VICENTE PÉREZ
Con casi 103 años y un gesto sereno por la costumbre de vivir, María Estrella Martín Hernández esperaba emocionada la llegada del papa León XIV al puerto de Santa Cruz de Tenerife.
Sentada en su silla de ruedas y con la alegría interior de que iba a cumplir un sueño, Estrella era una de las 35.000 personas que acudieron a la histórica misa del pontífice el pasado 12 de junio en el muelle chicharrero.
Nacida en julio de 1923 en San Andrés y Sauces, Estrella pasó su primera infancia en este municipio del norte de La Palma, convertido en un mar de plataneras, antes de trasladarse a la capital palmera.
Hace ya seis décadas fijó su residencia en Santa Cruz de Tenerife, y es madre de cuatro hijos. Atesora más de un siglo de esfuerzo y la superación, ya que no vivió entre algodones, como ella confiesa, sino que cuanto ha podido lograr es gracias a su esfuerzo y también a su fe, en sí misma y en Dios.
Minutos antes de la llegada del papa al puerto capitalino, PLANETA CANARIO conversó con ella mientras aguardaba, emocionada, entre la multitud. Estaba junto a una nieta y portaba un cartel con el siguiente texto: «El próximo mes cumplo 103 años, hoy cumplo un sueño gracias a mi nieta». Pese a la larga espera, el sol de justicia y las dificultades de movilidad, Estrella irradiaba felicidad.
La presencia de Estrella en la misa fue posible gracias al cariño de su nieta, Elena León, quien convirtió en realidad el deseo de su abuela de ver al papa en persona.
“A ella le hacía ilusión venir; se lo quería hacer de sorpresa, pero no pudo ser porque se tenía que preparar y saber que venía aquí; pero así y todo está muy ilusionada ella”, relató Elena, contagiada de la ilusión que irradiaba su abuela.
Para la nieta, llevar a su abuela a este acto fue “un acto de amor, de ilusión y de esperanza” hacia quien tanto ha luchado durante su vida.
Y es que Estrella reconoce que, en tantos años de vida, ha atravesado momentos muy duros, aunque nunca se permitió perder la esperanza. “Que no se desanimen —aconseja a las generaciones más jóvenes— yo he tenido, como es natural en tantos años muchas cosas desagradables y buenas también”.
Aseguró sentirse agradecida por las personas que ha encontrado en el camino y por las oportunidades que surgieron incluso después de los peores momentos.
Su mensaje es una lección de vida: “A toda edad se puede disfrutar de los bienes de Dios; así que cualquier edad es buena para ser feliz”.
Para Estrella, la felicidad no entiende de años, sino de actitud para encarar los malos momentos y capacidad de disfrutar de los buenos, sacando siempre una enseñanza de ambos lados de la balanza para encontrar el equilibrio vital.
Dio clases de mecanografía y, ya cerca de los 48 años, comenzó una nueva etapa laboral como administrativa en la sanidad. Su fe también fue consolidándose con el tiempo.
“Siempre he creído en Dios”, afirma, explicando que hoy se considera ·»una católica practicante» y que aquello que no entiende “lo deja en manos de Dios”.
Elena no duda al definir a su abuela como un ejemplo de fortaleza. La describe como una mujer “valiente y luchadora”, que sacó adelante a su familia y nunca dejó de apoyar a los suyos.
“Ha sido muy de apoyar a su familia”, resumió, orgullosa de quien trajo al mundo a su madre e hizo posible su propia existencia.
A punto de cumplir 103 años, su regalo estaba ya en el puerto de Santa Cruz: pudo ver al papa de lejos, sentir la emoción colectiva de esa celebración religiosa y dar gracias a la vida.
