Puerto Naos: soledad y cenizas

La localidad residencial y turística de Los Llanos de Aridane es una de las evacuadas desde el primer día de la erupción. Una capa de negra arena volcánica cubre las azoteas y las calles. Así lo encontró PLANETA CANARIO esta semana

Imagen aérea de Puerto Naos, captada esta semana. / GOBIERNO DE CANARIAS

VICENTE PÉREZ

El núcleo residencial y turístico de la costa de Los Llanos de Aridane, Puerto Naos, se encuentra desalojado desde el día de la erupción. Tiene unos mil habitantes, aunque hay que añadir la población flotante, turística y de segundas residencias. Además, están planificadas 2.500 camas turísticas más en la zona.

Esta semana, durante una visita organizada por el Gobierno canario con medios de comunicación, PLANETA CANARIO pudo visitar Puerto Naos. Su soledad, sus calles vacías, sus negocios cerrados, la negra mancha de arena volcánica que lo cubre todo uno o varios centímetros encogen el ánimo. En esa jornada el penacho de cenizas y gases surcaba el cielo tras los edificios y los acantilados.

 

Estos días es una localidad fantasma junto al mar. Cubierta de ceniza del volcán, no ha sufrido otros daños, pues la lava queda por ahora muy lejos, aunque la colada principal que llega al mar se bifurcó este jueves, 8 de octubre, derramándose sobre el extremo de la antigua isla baja formada por el volcán de San Juan en 1949. Las imágenes de este reportaje son anteriores a ese hecho.

Los únicos sonidos ahora en Puerto Naos son los del volcán, a lo lejos, y el reconfortante del mar… Si acaso se añaden las pisadas de policías y guardias civiles, produciendo el chasquido del picón al ser machado por el paso de un ser humano. Esa tarde de la visita, era una excepción la presencia de periodistas.

Puerto Naos está ahora desconectado del valle de Aridane. Si antes se tardaban 10-15 minutos desde El Paso o Los Llanos en llegar a este núcleo turístico y residencial, el principal de la costa de este valle, ahora se tarda más de una hora, porque hay que hacer un recorrido que implica pasar la cumbre, recorrer el este de la Isla, atravesar Fuencaliente y venir por el sur, mediante una carretera general que lleva muchos años en obras, con solo algún tramo terminado, y con frecuentes cortes por los trabajos que se llevan a cabo, que implican grandes desmontes, rellenos y construcción de muros enormes.

Para ello necesitarán el agua que antes venía por conducciones que han quedado cercenadas por la lava, por lo que el Gobierno canario adquirió desaladoras portátiles, que llegaron ya a Puerto Naos, pero cuya instalación se vio interrumpida por la citada emergencia de la bifurcación de la lava. Y ahora se ha retomado, porque las plataneras que rodean este núcleo turístico está sedientas y es una carrera contrarreloj.

El origen de Puerto Naos al igual que los núcleos cercanos de La Bombilla, El Remo o La Playa de Los Guirres, en el litoral del Valle de Aridane, está en la necesidad de los peones de las plataneras sin tierras, a ocupar de manera permanente las zonas conocidas popularmente como “de la marina”.

En su haber histórico figura  la agresión liderada por el marino norteamericano Joseph Stocker, procedente de Boston (Massachussets), aún en aquellas fechas bajo pabellón inglés, quien, en el contexto de la llamada guerra de la Oreja de Jenkins, desembarcó el 12 de diciembre de 1740 en Puerto Naos, en la costa oeste de La Palma, y recibió un duro castigo por parte de las milicias locales. Una veintena de milicianos armados con escopetas, palos y mazas, acabaron con la vida de 30 corsarios, obligando a los supervivientes a retirarse.

Durante la Guerra Fría el ejército de Estados Unidos construyó una base para la detección de submarinos soviéticos a las afueras de la localidad.

A partir de los años 80 del siglo XX, y, en especial, tras la inauguración del hotel Sol en 1990, se aceleró el desarrollo residencial y turístico de este enclave. Se encuentra ubicado sobre una isla baja del volcanismo reciente de Cumbre Vieja y ahora sus habitantes, evacuados, y los propietarios de sus negocios e inmuebles viven la incertidumbre de esta nueva erupción volcánica.

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