Inmaculada, enferma y sin techo en Santa Cruz de Tenerife, sufre un ataque y es hospitalizada

Esta mujer, que suele dormir en los aparcamientos del Mercado de Nuestra Señora de África, contó hace 10 meses a PLANETA CANARIO su testimonio. Nada ha cambiado para ella en este tiempo. La víspera de los Reyes Magos le ha traído incluso más enfermedad

  1. PLANETA CANARIO

Inmaculada, una mujer de más de medio siglo que malvive en las calles de Santa Cruz de Tenerife, está enferma y  sufrió un ataque este fin de semana, lo que le provocó además que se golpeara contra el suelo. Ha sido preciso que reciba atención médica y quedó hospitalizada.

Ella duerme siempre que puede en unos aparcamientos del Mercado Nuestra Señora de África, lo que para esta ciudadana sintecho es «su hotel de cinco estrellas», porque allí al menos se protege de las noches frías del invierno. PLANETA CANARIO contó su historia en marzo pasado. Entonces, comentó: «En el albergue municipal un día me dicen que hay plaza, otro día que no, y aquí no hay más sitios: o allí o la calle, que es donde estoy por circunstancias de la vida, y porque además con una pensión de poco más de 300 euros poco puedo hacer».

Lo afirmaba con una voz quebrada y en el rostro el sufrimiento físico y psíquico de una existencia que, para ella, no ha sido color de rosas, y que se quebró además laboralmente cuando enfermó.

La ambulancia que atendió a Inmaculada tras sufrir un ataque y caerse al suelo.

La Alianza de Vecinos de Tenerife ha confirmado a este diario que Inamaculada sufrió este domingo víspera de Reyes, cuando cayó inconsciente y recibió un golpe, y fue trasladada en ambulancia a un hospital. Lamenta este colectivo vecinal la situación que viven los sintecho, por falta de la atención necesaria por parte de los servicios sociales públicos, y aunque valora los avances anunciados por los nuevos gobiernos surgidos de las pasadas elecciones, los ve «claramente insuficientes».

Critica que para estas personas sin hogar, machacadas por historias personales lastradas por mil problemas, las perspectivas de puedan salir de la calle son pocas si las Administraciones Públicas no se deciden de una vez a abordar de forma sistemática el problema del sinhogarismo, pues los programas atención como el Housing First -que les provee de atención personalizada y una vivienda- no benefician de momento sino a una pequeña parte de los afectados.

La Alianza de Vecinos insiste en que no valen «excusas» y que «nadie debe dormir en la calle , ni en Santa Cruz ni en ningún otro municipio, ni tampoco la sociedad deber asumir con normalidad este problema, por una cuestión de obligación moral y de justicia social con los más necesitados», por lo que es preciso que se busquen viviendas y otros recursos de alojamiento dignos alternativos al albergue, y estas personas reciban la ayuda de emergencia, tanto material, psicológica y como todo tipo que les sque de esta vida.

La conversación de Inmaculada con PLANETA CANARIO tuvo lugar en marzo, en las inmediaciones del mercado municipal donde sufrió el ataque este domingo, en uno de esos bancos donde por el día habitualmente se sientan personas con techo y que por la noche sirve de minimalista y fría morada a quien no tiene hogar adonde ir. Allí suele compartir conversaciones con Carmen Cruz, una anciana de 80 años que también vive en la calle, y cuya historia también relató este periódico.

«Cuando no hay cama en el albergue me voy a mi hotel de cinco estrellas, con los cartoncitos, y menos mal que en las monjitas me puedo bañar, y me dan ropa y comida; pero ellas no tienen donde dejarme dormir, pero no se les puede pedir más, ya hacen bastante», contaba hace diez meses Inmaculada en alusión al comedor social de las Hermanas de la Caridad, en la histórica calle de La Noria. «Pobres chicas, hay que ver todo lo que hacen por nosotras», añade, en elogio de las humanitarias monjas.

Inmaculada no está bien de salud. Lo contó a PLANETA CANARIO: «Estoy operada de cáncer, en el pecho, de tres tumores, y sufro artrosis en los huesos; pues en esas condiciones, y lo digo por mi madre que está en el Cielo, me tuve que quedar en los aparcamientos, con tres cartones que cogí, porque no tenía plaza en el albergue».
Para ella el albergue no es un lugar que le anime a salir de su pozo: «Todos los días hay broncas, el ambiente no es bueno, y son habitaciones para dos personas, a menudo no conoces a tu compañera de techo, así que me tengo que acostar con ropa y todo; y encima para entrar tienes que esperar hasta las 8 de la noche, ante es imposible, y yo estoy enferma».

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