LA AMISTAD CON LOS QUE NO SON AMIGOS, por Rubén Expósito

En nuestros genes está el sumarse a todo aquel grupo que nos sea afín, nos distribuimos y nos unimos por religión, deporte, vicio….por lo que sea, esa unión es más sólida que el pegamento. Es nuestra manera de integrarnos en un formación en la que nos sentimos cómodos. Estamos viviendo en nuestro microcosmos, apenas hay problemas de convivencia, es suave y ligero, son todos y todas colegas. Básicamente, una de esas vidas que son tan cómodas que tendemos a perpetuar hasta el infinito. El problema surge a partir de que este onírico sueño real es agredido. La forma de reventar el paraíso de las mentes en línea siempre es encontrarse con un grupo de mentes discordantes, eso acaba con nuestra manera de ver las cosas más allá de nuestras premisas; es que además, dejamos de verlas, todo desaparece. La empatía o la capacidad de respirar y pensar con calma durante 1 minuto cuando alguien nos presenta oposición intelectual es una virtud tan escasa como las piedras preciosas. Independentista catalán o de donde sea, VOX, Unidas Podemos, tu comunidad de vecinos, tu jefe, tu pareja…bienvenido a tu peor pesadilla. El sistema te obliga a lidiar con gente con la que no compartes nada salvo la especie, los derechos y los deberes. La incapacidad del ser humano de pelearse con el que no comulga con su manera de pensar es un clásico desde los inicios de nuestra civilización. Por supuesto, no tengo ni idea de cuál es la solución, pero sí sé que tener una idea esculpida en piedra en la mente, como dice el dicho popular, es como tener un precioso pene. Puedes estar muy orgulloso de tenerlo, pero no puedes ir por ahí pretendiendo metérselo a todo el que te encuentras sin pedir permiso. Someter nunca ha sido la solución a nada, el diálogo y el respeto es la única manera de avanzar que hemos logrado testar como válida. Es la premisa que dice que no te creas tan listo, que el que consideras rival siempre tiene algo que aportar a tu manera de ver el mundo, y al negarlo por completo, pierdes la oportunidad de crecer. En definitiva, asumir que todos somos diferentes es el primer impulso hacia la convivencia, lo contrario es pura involución. El sueño del elegido, el poseedor de la verdad. Ese pensamiento es lo que siempre amenaza con que nos aniquilemos entre nosotros, la eterna falacia de la verdad verdadera.

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