HOY CASI ME TOCA, por Rubén Expósito

Estaba comiendo con la familia y tocaron a la puerta. El cartero antes de golpear la puerta suele venir precedido por un ruido a Vespa inconfundible. Esta vez no. No había moto que diera una tranquila pista del acontecimiento a llegar. Simplemente una persona tocó.

Abrí la puerta y allí estaba. Un poli repartiendo alegría; las notificaciones de que te había tocado una mesa electoral. El colega tocó en mi puerta porque se acordaba de las últimas elecciones, y tenía dudas sobre los números de la calle, y como han sido tan cercanas en el tiempo, tanto que recuerdas las caras de los agraciados, optó por preguntarme a riesgo de que me diera un infarto por ciertos números de la calle que no tenía claros, pero asegurándome con una sonrisa que no buscaba a ningún adulto de mi casa.

Yo estaba almorzando. Abrí y me acordaba de su cara. Se me cortó la digestión. Lo vi y me sentí violado. Demócraticamente violado, eso sí, esos delitos que no puedes denunciar. Pero los astros conjugaron a mi favor, el policía sólo quería preguntar por dos direcciones que no tenía claras de mi misma calle. En la lista no estaba yo esta vez. Obvio decir que fui mega amable indicando dónde podía atrapar a los demócrátas despistados, hasta atraparlos como gacelas huídas me hubiera prestado, un deber democrático del que me siento orgulloso. Eso sí, se me quitaron la ganas de comer, tanto como las ganas de votar que tienen los españoles en las enésimas elecciones de la democracia en las que nadie se pone de acuerdo, al igual que nosotros, mi familia,  peleando sobre quien abría la puerta…

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