«Quienes perdimos todo por el volcán debemos asociarnos, sin miedo, pues nadie debe decidir por nosotros»

Juan Vicente Rodríguez es presidente de uno de los colectivos que han constituido las personas damnificadas por la erupción volcánica en La Palma, además de presidir la cooperativa agrícola COVALLE, cuyas instalaciones se llevó la lava. En esta entrevista con PLANETA CANARIO reivindica el asociacionismo entre las familias afectadas "para que nadie decida por nosotros", una unión social que, a su juicio, debe ser independiente de partidos políticos. Confiesa que lo perdió "prácticamente todo" por el volcán, pero destaca que aún le queda "lo más importante: la salud, las ganas de echar para adelante y de ayudar a los demás"

Juan Vicente Rodríguez, durante la entrevista con PLANETA CANARIO.

VICENTE PÉREZ

La erupción volcánica de La Palma está llena de espeluznantes cifras: 7.000 habitantes evacuados, casi 600 personas albergadas en hoteles y residencias sociosanitarias, 2.700 construcciones destruidas -entre ellas 1.250 viviendas-, 350 hectáreas agrícolas arrasadas, 1.200 trabajadores en expedientes de regulación temporal de empleo, 1.155 hectáreas cubiertas de lava… Pero detrás de los números hay personas que están sufriendo lo indecible por una inmisericorde catástrofe natural en la que desde hace 78 días no hay día después, sino otro día más de sufrimiento. La erupción ha roto muchos sueños de quienes ya han perdido sus propiedades, y hasta el lugar de sus vivencias, y ha prolongado también, como una despiadada tortura de la naturaleza, la incertidumbre de una parte de la población desalojada que aún no sabe si se salvarán sus viviendas.

Una de las personas golpeadas por este volcán sin nombre es Juan Vicente Rodríguez Leal, presidente de uno de los colectivos de personas afectadas que ya se han constituido, en concreto  la Asociación Social Volcán Cumbre Vieja. «Yo perdí una casa que llevaba toda la vida levantando con mis manos y también perdí el barrio, El Paraíso, que yo no existe, como tampoco  Todoque o parte de La Laguna», confiesa, entrevistado por PLANETA CANARIO este luchador por el sector agrario de La Palma.

De hecho, según relata, también perdió la nave de la cooperativa que preside, COVALLE, y la lava arrasó igualmente con 5 fanegadas de plátanos que cultivaba con dos empleados. «En resumidas cuentas, perdí prácticamente todo por este volcán, pero, eso sí, me queda la vida, la salud, las ganas de trabajar y de echar para delante, sobre todo de ayudar a tantos como yo».

Su principal llamamiento ahora a las miles de familias afectadas es que se organicen en asociaciones para defender sus derechos, una vez que cada cual decida qué quiere para su futuro, lo que permitirá saber los diferentes perfiles de los damnificados y sus distintas necesidades. También reivindica que ese asociacionismo sea un proceso alejado de la tentación de politizarlo. A las administraciones públicas les pide agilidad y seguridad en las ayudas prometidas, y que cuenten con la opinión de los damnificados.

La entrevista, en la que mantuvo una generosa entereza, tiene lugar en el casco urbano de Los Llanos de Aridane, a una distancia en que el volcán en ese momento ni se veía ni se sentía, aunque era imposible alejarlo de la mente.

«Tenemos que organizarnos para que no decidan por nosotros»

¿Cuáles son las principales reivindicaciones de la asociación que usted preside?
«Lo más que necesitamos es que se apague el volcán, porque se nos hace difícil cada día afrontar las pérdidas que tenemos que son las pérdidas de viviendas , de trabajo… Psicológicamente va a ser algo que nos va a costar el el tiempo, adaptarnos a dichas perdidas, pero viene el día después. Lo más que se echa en falta es que nuestros vecinos estemos constituidos en asociaciones, porque tememos que esto va a ser muy largo, por lo que debemos tener representación ante todas las instituciones públicas, porque es el sitio donde se van a tomar las decisiones por nosotros, y no debemos dejar que alguien las tome por nosotros, sino que seamos nosotros mismos quienes planifiquemos nuestras vidas   exijamos a las administraciones públicas que tomen las decisiones más adecuadas. Los políticos son quienes cambian las leyes, el suelo quien lo da son ellos, pero entendemos que para esas decisiones tendrán que contar con nuestra opinión, que somos lo que lo hemos perdido todo. Y por supuesto reclamamos tener unas ayudas para empezar a tomar los caminos que cada uno quiera para retomar nuestras vidas, que serán diferentes, según las necesidades de cada familia».

¿Es bueno o malo que haya diferentes asociaciones y plataformas de afectados?

«Yo difiero de quienes dicen que la existencia de varios colectivos significa que estamos divididos. Lo que esta asociación plantea es la necesidad del asociacionismo, la unión de los afectados desde esa perspectiva, porque luego habrá diferentes necesidades: quien quiera vivir en un nuevo barrio por la zona, quienes prefieran vivir  en un piso o en una vivienda social, en otro lugar de la isla, e incluso hay quienes puedan querer trasladarse a otra isla. Por lo tanto tenemos, desde el asociacionismo debemos tener claro cada uno de nosotros qué  queremos hacer para nuestro proyecto de vida».

¿Y cree usted que hay gente reacia a integrarse en asociaciones de afectados?

«Tenemos que asociarnos por un motivo diferente a lo que estábamos acostumbrados, y en esto no cabe el miedo. Sinceramente el miedo es porque  al final todos, de una u otra forma, estamos atados a algún partido partido o sobre todo a las administraciones públicas. Y si hay algo en esta isla son administraciones públicas.  Yo reitero mi mensaje de que es el momento de asociarnos sin miedo, de dar la cara, porque no hay que ir en contra de nadie sino pedir lo que es nuestro y, por lo tanto, tenemos que estar protegidos unos con otros».

«El Registro Único de afectados permitirá tener claras cuáles son las necesidades, pero las ayudas deben agilizarse»

¿Le ha sorprendido la solidaridad de tanta gente de toda España y otros países donando dinero para las personas damnificadas?

«La solidaridad de tantas y tantas personas nos está ayudando mucho. Tienen que darse situaciones como estas para ver lo comprometida que es la gente con los damnificados; y ha sido una sorpresa grata, porque nunca pensamos que hubiera tanta solidaridad».

¿Y qué le parce la gestión de esas donaciones -más de 10 millones de euros- en manos de las administraciones públicas?

«No se ha contado con la opinión de los afectados sobre los criterios de reparto, porque entiendo que las necesidades no son las mismas en todas las familias que han sido evacuadas, y, por supuesto, no vamos a estar todos conformes por igual. Por eso insisto en que debemos asociarnos como afectados, para que podamos estar en la toma de decisiones, no tanto en el reparto de estas donaciones, que lo razonable es que lleguen sin demora a quien necesita ese dinero, sino también en lo que va a ser el planificar los nuevos barrios y todas las ayudas oficiales que vendrán a continuación».

Los gobiernos estatal y canario, y todas las administraciones publicas en general, ha prometido ayudas que suman muchos millones de euros. ¿Confían en que llegarán?
«La respuesta de las administraciones públicas ha tenido aspectos positivos, no todo ha sido malo. Entendemos que determinadas ayudas deben llegar lo antes posible, pero también  es importante que nos digan en qué tiempo y forma van a venir, porque si a mi me dicen que un euro viene mañana y no llega, por supuesto que me voy a enfadar, pero si a mi me dicen que un euro llega dentro de 10 días y va y llega dentro de 10 días, pues yo me planifico para saber qué voy a hacer con ese euro. Y así con tantas y tantas cuestiones que aún no han llegado».

¿Qué la parece la iniciativa de un Registro Único que gestiona el Gobierno regional y al que se han adherido los ayuntamiento y el Cabildo?

«Ese servicio en la casa Massieu está recopilando todos los datos de los afectados, es muy importante para la administraciones públicas conocerlos y tener una lectura clara  de la situación y las necesidades. Creo que al final la agilidad en las diferentes ayudas será mucho mejor y más efectiva porque tendrán toda la información».

«No es momento de hacer juego sucio político con la desgracia de miles de personas»

¿Es el momento de la política con mayúsculas?

«Yo lo que pido a los partidos políticos en este momento es que no hagan política con esta catástrofe, porque eso sería un juego muy sucio. Este el momento de hacer buena gestión por parte de los partidos, tanto los que están gobernando como los de la oposición».

¿Existe riesgo de que se politicen las asociaciones de afectados?

«Desde luego en el asociacionismo que defiendo no caben voces políticas, ni intereses políticos, sino buscar el bien de todos y haciendo que se defienda el bien común teniendo en cuenta las necesidades de todas y cada una de las familias afectadas».

¿Teme el día después? Es decir, cuando acabe la erupción y haya que afrontar esa realidad nueva que ha dejado el volcán…

«Desgraciadamente las personas estamos en un segundo plano ahora, y el volcán en el primero, porque continúa la erupción. Pero, en efecto: cuando lleguemos a ser nosotros los protagonistas es cuando viene lo duro, es cuando vamos a ver que nuestras vidas han cambiado, que no podremos volver a nuestros barrios y que estamos molestando en la acogida generosa que los vecinos, familiares y amigos nos han brindado. Una ayuda que no tenemos suficientes palabras para agradecerla. También debo decir que nosotros los palmeros tenemos una adaptación a las catástrofes muy grande. Los barrios afectados son mayormente agrícolas y ganaderos y, por lo tanto, su mentalidad es diferente; y eso también nos va a ayudar a remontar esta desgracia tan grande. El sobrevivir lo llevamos en el ADN y por eso estamos aguantando».

«Yo he perdido prácticamente todo con el volcán, pero me queda lo más importante: la salud y las ganas de echar para adelante»

En su caso, ¿cómo le ha afectado esta catástrofe?

«Yo perdí una casa que llevo toda la vida levantando con mis manos, y que hice a trocitos hasta que al final la terminé. Construí también mi bodeguita. Y parte de eso también perdimos el barrio, El Paraíso, que yo no existe hoy, como pasa también con Todoque o parte del barrio de La Laguna. Mi familia es numerosa, somos 9 hermanos y perdimos 20 casas en total  entre hermanos, tíos u primos.  Pero aparte de eso perdí la cooperativa de la cual soy presidente, COVALLE, y también perdí 5 fanegadas de plátanos que han quedado sepultadas, donde tenía dos empleados que he puesto en ERTE y no sé como los voy a incorporar, porque no tengo trabajo para ellos. Así que, en resumidas cuentas, perdí prácticamente todo por este volcán. Eso sí, me queda la vida, la salud, las ganas de trabajar y de echar para delante, sobre todo de ayudar a tantos como yo».

Más de 350 hectáreas agrícolas están sepultadas por la lava, un duro golpe para el agro palmero. ¿Cómo cree que va a recomponerse el sector?

«Todos los agricultores que queramos volver a cultivar fincas las vamos a tener, no me cabe la menor duda. Sé que no va a ser el año que viene ni el próximo, pero los que queramos cultivar tierras las vamos a tener, estoy convencido de ello, y vamos a poder seguir viviendo del plátano, y a diversificar nuestra economía, poniendo valor añadido a todas las tierras que no hemos plantado, donde se puedan dar bien no solo plátanos sino otros cultivos».

¿La vida es acaso el mayor bien que no se ha llevado esta erupción?

«Bueno, hemos tenido una muerte, un compañero socio de nuestra cooperativa, Julio, vecino de Las Manchas. Todas mis condolencias para la familia y el barrio de Las Manchas, pues esa vida es lo peor que nos ha llevado el volcán».

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