Hilda, una luchadora de 85 años contra la ceniza del volcán

Esta anciana de San Nicolás, en el barrio de Las Manchas, afronta con una nieta la interminable labor de limpiar su casa y alrededores de la gruesa capa de ceniza arrojada por la erupción de Cumbre Vieja. Algunas familias se quejan de que falta ayuda pública para esta tarea, pese a la contratación, hasta ahora, de 700 trabajadores con un plan de empleo. "Somos muy afortunadas porque nuestra casa no se la llevó el volcán", confiesa, pala en mano, esta palmera veterana de la vida que es capaz de contagiar, con su tenacidad e ilusión, la esperanza a los más jóvenes. Su emotiva historia la ha divulgado la productora audiovisual I LOVE THE WORLD

Hilda, limpiando la ceniza volcánica a sus 85 años. / I LOVE THE WORLD

VICENTE PÉREZ

El volcán sin nombre de Cumbre Vieja ha mostrado su implacable poder destructor.  Y se suele decir que el ser humano queda reducido a la nada ante estos fenómenos geológicos. Pero en realidad la mayor fuerza de la naturaleza es la de la voluntad humana contra la adversidad.

Esta reflexión no es mera poesía. De esta voluntad inquebrantable están dando muestras muchas personas afectadas por esta catástrofe natural. Y un ilustrador y emotivo ejemplo es Hilda, una vecina de San Nicolás, en el barrio de Las Manchas, que, a sus 85 años, no se lo ha pensado dos veces, y ha empuñado la pala para limpiar las montañas de ceniza que inunda su casa, de la que estuvo meses evacuada por la erupción.

Hilda, con un cartel de la carretera donde está su casa. / I LOVE THE WORLD

Con su nieta Montes, de 35 años, esta veterana de la vida, para quien esta erupción no es la primera, se entregan a una labor que parece interminable, que agota sus cuerpos pero no sus mentes. El volcán no se llevó sus casas, y en eso se sienten «muy afortunadas»,  pero les dejó el paisaje sepultado en ceniza.

Hilda es tan batalladora y generosa que, aunque necesita ayuda, no la pide. La necesita, pero, como en las últimas semanas están viviendo muchas familias, no la están ofreciendo la administraciones públicas en la medida en que algunas personas lo requieren para intentar desalojar todo el material que vomitó el volcán al aire y se precipitó sobre este barrio de Los Llanos de Aridane.

El Gobierno canario, el Cabildo palmero y los tres ayuntamientos de los municipios más afectados han puesto en marcha un Plan Extraordinario de Empleo y Formación con el que ya se han contratado casi 700 personas y se prevé ampliar esta cifra hasta 1.761, para la limpieza de ceniza y otras labores de reconstrucción. Pero la realidad es que algunos vecinos se quejan de no recibir ayuda para despejar el entorno de sus casas. Y se desesperan.

Hilda, pala en mano, retirando ceniza en los alrededores de su casa. / I LOVE THE WORLD

En estas circunstancias, la productora audiovisual I LOVE THE WORLD ha publicado en FACEBOOK la entrañable historia de esta anciana, quien, llena de sano orgullo, y aunque en el fondo precisa de que le echen una mano, ha manifestado: «No necesitamos ayuda, mi nieta y yo podemos hacerlo solas. Nos queda mucha vida juntas y somos muy afortunadas porque nuestra casa no se la llevó el volcán. Hay mucho que hacer, mi niño».

Esta productora, que durante y después de la erupción ha realizado y publicado en las redes sociales cientos de imágenes de dron de alta resolución a petición de las personas afectadas, ha reflejado en las últimas semanas el tenaz esfuerzo que están haciendo los vecinos, algunos de avanzada edad, para retirar la gruesa capa de ceniza, tan abundante,  que ha sorprendido hasta a los vulcanólogos. El volcán sin nombre la arrojó sin piedad día tras días, durante casi tres meses, sepultando viviendas en las zonas más próximas al cráter y con importantes grosor también en zonas alejadas.

Hilda, rodeada de ceniza en los exteriores de su casa. / I LOVE THE WORLD

La hay por todas partes. No se sabe ni por dónde empezar en las casas. Pero Hilda no para de dar trabajosas, valientes paladas. Aferrada a la vida con envidiable impuso juvenil, ella disfruta de la ilusión de seguir adelante, con la ventaja de todo el pasado que ya atesora, este hatillo al hombro de la experiencia acumulada, la sabiduría del vivir. Esta erupción no iba a doblegarla. Como no lo hicieron otros acontecimientos duros. Y Ni siquiera con ella puede usarse la socorrida metáfora de que renace de sus cenizas. Después de 85 años, ella sabe que la fuerza de una mujer, y la fuerza de muchas mujeres y hombres, será, sin duda, mayor que la de un volcán.

 

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