PLANETA CANARIO
A sus 95 años, Mercedes Casañas Hernández aún abre al visitante las puertas de su taller en Sabinosa (El Hierro) para mostrar el oficio al que ha dedicado toda una vida: el tejido tradicional. Pero su conversación va mucho más allá de los telares.
Con una lucidez admirable y un entusiasmo contagioso, recorre casi un siglo de recuerdos y deja una valiosa reflexión sobre las cosas esenciales de la vida.
La artesana herreña es la protagonista de uno de los documentales del programa EnSeñas Patrimonio, impulsado por la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.
El audiovisual, disponible íntegramente en las redes sociales del programa y en YouTube, recorre, a través de su testimonio, el oficio tradicional del tejido, la vida cotidiana en la Sabinosa de mediados del siglo XX, el legado de su tía Valentina —uno de los grandes símbolos del folclore herreño—, las historias de curaciones vinculadas al emblemático Pozo de La Salud y las reflexiones que Mercedes comparte sobre el paso del tiempo, la felicidad y la importancia de conservar las tradiciones.
Mercedes deja en esta entrevista una auténtica lección para las nuevas generaciones. «La gente está perdida. Ya no valoran las cosas que se hacían antes», lamenta al recordar una época en la que la solidaridad entre vecinos formaba parte de la vida cotidiana.
«La familia éramos muy unidas»; evoca, «de manera que si uno necesitaba una taza de gofio o un vaso de azúcar, el vecino se lo prestaba. Ahora primero lo dejan caer al suelo que dártelo».
Por eso insiste a sus nietos: «Observen a la gente mayor. Algún día se acordarán de todo lo que les estoy diciendo». Ella misma reconoce que se reía de los consejos de su abuela «porque la gente joven piensa que nunca llegará a vieja».
Su mensaje final es una reivindicación de la sencillez, del patrimonio heredado y del trabajo artesanal. «La felicidad no está en el dinero. Vale más comer a gusto una papa sola que tener mucho dinero y no poder comer».
También anima a los jóvenes a mantener vivas las tradiciones que marcaron generaciones enteras de herreños. «Debe ayudar la gente joven, que se anime, que le vayan enseñando para que esto no se pierda, que recuerden cómo se vestía, cómo se comía, cómo era la vida de antes».
Tras compartir su filosofía de vida, Mercedes viaja con la memoria hasta el Sabinosa de su infancia, un pueblo colgado sobre el abismo, lleno de historia y tradiciones, que llegó a contar con unos 700 habitantes gracias al pastoreo y la agricultura.
Desde allí desgrana vivencias familiares, episodios históricos y relatos populares que forman parte de la memoria colectiva de El Hierro.
Uno de los recuerdos que conserva con mayor cariño es el de su tía Valentina, considerada uno de los grandes referentes del folclore herreño. Mercedes la recuerda como una mujer que llevaba la música «de nacimiento». «Soy sobrina de Valentina.
Ella murió aquí, en esta casita», explica con emoción antes de evocar cómo comenzó la trayectoria de quien acabaría convirtiéndose en uno de los grandes símbolos culturales de El Hierro.
Para Mercedes, el éxito de Valentina nunca fue fruto de la casualidad. «Ella nació con eso y no sabía leer ni escribir. Animaba a la gente. Esto es que se ve que nació con eso».
Mercedes conserva especialmente vivo el recuerdo de la primera vez que salió de El Hierro junto a Valentina para actuar en Gran Canaria durante la recepción a Eva Perón, en 1947. «Yo tenía 17 años… fuimos a Las Palmas la primera vez que salí. Cuando ella se bajó del avión le hicimos un homenaje, un baile». Confiesa que aquel viaje supuso descubrir un mundo completamente distinto, porque nunca había salido de aquí y no sabía cómo era el mundo. Ir a Las Palmas nos parecía una cosa del otro mundo».
Incluso recuerda la impresión que les causó ver aterrizar un avión: «Dijimos: ‘¡Ay!, eso parece una paloma volando'».
Otro de los capítulos más llamativos de su memoria está ligado al Pozo de La Salud, cuando todavía era un lugar abierto a cualquiera que quisiera beber de sus aguas o buscar alivio para sus dolencias.
«Allí estaba un cubo, un vaso, un jarro de aluminio y el balde con sus sogas para que todo el que pasara sacara agua». Ella misma asegura que en su familia nunca faltaba aquella agua.
«Nosotros nunca dejamos faltar el agua en casa para purgar. Siempre tomábamos agua en ayunas para limpiar el estómago».
Entre las historias que más la impresionaron figura la de un médico procedente de Tenerife. «Me dijo: ‘Yo soy médico, trabajo en La Candelaria’.
Vino con una muleta porque estaba cojo y decía que llevaba tiempo tomando pastillas. Oyó la propaganda de que en El Hierro había un pozo que curaba y decidió venir».
Según cuenta Mercedes, el propio facultativo reconoció su sorpresa tras mejorar. «Ahora camino sin muletas ni nada. ¿Qué digo ahora a mis compañeros?», recuerda entre risas, convencida de que «hubo muchos, muchos, muchos que curó el Pozo de La Salud».
Con la serenidad de quien ha vivido casi un siglo, Mercedes Casañas Hernández concluye la conversación insistiendo en que la verdadera riqueza no se mide por el dinero, sino por la familia, la memoria y las tradiciones. Un legado que ella ha conservado durante toda su vida y que ahora queda también recogido para las futuras generaciones gracias al documental de EnSeñas Patrimonio.
