VICENTE PÉREZ
La Asociación de Agricultores y Ganaderos en Canarias (ASAGA-ASAJA) discrepa de los activistas y veterinarios que defienden la prohibición de las yuntas de vacas en las romerías. En declaraciones a este diario, el secretario general esta organización, Javier Gutiérrez, manifiesta que, aparte de cumplir la normativa sobre bienestar animal, son los propios ganaderos los que controlan que los animales no sufran en estas fiestas (tanto en el transporte hasta su lugar de celebración como en el peso de las carretas).
Alega también que veterinarios contratados por los ganaderos como el Seprona vigilan que el ganado esté en buenas condiciones y subraya que además su presencia en las romerías «forma parte de la idiosincracia de muchos pueblos de Canarias», por lo que presagia que no permitirlo sería acabar «con la esencia de la tradición», al igual que con la diversidad genética de las razas autóctonas, que podría perderse, sin olvidar la función de mantenimiento del paisaje agrario.
Estos argumentos contrastan con el criterio «científico» de la Asociación de Veterinarios contra la Tauromaquia y el Matrato Animal AVATMA), formada por 560 profesionales de toda España, que ha pedido públicamente la abolición de la tracción animal de carretas en las romerías canarias (ya lo habían solicitado antes para el deporte del arrastre), y su sustitución por medios mecánicos como tractores u otros automóviles, ya que no albergan ninguna duda de que estos animales, en esas celebraciones, padecen un «sufrimiento innecesario e injustificado» no solo con el peso del que tiran, sino por las anillas, a lo que se une las pendientes por las que transcurren determinadas romerías, como la de La Orotava, y el estrés que les produce el bullicio humano.
En la misma linea piensa la Red Canaria Solidaria contra la Crueldad Animal, que además ha invitado a hacer una»evolución moral» en la sociedad para evitar sufrimientos a los animales, puesto que ya, en general, no son necesarios para la carga en el campo, por lo que mucho menos si se trata de fiestas «para divertirse los humanos».
«No debemos humanizar a los animales»
En este debate social, el representante de ASAGA expone que «no debemos humanizar» a estos animales en el sentido de aplicarles nuestra misma capacidad y tolerancia a determinadas actividades y condiciones, pues las razas autóctonas que se llevan a las romerías, dice, «están adaptadas al trabajo y sus carácterísticas fisiológicas permiten la carga que llevan». En todo caso, aclara Gutiérrez, «antes de la romería el propio ganadero mira qué carreta va a transportar su ganado y cuánta gente irá encima, para saber si tiene el peso adecuado».
«Velamos por el bienestar animal, de modo que todo el que participa en una romería tiene una inspección veterinaria, y si alguno está en condiciones, se le prohíbe participar, y se sustituye por yuntas de reserva», explica Gutiérrez, quien enfatiza que «no solo controlan esto los veterinarios nuestros sino también el Seprona», todo ello «para garantizar que las vacas no van a sufrir».
Además, pone de relieve el dirigente de ASAGA, «el ganadero también mira el recorrido de la romería, pues hay zonas que pueden ser dificultosas, y ya ha habido cambios de trayectos por esta razón; y además, respecto al suelo , se ha consensuado con los organizadores que se ponga gravilla sobre los adoquines, para que el animal esté mejor y no esté resbaladizo».
En el caso de la Romería de San Isidro orotavense, la inclinación de una parte del recorrido fue precisamente el principal detonante de las quejas de los animalistas. «En esas pendientes se usa el frenado en las carretas», apostilla Gutiérrez, que además circunscribe a un hecho aislado y accidental el que unas vacas en La Orotava tuvieran que tirar de una carreta con una rueda totalmente frenada por un fallo en el mecanismo.
Anillos en la nariz, «necesarios por seguridad»
En cuanto al uso de las anillas en la nariz, práctica que ha recibido muchas críticas de AVATMA por ser un tejido sensible, el secretario general de ASAGA lo defiende como necesario «como medida de seguridad para poder manejarlos en circunstancias excepcionales», pues se trata de animales «de 1.000 o 1.200 kilos». Añade que «las anillas se les ponen cuando son pequeños, y se acostumbran».
Otro argumento que utilizan los ganaderos es el cultural. Aunque los detractores de la tracción animal como parte de una fiesta y del arrastre como deporte tradicional opinan que no se puede considerar cultura lo que no es moral por causar sufrimiento a los animales, Gutiérrez insiste en que «en Canarias estas festividades exaltan que el propio agricultor y ganadero desde siempre llevaba su ganado como devoción religiosa para que lo bendijera el santo, y para agradecer con estas fiestas, en su origen y todavía, que la cosecha ha sido buena o pedirle por que lo sea».
«Es tradición cultural, no se concibe una romería sin yuntas»
De ahí que el representante de ASAGA incida en que «la esencia de esta tradición es que el animal lleve las carretas, es un elemento cultural, por lo que prohibirlo supone quitar la esencia de esa tradición». «Es cierto que algunas romería llevan tractores», apunta, «pero en la mayoría de los pueblos no se concibe sin carretas con sus animales, siempre, claro está, velando por su bienestar».
Pero es ahí donde radica el quid, la Red Solidaria contra la Crueldad Animal advierte de que hay un dictamen «científico» de una asociación de veterinarios que concluye que sí hay sufrimiento físico y psíquico en las vacas y toros en las romerías, por lo que, según los animalistas, frente a esta conclusión de estos expertos se puede prevalecer la mera creencia o sensación de que los animales no sufren.
Mantener las razas autóctonas
Una cuestión en la que ponen énfasis los ganaderos es en el mantenimiento de la razas autóctonas, algo que hacen por cultura, «por arraigo sentimental, de generación en generación», y no por la ganancia económica que obtienen en las romerías, asegura Gutiérrez, «pues la ayuda que reciben no les da ni para cubrir gastos», y si es por rendimiento de leche y de carne, se crían otras razas foráneas.
«Si desaparecen el deporte del arrastre y las yuntas en las romerías, al final es una raza que estaría abocada a que solo la Administración Pública la mantenga, en granjas visitables, pero con eso se perdería genéticamente la raza, e insisto en que también pierde sentido desvincularlas de la esencia de la tradición que es llevarlas a estas fiestas».
Y no solo eso, añade el dirigente agroganadero, «sino que también se perdería una actividad de muchas familias en zonas rurales que posibilita la limpieza de malezas y la siembra para dar de comer al ganado, y todo eso lleva aparejados beneficios medioambientales y paisajísticos».
«Así que somos los primeros interesados en que el animal no sufra, y por eso los cuidamos», sentencia a modo de conclusión el representante de ASAGA sobre un debate que, en todo caso, está en la sociedad y no parece que vaya a ir a menos en los próximos años.
