NIÑOS GRANDES SUELTOS, por Rubén Expósito

Hay una gran confusión. Si afinamos, diríamos que es una nota discordante en una sintonía, una anomalía que se enfrenta a la habitual música con la que funcionamos. Nos cuenta el presidente que apela a la responsabilidad de cada uno de los ciudadanos para cuidarse como si a un grupo de chiquillos se refierese antes de una excursión. La cuestión es evitar al despistado que el sufrimiento de perecer por pensar que desescalar es un sinónimo malo de superar, ese es el mensaje escondido en cada discurso oficial. El virus sigue ahí, en cualquier rincón flotando en el aire o esperando un golpe de tos para ver mundo.

Los humanos tratamos de parar estas crisis descargando la responsabilidad sobre un líder, por lo visto es así, nos cuesta horrores separar lo que nos venden respecto a una opinión propia fundamentada en nuestra propia conciencia y criterio personal, porque nos es más fácil descargar responsabilidades en un desconocido que asumirlas en primera persona, somos así, no hay más, y de eso se alimenta el virus, del desconcierto. En el primer discurso nos dijeron que no había otro remedio que apelar a la responsabilidad de cada individuo, en el último también, es una constante, con y sin pandemia. «Cuídate, que yo te cuidaré», palabra del Señor.

Lo curioso de todo esto es que hay mucha gente que lo ve como un motivo para discutir, y es un problema global, teóricamente ideal para sumar como humanidad, y nos mostrarnos separados y escépticos con la realidad, pero hemos demostrado otra cosa, que de ser por ejemplo; un virus zombie, como en una de las muchas películas que hemos visto hasta sin querer y que lanzaban hipótesis sobre nuestro funcionamiento en crisis globales, estamos realmente jodidos, somos incapaces de ver que el planeta es un todo, y perecemos por nuestra incapacidad de formar acuerdos a nivel global.

La gran esperanza es que apelar a la responsabilidad individual de los humanos es un sinónimo de salvación, ver que los prudentes asisten a ver a cómo se despeñan los incautos, y sabiendo que ambos grupos son muy nutridos, soluciona claramente que saldremos de esta, y de muchas más; lo que ocurre es que doloroso ver que la naturaleza hace su trabajo por más que creamos que vivimos a sus espaldas.

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