RUBÉN EXPÓSITO
A menudo ocurre que el divorcio entre público y crítica es un hecho consumado. Las salas de todo el mundo se llenan para ver un film que a los críticos de cine les hizo llorar sangre y les provocó un ictus espiritual pasajero.
Este es uno de esos casos, 50 sombras de Grey (2015), la primera entrega de la trilogía escrita por E. L. James recaudó más de 570 millones de dólares. Las dos siguientes entregas siguieron la misma suerte, Cincuenta sombras más oscuras (2017) y Cincuenta sombras liberadas (2018) fueron sendos éxitos en taquilla y una úlcera para la crítica cinematográfica mundial. Si no las has visto, te cuento un poco de qué van…
‘50 sombras de Grey’
La protagonista es Anastasia Steele (Dakota Johnson), una joven e inocente estudiante de Literatura que, como favor a su mejor amiga, se verá inmersa en una tarea periodística que en un principio no le agrada demasiado.
El encargo consiste en entrevistar a uno de los más ricos empresarios del momento: Christian Grey (Jamie Dornan). Apabullada por su carisma, Anastasia caerá rendida a los pies de un galán sin ninguna opción de resistirse. Sin embargo, cuando empiecen a intimar, se dará cuenta de que las costumbres sexuales de su pareja en la cama no resultan nada convencionales: por decirlo de alguna manera, al muchacho le va el tema de los leñazos amorosos.
Ante ella se abre un mundo completamente nuevo de posibilidades, desde ir a la comisaría de policía más cercana o meterse de lleno en el mundo de la ferretería sexual, cinta de embalaje, bridas de las de agarrar los cables de detrás de la tele, correas y collares para pasear a Lassie como una dama y toda una gama de objetos similares, que te hace preguntarte como Leroy Merlin no patrocinó esta película….
Sin dudarlo, porque si no, no hay historia, la chica accede a sumergirse en el terreno del sadomasajismo, como le escuché decir una vez a una señora en un supermercado. El pivote donde gira la película es que Christian, que ya a priori tiene nombre de chiquillo ruin, la obliga a firmar un contrato en prácticas para poder empezar a ilustrarla en el arte del sogazo cariñoso. El resto de la película es un tira y afloja entre los protagonistas, que te quiero, que no te quiero; que te meto; ¡que me dejes ya muchacho!… y acaban mal, porque en las relaciones personales siempre alguien acaba herido.
Cincuenta sombras más oscuras
En esta entrega, la pareja que estaba enfadada desde el final de la primera parte, en un pim pam pum se arreglan, literalmente y se descubre que el pasado del protagonista es más oscuro que el sótano de su casa, y volvemos una vez más a las andadas, lo de siempre, más de lo mismo, tiremos para el Carrefour que hay un 3×2 en cinta aislante y después vamos al Ikea que esta noche sí que vas a saber lo que es el sadismo que voy a comprar una zapatera Viking Lackdesign y la vas a tener que armar sin la llave. Pasa una hora y pico de dame tú, no, dame tú que a mi me da la risa, más caricias a mala leche… y así, al golpito, llegan a la proposición de matrimonio del amigo Grey. Fin.
Cincuenta sombras liberadas
En esta última entrega, la pareja está de luna de miel en una playa paradisiaca, un lugar precioso alejado de la civilización, de esos sitios que por más que grites no te oye nadie, para estar tranquilo con un cubata, bañándote, leyendo el Marca y azotando relajado a la parienta. Una hora y pico más de aquí te pillo, aquí casi que te mato y al final….
No voy a desvelarlo, porque seguro te quedaste con ganas de ver la trilogía. Para terminar, volvemos al principio: estas tres películas fueron un éxito de taquilla indiscutible y un saco de boxeo para la crítica especializada (como Anastasia). En mi caso, creo que me quedo con las dos cosas, nunca me había gustado una película tanto que no me gustara…
