VICENTE PÉREZ
Teresa Laborda es una enfermera residente en Tenerife que tiene contra las cuerdas al Obispado NIvariense y a la Esclavitud del Cristo de La Laguna por no aceptarla como miembro, ni a ella ni a otras mujeres. Este lunes 20 de enero se ha celebrado en un Juzgado de Santa Cruz de Tenerife el juicio contra ambas entidades religiosas a raíz de una demanda que ella presentó por vulneración de derechos fundamentales.
«Nacer mujer no es más que un hecho biológico, estamos en un mundo en que nos amparan la Constitución y una serie de leyes y la iglesia nos tiene por qué discriminarnos así en pleno siglo XXI», afirmó Laborda a su salida del Palacio de Justicia. A su juicio, «tal discriminación no se puede consentir», por lo que se pregunta si otras hermandades y cofradías religiosas no cometen esta vulneración de derechos, «¿a qué tiene miedo la Esclavitud del Cristo, cuando admite a niños de 7 años y a nosotras no?».
«Tenemos la misma vida moral y cristiana que cualquiera de los hombres que forman esta hermandad», reivindica esta mujer que lleva dos décadas tratando de formar parte de esta asociación religiosa lagunera, y que se ha topado con una sorprendente negativa por razón de su género.
Expone Laborda que la Esclavitud del Cristo en 1545 estaba formada por hombres y mujeres, antes del Concilio de Trento y que 114 años después un grupo de hombres decidieron excluir a las féminas.
Alega la denunciante que la Diócesis Nivariense, es decir, la de la provincia occidental, pertenece a la Archidiócesis de Sevilla, cuyo arzobismo decidió por decreto que las cofradías fueran adecuando sus estatutos para que garantizaran su carácter mixto, e incluso promovió que los costaleros que llevan los tronos fueran también mujeres.
Advierte Laborda un hecho que resulta muy llamativo: «El esclavo mayor perpetuo de la Esclavitud del Cristo es el rey de España, pero Felipe VI no tiene hijos, sino hijas, y en cumpla la edad la princesa será la esclava honorífica del Cristo».
«No comprendo por qué la Esclavitud del Cristo nos discrimina de esta manera; tampoco creo que se asusten de que formemos parte, porque entre sus miembros ha habido circunstancias personales, se han divorciado y siguen en esa hermandad, así que ¿por qué entonces nosotras no podemos entrar?», se pregunta esta devota del Cristo lagunero. Y se lamenta de que «nadie nos responde el motivo, solo nos dicen que porque hay un artículo en los estatutos que dice que solo pueden ser caballeros».
Por ello, Laborda reclama que se modifiquen los estatutos para que en lugar de la palabra «caballeros» pongan «personas o fieles». Desde su punto de vista, el obispo, Bernardo Álvarez, no ha jugado un papel inocente en este asunto, pues «tiene la facultad de sancionar y firmar lo estatutos de la hermandad, así que podría hacer un decreto que obligara a adecuar esas normas, pero no ha querido y por eso hemos llegado a los tribunales de Justicia».
