos desarrollado tiene que ver con cualquier cosa menos con ponerle las cosas más fáciles al vehículo privado, justo lo contrario de lo que nos venden nuestros “responsables” políticos un día sí y otro también. Las soluciones a la movilidad, las eficaces, tienen que ver con otras políticas donde, precisamente, lo que se pretende es hacer competitivo al transporte público frente al coche privado limitando el acceso de éste, y no de la guagua como se ha hecho aquí, a los centros de los núcleos importantes de población. De hecho en ciudades como Londres si entras en coche al centro pagas una pasta gansa, como lo que te dejas en gasolina en un viaje ida y vuelta del área metropolitana al sur de Tenerife, más o menos. Y dentro de las múltiples limitaciones establecidas por todo el mundo lo más habitual consiste en poner a precios prohibitivos los aparcamientos en los centros, que es justa la apuesta contraria a la que hace el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, por poner un ejemplo capitalino pero generalizabls a las políticas municipales del resto de la Isla.
¿Más autopistas para llevar los coches más rápido de un lugar a otro? Eso es una apuesta que mira al pasado, no al futuro, como tampoco es mirar al futuro apostar por circuitos de alta velocidad y demás historias para no dormir ya descartadas por completo en todo el mundo. A nadie se le ocurren cosas semejantes hoy en día pero a nosotros sí y lo defienden de igual manera los gobiernos de antes, de Coalición Canaria fundamentalmente, y los nuevos del “cambio” sostenidos por ecosocialistas y podemitas. Es verdad que algunos no salimos de nuestro asombro pero es así, tal cual.
¿Pero de dónde habrán de venir las soluciones a la movilidad que, medio año después de constituidos los nuevos gobiernos locales, insulares y autonómico sabemos a ciencia cierta que no veremos siquiera esbozados en esta legislatura? Pues vendrán, claro que vendrán irremisiblemente aunque con décadas de retraso como otros tantos temas estratégicos tipo residuos, etc., de la mano de uno nuevo modelo en el que el coche privado dejará de ser una prioridad (ni eléctrico ni de combustión; ese no es el problema fundamental) en favor tanto del transporte público, eficaz y nada que ver con lo que padecemos ahora, así como de nuevas políticas en las que no quepan planteamientos como los actuales por los que los municipios más ricos se embarcan en la construcción de miles de plazas hoteleras y ni una sola vivienda social en Arona, Adeje o Guía de Isora por décadas. Aderezado todo con unos precios de alquiler inaccesibles al 90% de los trabajadores lo que inevitablemente nos aleja cada día más y más de nuestro puesto de trabajo.
¿Entre tanto? Pues no pinta bien, ellos van a seguir metiendo dinero en macroproyectos tipo túnel de Erjos, que fundamentalmente lo que hará será llevar más coches privados al sur donde ya la situación es insostenible, moviendo por tanto el problema de un lugar a otro, o en ridículos planteamientos como el tranvía a Los Rodeos, ¡hora y media para llegar del aeropuerto a Santa Cruz centro, que es como ir a menos de 10 Km/h por la TF-5! una vez descartada la línea a La Gallega, que en todo caso tendría mucho más sentido para mitigar el gran fracaso de la Línea 2 con menos del 5% de ocupación sin que nadie se plantee la necesidad de acabar con ese dispendio.
La cosa no pinta bien y dado que los autoproclamados “ecosocialistas” están ya de parte de ellos también una vez que han tocado sillones, y en contra del interés general que va en dirección opuesta sin la más mínima duda, lo que queda es una sociedad civil defendiéndose de estos ataques al sentido común, cogiendo menos el coche, arreglándoselas en la medida de lo posible con el comercio cercano, la educación pública que nos queda cerca, haciendo uso del coche compartido o buscándose la vida como buenamente pueda para eludir el atasco en la medida de lo posible. ¿Difícil? Muy complicado, pero de momento no nos queda otra.
