LOS EXCESOS QUE DESVIRTÚAN LOS PLACERES, por Rubén Expósito

Los excesos desvirtúan los placeres. Grandísima frase que engloba casi cualquier tema desde algún ángulo por pequeño y camaleónico que sea, como el tendón de Aquiles, una pequeña zona que hace caer a una máquina humana casi perfecta. Tengo un amigo, un gran amigo, de esos que agradeces que esté en tu vida porque la mejora sustancialmente. Me contó que era alcohólico. Así, a bocajarro. Como un tiro en una ejecución. Algunas verdades son tan evidentes que de lo cerca que están, no podemos verlas.

Todo estaba ahí desde hace mucho, pero nuestra visión parcial por el cariño que nos inunda hacia esa persona, al igual que cuando abrimos los ojos debajo del agua, hace que la realidad se vuelve borrosa aunque no sea ese su verdadero aspecto. La cuestión que atañe principalmente a esta reflexión es que no nos imaginamos ni de casualidad las verdades que se nos plantan muy cerca continuamente y repetitivamente en nuestra vida, en nuestra cara, a la suficiente distancia para verlas, aunque casi nunca lo hacemos, vemos a la persona que hay detrás, y creo que debemos seguir haciéndolo.

La percepción de la gente que queremos tiene una connotación tan subjetiva a veces que desdibujamos lo que esa persona en realidad es. Descubrirlo es sencillamente una cuestión de encontrar a Wally; siempre ha estado ahí, aunque hayamos tardado en verlo. Por lo demás, no me preocupo más allá de lo evidente. Todos lidiamos con diablos, solo cambia el apellido de una persona a otra. Estoy seguro de que va a superar y controlar esta adicción, pues no es el primero ni el último, y en la experiencia hallan refugio los novatos. La moraleja de esta historia puede que sea que debemos dar un paso adelante o atrás para enfocar a la gente que tenemos alrededor, porque esa pequeña distancia puede que lo cambie todo.

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