Domingo Guerra, párroco de El Paso: «Me pregunto si no se hizo el milagro con el volcán por falta de fe en Dios»

El sacerdote ha mantenido abierta las 24 horas la iglesia de Tajuya, en cuya plaza se ha concentrado la mayoría de personas para ver la erupción volcánica, y en su interior se ha podido rezar, descansar, guarecerse del frío, incluso tomar café, cargar el móvil o ir al baño. En esta entrevista, realizada en el propio templo, valora que la sociedad muestre la cara más solidaria con las personas damnificadas, así como el "respeto" de la multitud de curiosos y periodistas a la iglesia, aunque echa en falta que la sociedad sea más religiosa, una descreencia sobre la que se interroga si es la razón de que, pese a los ruegos -organizó una procesión en rogativa la noche del día 23 de la erupción-, el destructivo fenómeno geológico no se detuviera antes por intercesión divina

VICENTE PÉREZ

La iglesia de Tajuya, en el municipio de El Paso, ha estado abierta las 24 horas del día durante los tres meses de la erupción volcánica en La Palma. No solo para rezar: también para descansar, guarecerse del frío, cargar el teléfono móvil, ir al baño y hasta para tomar un café. Fue la decisión que tomó su párroco, Domingo Guerra, al ver que en la plaza junto al templo se concentraba tanta gente -población de la zona, periodistas, curiosos- para ver el volcán, pues, en su condición de atalaya natural, ha sido el mejor lugar donde contemplar este sobrecogedor fenómeno de la naturaleza.

Con el sacerdote conversó PLANETA CANARIO una noche, aún con la erupción dramáticamente activa. La entrevista tuvo lugar dentro de la propia iglesia de la Sagrada Familia, sentados en uno de los bancos cerca del coro. Afuera, azotada por un gélido alisio, una multitud miraba, sin aliento, las llamaradas y las coladas del catastrófico volcán, sobresaltándose con sus explosiones, entonces ya más esporádicas.

Domingo Guerra, que llegó a organizar una procesión para rogar el fin de la erupción, es párroco de todos los centros de culto del municipio de El Paso, incluyendo el de Nuestra Señora de Bonaza, en el casco urbano del pueblo, el de las ermitas de la Virgen del Pino, en el monte, y la de San Martín de Porres, en Los Barriales.

En la charla con este diario meditó sobre lo divino y lo humano, que para él están íntimamente imbricados, y algunas de sus reflexiones pueden dar pie a controversia: está encantado con la ola de solidaridad hacia las personas damnificadas -una conducta que le resulta muy cristiana, al fin y al cabo-, aunque se muestra desencantado con que una parte creciente de la sociedad se aparte de la Iglesia y de la creencia en Dios, al punto de que se pregunta si el milagro que él mismo y mucha gente pidió -el de que el volcán se apagara pronto para evitar tanto daño- no se hizo por esa falta de fe.

¿Por qué tomó la decisión de mantener abierta la iglesia de Tajuya las 24 horas?

«Realmente no fue una determinación tomada previamente, sino que fueron las circunstancias … Yo siempre le digo al Señor que yo quiero ser un instrumento que él guíe; y  me siento feliz porque normalmente él me guía en todo momento en la actitud debo tomar ante una situación de cualquier  tipo. Y ese día, por casualidad, yo vine aquí, a ver la situación del volcán y me encontré con que había mucha gente, y aquí no hay restaurantes, ni bares, no hay nada, y muchos periodistas, mucha gente que estaba llegando, me dijeron dónde podían ir al baño y yo les dije: pues está la iglesia, que tiene servicios. Y entonces yo pensé que cerrarla era darle la espalda a tantas personas que vienen y la dejé abierta con las luces encendidas; y así se quedó día y noche. Hoy por hoy lo miro con una gran satisfacción , porque la iglesia solo se cerró una noche por un temblor. En todo este tiempo ha habido un respeto absoluto. Después, con la pandemia se había puesto una cesta en la entrada, porque no había colectas, para que la gente pudiese poner su donativo, y se quedó ahí, y la gente ha colaborado mucho en todos los sentidos. Y recalco, la gente se ha portado con mucho respeto, he venido varias veces al día y no he detectado nada malo, incluso hay gente que ha venido sin sitio donde quedarse y ha dormido en el coro, pero todo ha sido con mucho respeto. También los medios de comunicación han cargado aquí sus móviles, y tienen en la iglesia  una cafetera. He decidido celebrar dos tardes la misa en esta parroquia y he tenido la grata experiencia de personas que se han encontrado  con la iglesia abierta y han llorado, han rezado, han pedido ayuda, han reflexionado, otras se han hecho muchas preguntas de tipo filosófico sobre el tema».

Cientos de personas llegaron a congregarse en la plaza de la iglesia de Tajuya para ver el volcán.

 Hay  quienes, en situaciones como esta, una catástrofe natural, se agarran más a la creencia en Dios, pero también quienes entran en crisis de fe…

«En el mundo moderno, Dios se relaciona mucho con la sociología que estamos viviendo. Hemos vivido en una sociedad de padres abuelos que lucharon y trabajaron mucho por salir adelante después del volcán de San Juan y de la sequía de finales de los años 40. Emigraron . Pero se les metió una idea en la cabeza de preparar el futuro de los hijos y estos, como han tenido unos padres que les dieron todo hecho, esperan que Dios sea también un Dios complaciente de las realidades humanas, sobre todo materiales , y acudimos a él pidiéndole salud y dinero. A a mi me aterroriza la cantidad de gente que piensa que Dios con las loterías lo va a arreglar todo, o esperando las subvenciones. Dios no es un abuelo complaciente con los caprichos humanos. Dios es un padre que cuenta siempre con nosotros  para resolver los problemas del ser humanos y nunca hará nada sin contar con nosotros. Y esperamos que Dios lo haga todo, que apague el volcán, que resuelva los problemas. Incluso la gente joven, que da la espalda a la Iglesia y a Dios, si le dicen a la abuela «vete y enciende una vela a la Virgen del Pino que tengo un examen», queremos que otros, la abuela y la virgen le resuelva el problema de no haber estudiado. Creo que estas no es la actitud correcta. Si nosotros ponemos todo lo que está de nuestra parte, seguro que Dios pone el resto. Yo recuerdo que mis padres y mis vecinos decían por la mañana: en el nombre del Señor empezamos el día, y cuando terminaban la tarea: que Dios ponga lo que le falte. Esperar que Dios lo haga todo sin nosotros hacer nada es un engaño».

Domingo Guerra, párroco de Tajuya, durante la entrevista.

 Hay una fuerza que es la de la solidaridad entre las personas, que es la que permitirá afrontar mejor el futuro colectivo cuando acabe el volcán. En ese sentido, ¿percibe usted que en la población de la zona existe esa inclinación a remar en un mismo sentido para recuperarse de esta calamidad?

«Este volcán nos ha enseñado muchas cosas. Primero, la gran solidaridad de todo el mundo hacia La Palma;  estamos sobrepasados de ayuda. También es verdad que los palmeros con estas situaciones estamos un poco apocados y mi actitud con mis vecinos es ayudarles, porque si nos viene esa ayuda y nosotros no estamos en actitud responsable de utilizarla responsablemente poniendo todo lo que está  de nuestra parte, esa ayuda puede quedarse en el aire. Tenemos que ser los palmeros el sujeto de nuestro futuro vivido con esperanza pero también arrimando el callo, que si afrontamos el futuro la ayuda vendrá con un complemento muy bueno y muy eficaz; aunque siempre tendremos que ser nosotros el sujeto de esa transformación, que geográficamente será diferente, pero que humanamente puede ser mucho mejor que la actual. No siempre lo pasado es mejor; el futuro tenemos que construirlo  y el pueblo de Israel tiene el año sabático cada 50 años porque no quiere que ninguna generación viviese de la anterior sino que cada una se ganase el pan con el sudor de su frente y no del pasado. Y eso es una filosofía que en los tiempos presentes no la tenemos muy en cuenta».

¿A través de Caritas han ayudado a muchas personas damnificadas en El Paso?

«Sí. Hemos convertido los salones de catequesis y otros salones que tiene la Iglesia aquí en La Palma y se han puesto al servicio de Caritas para albergar a muchas familias. Ya están viviendo bastantes en esas dependencias, porque al principio se acomodaron con otras familias pero ya han pasado muchos días y la convivencia de dos o tres familias en una misma casa pues se hace difícil».

Domingo Guerra, párroco de El Paso, durante la entrevista.

Usted está todos los días en contacto con personas que han perdido su vivienda y conoce su sufrimiento.  ¿Cómo afronta usted esta situación en el plano personal y cómo se relaciona con estas familias damnificadas?

«Mi actitud es estar con ellos. Jesús viene a estar con las personas. En todos los sitios en los que he estado mi filosofía es una frase del salmo: mi delicia es estar con los hijos de los hombres. Yo quiero estar con las personas, acompañándoles, animándoles, sugiriéndoles  posibilidades, es decir, estar de una forma no pasiva. Tenemos que ser como la levadura que transforma la masa, la luz que ilumina el ambiente o la sal que da sabor y sentido a la vida. E intento  pedir fuerzas a Dios para vivirla en la situación en la que esté. No solo con la gente de La Palma, sino con gente que ha venido a ayudar, gente solidaria que viene a echar una mano. Intentamos estar acompañándoles, agradeciéndoles, poniendo a Dios en medio de esas realidades en lo que sea posible».

 Dentro de la destrucción que ha causado el volcán día a día durante tres meses, hubo una especialmente simbólica: la desaparición, engullida por la lava de la iglesia de Todoque. ¿Cómo vivió ese momento?

«Ese momento fue muy duro, como con todas las viviendas, las casas, los canales de agua, los cortes de luz… Todo eso es muy dramático. Pero también yo hago una reflexión en ese sentido, un poco dura: el ser humano moderno, de los años 70 para acá ha vivido muy preocupado de tener y toda la felicidad está puesta en tener, y cuanto más tengo mas feliz seré. Esto nos quiere dar una lección: vivir más para ser que para tener; y creo que nos hemos olvidado de ser personas, qué sentimos, qué pensamos. Y no digo que esté mal tener; cuando es fruto del trabajo está muy bien. Pero no solo está tener: hay que ser personas que pensamos por nosotros mismos, que vivimos por nosotros mismos y que actuamos por nosotros mismos. Yo creo que en esta sociedad predomina más el sentimiento del tener, y todo esto nos tiene que ayudar a reflexionar. No digo que esta sea la reflexión mas correcta, pero sí meternos dentro de nosotros y decir:  Señor, háblame en este momento, ¿qué nos quieres  decir con este telegrama de este volcán, de esta hecatombe? Porque si acudimos a él con confianza, nos ayudará. Esta carga sin Jesús no será llevadera. ¿Hoy tiene cabida Dios en el corazón del ser humano? ¿Pasará como cuando la primera vez vino a los suyos y no le recibieron y tuvo que nacer en un pesebre en medio de los animales? Ese es mi interrogante y mi súplica, que en el corazón de los hombres, Señor, haya sitio para ti».

Hay una serie de valores que se reivindican en una catástrofe de este tipo que entroncan mucho con los que predica el cristianismo. Hablo de la solidaridad, de ayudar al prójimo… 

«¿Esos valores dónde están: en Dios, que es amor, y tal vez queremos ver los frutos sin ver la raíz que da esos frutos?».

Pero, como le comentaba antes, hay personas que pierden la fe porque piensan que el volcán es una desgracia que podía haberse evitado y les viene esa crisis de fe, si era creyente…

«Yo les diría que en lugar de mirar a la tierra, miren al cielo o busquen a Dios en lo profundo de su corazón.  Porque a veces lo buscamos en las imágenes, en los acontecimientos. Hay un libro muy bonito que trata de una persona que dio la vuelta a mundo buscando a Dios y cuando terminó de darla, después de visitar todos los santuarios dijo: ¿Señor, pero dónde estás? Y le dijo Dios: ¿Pero para que me buscas tan lejos si estoy en tu corazón?. Buscamos a Dios fuera pero él está en nuestro corazón, porque Dios es amor y está en el corazón o quiere estar en el corazón de cada uno pero lo buscamos en tantas cosas. Nos quejamos de Dios en tantas cosas y él está en la sonrisa del niño, en el apretón de manos… Yo después de tantos días ya no tengo palabras, pero sí tengo unos brazos para abrazar o una mano para sentarme con una persona a charlar. Eso es lo que tengo  y eso es lo que ofrezco. Dios no me pide más que lo que tengo lo ponga a disposición de las personas».

Hubo un día, el vigésimotercero de la erupción, en que usted celebró una procesión en rogativa, recorriendo la plaza con la custodia, bendijo la zona de lava… En ese momento la plaza estaba llena de personas viendo las impresionantes coladas y las llamaradas del volcán. Fue algo muy emotivo… ¿Cómo vivió ese momento?

«Por una parte fue un momento muy emotivo y bonito,  sobre todo por el silencio y respeto que imperó en la gente. Pero también me quedó un interrogante: esperaba la gente un milagro, y Dios hace los milagros cuando hay fe en él, confianza en él, porque Jesús pasó el Evangelio diciendo: tu fe te ha salvado; ten fe y será posible. ¿Confiamos en Dios? Es la pregunta que me hago. Hoy queremos un Dios que haga el caprichito y el gustito o un Dios sentimental. Cuando sacamos a la Virgen del Pino arriba en el monte fue también un acontecimiento sentimentalmente extraordinario, la gente iba buscando un milagro, y yo lo pedí también. Pero también me decía: Señor, tú no hiciste nunca un milagro si no había fe. Jesús pasó por muchos pueblos y lo seguía la gente y fue  en su propio pueblo de Nazaret, cuando vino y esperaban que se hiciera un milagro por lucimiento; querían un artista de circo que hiciese un milagro para lucirse porque estaba en su pueblo, pero Dios no actúa  por actuar, actúa porque hay fe, porque sus hijos se lo piden con confianza. Si no no actúa, no es un actor de circo».

Si me lo permite, como reflexión  filosófica, a lo mejor el ‘milagro’ realmente es que en una sociedad tan individualista haya descubierto el valor de la solidaridad ante desgracias como esta…

 «Hemos sacado muchas cosas buenas. Esta realidad nos ha dado muchas enseñanzas: solidaridad, acogida, empatía, cercanía. Yo digo aquí cada noche que vengo y salgo de la iglesia y hay tanta gente, tanto joven, y no oír ni un grito, una palabra mas alta que otra… eso es admirable, sobrecogedor. No sé que sentimiento embarga su mente, pero están en silencio y  Dios habla en el silencio; Isaías  pasa por una tormenta, un terremoto, un huracán… y ahí no encontró a Dios,  en el silencio de la noche. Y yo digo muchas veces que en ese silencio sobrecogedor, admirando este estruendo de la naturaleza, no han sido muchos los casos pero ha habido  algún caso de experiencia bonita de reflexión con Dios en encuentros aquí sentados en uno de estos bancos».

Esperemos que ese ‘milagro’ de la unidad de las personas ante la adversidad permita, una vez que el volcán se apague, reconstruir. Al fin y al cabo el mayor tesoro es la vida, y la erupción no causó muertes [aunque sí ha habido que lamentar el fallecimiento de una persona en las labores de limpieza de cenizas…

«Otro pensamiento que me parece importante: más que pedir a Dios que haga un milagro es pedir a las personas que vuelvan a Dios, porque cuando nosotros volvamos con confianza de hijos entonces va a actuar, pero no va a actuar si no volvemos como hijos a él con confianza. Porque si lo tenemos en el baúl de los recuerdos y solo acudimos a él en los momentos de apuro, Dios no va a actuar. Dios actuará cuando la sociedad de hoy se vuelva a Dios con confianza de hijos. El problema es, por ejemplo, que aquí hacemos misa varias veces al día, la plaza ha estado llena y solo entran cuatro o cinco personas y eso que  estoy retrasmitiendo la misa hacia la plaza… No digo que Dios esté solo en la iglesia, yo creo que también hay gente que, viendo el estruendo del volcán y la lava, también ha reflexionado y ha hablado con Dios, pero no es lo habitual. Ojala esté equivocado y lo que pido es que los hijos vuelvan a Dios, como volvió el hijo pródigo, como volvió tanta gente. En el Evangelio todos los que acudieron (leprosos, ciegos, cojos…), todos los que acudieron con confianza, no quedaron defraudados. Los que no acudieron se lo perdieron».

En cualquier caso usted, pese a lo que comenta, usted ha abierto las puertas de esta iglesia para todo el mundo…

 «Dios tiene los brazos abiertos siempre para acogernos. La iglesia es como tener los brazos abiertos de Dios para acogernos».

Iglesia de Tajuya, con el volcán en erupción al fondo.
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