RISCO CAÍDO NO ES UN OBSERVATORIO ASTRONÓMICO OBORIGEN, por Eustaquio Villalba

Para mi sorpresa, y para la mayoría de los asistentes, el arqueo-astrónomo Juan Antonio Belmonte afirmó, en su conferencia del pasado día 13 en el museo de La Ciencia y El Cosmos, que la cueva número seis del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria ni es un observatorio astronómico, ni es un calendario de las actividades agrícolas pues carece de marcas para señalar los solsticios y los equinoccios. Es más, dijo que Risco Caído no se presentó a la Unesco como observatorio astronómico de los pobladores prehispánicos de la Isla, sino como uno más de los elementos que integran el Paisaje Cultural de las Cumbres de Gran Canaria.

La solicitud a la Unesco se basaba, según el conferenciante, en su gran riqueza arqueológica y por la conservación, en su población actual, rasgos de la cultura amazigh, la que trajeron sus primeros pobladores desde el norte de África a principios de la era. Tanto es así, que había partidarios en el comité de expertos que hizo la propuesta -él era uno de los expertos- de no incluir el topónimo Risco Caído en el título del informe. Sin embargo tanto la información que dieron los medios, como en el propio informe presentado al organismo internacional, resaltaban -con hiperbólicas palabras- que esta cueva era el mayor descubrimiento en la historia de la arqueología de Canarias, pues mostraba (como dijo uno de los expertos, el arquitecto Márquez Zárate ) que los constructores de la cueva manejaron con soltura el teorema de Pitágoras y el de Tales para la construcción del observatorio astronómico. Como se lee en el informe del Cabildo.

“Lo más significativo es que esta cueva dispone de un ingenio óptico o canal de luz excavado que proyecta la luz del sol o la luna llena en una de las paredes de la cámara principal, donde se encuentran precisamente las manifestaciones rupestres en forma de cazoletas y triángulos púbicos y grabados en bajo relieve. Se trata de una manifestación única que muestra un lenguaje visual insólito para estas culturas, una hierofanía consistente en la proyección dinámica de la luz solar que penetra por la abertura, específicamente diseñada para tal fin, creando una sorprendente secuencia de imágenes que se proyectan sobre parte de los grabados. Se recrea de tal suerte un relato con imágenes visuales en movimiento que se repite desde tiempo inmemorial, cuyo discurso tendría funcionalidad simbólica y astronómica. De hecho, la cueva C6 constituye un marcador solsticial y equinoccial extremadamente complejo y singular en su concepción constructiva.” 

También los medios comunicación resaltaron como elemento fundamental para su declaración como Patrimonio de la Humanidad el hecho de ser un observatorio, valga de ejemplo lo publicado por La Provincia el 7  de julio: Los arqueólogos consideran que se trata del marcador astronómico prehistórico más espectacular de Gran Canaria, donde existen varios yacimientos con este tipo de efectos, que presuntamente ayudaban a las sociedades aborígenes a dominar los calendarios y los momentos propicios para la siembra, la cosecha o para sus ritos religiosos.” 

Y ahora el experto en astronomía histórica de la Comisión nos dice que lo del observatorio es una mera conjetura, que no tienen argumentos científicos que los avalen. Tampoco los tiene, por cierto, la hierofanía -manifestación de lo sagrado- pues los juegos de luces y sombras se prestan a multitud de interpretaciones y, por supuesto, no prueban nada. La ciencia se basa en hechos y no en conjeturas totalmente subjetivas.

Dos días antes, la directora general del Patrimonio del Gobierno de Canarias hacía unas declaraciones al digital El Cultural Canario en las que decía: “Hay críticas pero las que he escuchado son muy gratuitas y se han lanzado para hacer daño. No vienen de gente ignorante sino de personas que buscan hacer daño.” La señora Nona Perera debería saber que la descalificación personal, los juicios de intenciones y el recurso a la autoridad de quienes lo dicen (Nullius in verba, es el lema de la primera institución científica, la Royal Society de Londres) no son argumentos válidos, solo sirven para justificarse y no responder a los del contrario. Lo que no me queda claro es a qué, o a quienes, queremos hacer daño.

¿Porqué presupone intención de hacer daño, a quienes hemos expuestos críticas argumentadas a lo que dicen los expertos de la Comisión? ¿Estamos hablando de ciencia o de creencias, señora directora general? El ataque personal, los juicios de intenciones, tienen que quedar al margen del debate y la señora Nona Perera, por su formación y por el puesto que ocupa, debería saberlo. Sería conveniente que retirara esas palabras contra los que hemos osado argumentar nuestra posición ante un tema científico. No lo hacemos por maldad sino porque nos interesa la ciencia y, concretamente, el devenir histórico de las sociedades que se han vivido en nuestro archipiélago.

EUSTAQUIO VILLALBA,
Geógrafo y portavoz de ATAN

 

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