El Ayuntamiento de la Guancha realizo una serie de talas y podas en árboles de distintas especies autóctonas ubicados en el CEIP Plus Ultra y en el centro de educación infantil Tamaragua. Dichos árboles fueron plantados hace 35-40 años por parte del colectivo escolar.
Según informa el propio Ayuntamiento, ya que es suya la competencia y responsabilidad del estado y mantenimiento de los recintos educativos incluidos sus exteriores, se hizo imprescindible la tala de 16 ejemplares de gran porte por inestabilidad estructural y someter a podas de reducción de copa a otros 23.
Lo cierto es que estas prácticas son más habituales de lo que sería deseable bajo un criterio puramente técnico, puesto que prevalecen otros criterios puramente “prácticos” ya sea porque molestan, ensucian, limitan visibilidad o son causa de quejas por parte de algún vecino cercano.
He de reconocer que me entristece enormemente que las autoridades municipales tengan tan poca sensibilidad a la hora de tomar este tipo de decisiones, las cuales recuerdo que son irreversibles.
Especies eliminadas entre las que se encuentran viñátigos, araucarias, tilos, hayas, cedros o laureles, invirtieron cerca de 40 años en formar el tronco y la masa foliar que presentaban, desarrollando durante todos estos años su función de captura de CO2, suavizando las temperaturas con su sombra, y evitando erosión, en definitiva ofreciendo bienestar a los usuarios de la zona.
Se alega, para tal decisión, razones de seguridad, pues al parecer presentaban ciertos signos de pudrición, algo que sucede en más de la mitad de las especies arbóreas en algún momento de su vida, infecciones provocadas por algún insecto xilófago o infección criptogámica casi siempre motivada por algún traumatismo o rotura de tejidos, la cual facilita su penetración.
Los árboles poseen mecanismos de defensa para aislar las infecciones produciendo y segregando sustancias que inhiben la infección y superarlas sin mayor problema, pero a veces ciertamente no es suficiente y es necesaria una ayuda extra por parte de los servicios municipales, que deben percatarse de dichas incidencias y actuar en consecuencia con tratamientos curativos y de cirugía arbórea, y así atajar el problema, de modo que no se llegue a otras situaciones más comprometidas.
A la espera de estudiar el informe técnico del que derivó tal decisión, y con los datos que dispongo, he de puntualizar algunas cuestiones:
TALAR es siempre la última de las opciones. La arboricultura moderna, ofrece gran cantidad de técnicas y opciones para sanear, tratar y estabilizar estructuralmente en casos complejos.
Permítanme dudar de que una misma infección patógena ataque por igual a más de 7 u 8 especies bien diferentes. Las fotos que pude observar, solo se apreciaban pudriciones profundas en ramas secundarias, y con tejidos en troncos principales en perfecto estado o ligeras erosiones, en algún caso ya a punto de cicatrizar con un desarrollo del callo muy desarrollado.
Con las técnicas arborícolas, podas adecuadas, saneado de pudriciones, tratamientos insecticidas y fungidas, anclado y cableado de zonas de dudosa estabilidad, reducciones de copa y descarga, son soluciones adoptadas en casos mucho más críticos, asegurando y certificando su viabilidad presente y futura.
Es fácil entender que lo más económico es talar y se acabó para siempre las quejas o posibles problemas futuros, pero, ¿cuánto se valora un ejemplar de 40 años?. ¿Se valoran los servicios medioambientales prestados y los que podría seguir prestando?
No olvidemos que un árbol de esa edad es un ser vivo y no es fácil reemplazarlo a corto medio plazo; los responsables están obligados a salvarles la vida y agotar todas las opciones.
Muchas veces los responsables prefieren quitarse el muerto de encima alegando una presunta inseguridad poco argumentada y sobre todo sin dar alternativas al problema, sin olvidar que si hubiese algún ejemplar cuya tala fuera inevitable es debido a su pésima o nula gestión, pues es su obligación a lo largo de los 40 años de existencia de estos árboles haber detectado los primero estadios de infección o pudrición y haber obrado en consecuencia.
Tristemente los niños de estos colegios son los que más echarán de menos abrigarse en su sombra.La rala debe ser la excepción, cuando se agotan otras opciones pero nunca la norma.
