La Comisión de Régimen Disciplinario de Ciudadanos abrió un expediente disciplinario con suspensión cautelar de militancia a los concejales electos de Cs en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano. ¿El motivo?. Desobedecer a la cúpula de Cs, y permitir que fuese alcaldesa la socialista Patricia Hernández, lo que acabó con 40 años de gobierno capitalino de CC. Desde «arriba», como se suele decir cuando la decisión es de un mando superior, prohibieron votar a ninguno de los candidatos, así Bermúdez volvería a repetir como alcalde de Santa Cruz. Matilde y Ramón justificaron su voto para «acabar con el clientelismo» y la «corrupción» en Santa Cruz.
Ya se pelean dentro del partido. Cosa fea. Lo vimos en Podemos, y sabemos que al electorado no le hace ninguna gracia que los miembros de un mismo partido no sean capaces de ponerse de acuerdo ni entre ellos mismos. Las formaciones políticas, en contra de lo que predican llenándose la boca con palabras como «democracia» o «igualdad», funcionan como un ejercito militar. No hay opiniones personales que valgan. Manda el que manda. La cúpula. El comandante. Por más que vea el soldado raso que se acerca al precipicio, si el macho alfa te manda seguir, debes estrellarte y morir. Con honor, como dicen en el campo de batalla, aunque se te quede cara de bobo.
Me declaro admirador de Matilde y Ramón, fan de primera fila. Pocas veces podemos ver un ejercicio de conciencia tan puro y brillante como el que han protagonizado estos dos ciudadanos. Su visión e integridad como políticos les ha hecho saltar al precipicio. Pero a diferencia de lo que pasa en un ejército, han saltado por voluntad propia, con la cabeza bien alta.
Ciudadanos nos ha comido la cabeza con «no a la corrupción», «regeneración», «fin del clientelismo» etc…, usar a día de hoy cualquiera de esas expresiones en la misma frase que CC (y desde ahora con Cs), convierte la oración en contradictoria. Coalición Canaria tiene el tenderete a punto de saltarle por los aires, con el «Caso Grúas», donde Clavijo está intentando que no lo remolquen hasta un desguace o con las comisiones pagadas por OHL a algunos miembros de CC para construir el puerto de Granadilla, un puerto que se ha demostrado que hacía la misma falta que ponerle un muñeco de nieve a una rotonda. Esta formación necesita una limpieza profunda, esto no es pasarle un paño y seguir, CC está como la calle Castillo en cada amanecer de los Carnavales.
Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano fueron consecuentes con los lemas de su partido, pero su partido no. Su premio ha sido abrirles la puerta de la formación para que se vayan con su «democracia» y su «regeneración» a la calle. El mensaje de Cs es claro. Somos igual que todos los demás, de lo que decimos a lo que hacemos va muchísimo, y toda esa verborrea se queda en nada cuando queda demostrado que la dirección del partido sólo busca conseguir cuota de poder a cualquier precio.
La decepción de los votantes de Cs en Santa Cruz es clara. Apostaron por un partido joven que en realidad ya tenía los vicios de los viejos. Una pena. Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano han sacado los colores a Cs y han retratado la esencia de este partido. Por otra parte, su honestidad e integridad personal ha dejado alucinado a muchos, tal vez ellos dos sí son el espíritu del verdadero Ciudadanos, y son ellos los que deben abrir la puerta al resto de sus compañeros de partido. Lo que han hecho ha servido para recordarle al personal, que en política también hay gente con una integridad a prueba de bomba; como decía Churchill, que se sentaba en la bancada del Parlamento delante, con los miembros de su partido a la espalda: «nuestros adversarios políticos están enfrente, los enemigos están detrás».
