Hugo y Melisa, afectados por el volcán: «Queremos un futuro en La Palma, pero aún no tenemos luz, sino incertidumbres»

Este matrimonio con un hijo perdió su casa por el avance de la lava en El Pampillo (Tazacorte), a los 9 días de iniciada la erupción en Cumbre Vieja, y afirman que los requisitos de las ayudas deben tener en cuenta el compromiso asumido por todos los políticos de evitar que las familias damnificadas se tengan que ir de la Isla Bonita

Hugo y Melisa, con su hijo, en El Paso, durante la entrevista con PLANETA CANARIO.

VICENTE PÉREZ

El 28 de septiembre, un río de lava arrojado por el volcán de Cumbre Vieja se llevó la casa donde residían Hugo y Melisa y su hijo, un niño al que tratan de que esta catástrofe no le afecte tanto como a sus padres. Vivían en el camino de El Pampillo, perteneciente a Tazacorte. No les dio tiempo de hacer un seguro para la vivienda, que es propiedad de Melisa.

Desde el día de la evacuación, viven con los padres de Melisa en El Paso, apretados, en total 7 personas en la vivienda, más un perro. También tienen gatos, pero han tenido que dejarlos en una gatera.

En el Registro Único de Afectados por la erupción de La Palma pidieron una ayuda para disponer de una vivienda durante unos años, pero se la denegaron inicialmente por poseer él una casa en Gran Canaria, que no está habitada, y a pesar de que tienen separación de bienes.  Les comunicaron que quedaban en una segunda lista, la no prioritaria, debido a esta circunstancia. Hace unos días les han indicado que pudiera tratarse de un error en el tratamiento de datos, por lo que están a la espera de que se les abra una puerta a la esperanza.

«Llevo 17 años en La Palma y 22 en esta empresa, y 15 años en Tazacorte; no quiero que me den algo que no sea justo, solo necesito una ayuda mientras vendo mi casa en Gran Canaria y puedo gestionar de nuevo comprar un terreno y hacer una nueva casa», afirma Hugo.

Tenso por la situación que están pasando, pero con unas ganas de salir adelante que exhibe a raudales, insiste en que lo que al menos en su caso le daría oxígeno y algo de tranquilidad es lograr las ayudas precisas para que no se vea obligado a marcharse de La Palma, pues él y su familia tienen en la Isla Bonita su vida hecha y harán todo lo posible por que su futuro y el de su hijo estén ahí.

«Todos los políticos han dicho que el objetivo es que los afectados no se vayan de La Palma, y en nuestro caso no queremos irnos, no queremos que nos desalojen de esta isla por no recibir la ayuda necesaria», señala, durante la entrevista con PLANETA CANARIO, que tiene lugar en el caso urbano de El Paso.

La angustia de este matrimonio es cómo volver a forjar un proyecto de vida, ya que hace cuentas y es complicado a corto y medio plazo para ellos eso que se ha dado en llamar la reconstrucción.  «A estas alturas, lo ideal sería que las Administraciones públicas me dijeran con qué fondos de ayuda puedo contar, y así tener algo con lo que negociar con las entidades  bancarias, para tener una esperanza de lo que vamos a poder hacer con nuestras vidas», reivindica Hugo, quien, pese al sufrimiento acumulado ya en estos cinco meses, no ha dejado de luchar porque es a lo que está acostumbrado, aunque sabe que con un sueldo una catástrofe como esta lo pone todo muy complicado.

«Mi mujer tiene a toda su familia aquí, yo tengo el trabajo aquí y tenemos a nuestro hijo en el colegio aquí;
desde el punto de vista sentimental, somos un matrimonio que queremos seguir viviendo  en La Palma, pero hemos estado con mucha incertidumbre porque nos dijeron que como tenía una casa en otra isla no teníamos derecho a indemnización ni a alquiler, por lo que  nosotros percibimos eso como que nos estaban obligando a irnos», manifiesta Hugo, mientras su hijo corretea por la plaza y su esposa, que es pensionista por enfermedad, asiente a sus palabras.

Vista área de la montaña de Todoque,  a cuya vera estaba la zona de El Pampillo, donde vivían Hugo y Melisa. / I LOVE THE WORLD

Explica que, durante estos meses, declinaron irse al hotel en Fuencaliente porque no era viable, ya que su hijo está escolarizado en El Paso y trabaja también en este municipio. «Desde el 19 no he faltado a mi trabajo, no he pedido ni una baja ni nada, yo he seguido cumpliendo con mi trabajo», relata.

Han recibido la ayuda de las donaciones de particulares y empresas a través del Ayuntamiento de El Paso,  y también algunas ayudas básicas de este consistorio y de de Tazacorte, y de Cruz Roja.

Hugo se queja de que hay «mucha burocracia» y critica que el Registro Único al principio no contaba con los medios suficientes, como falta de ordenadores para digitalizar desde el primer momento los datos de los afectados: «Nos han llamado un montón de veces, se han duplicado expedientes y ha sido todo muy lento; no ha habido registro de entrada; ibas allí,  dejabas los documentos y ni te daban un papel sellado con un registro y después todo iba a una caja; los asistentes sociales trabajaban 5 días aquí y después se iban a Tenerife a digitalizar todos los documentos;  con lo fácil que hubiese sido tener un ordenador y grabar todo de entrada, lo que hubiera agilizados las ayudas».

De ahí que a su juicio, «la burocracia está agravando» la situación de las familias afectadas, en un momento en que están desorientados. «No tenemos una luz, sino muchas incertidumbres, no podemos hacer una hoja de ruta, por lo que necesitamos tener certeza de las ayudas económicas que vamos a recibir», se lamenta.

Durante la conversación tanto él como su mujer insisten en que no están pidiendo que les regalen nada. Durante estos meses lo que ha sentido Hugo es «como un bloque de hormigón en los pies impidiéndonos seguir nuestro camino».

Se queja además de que las personas damnificadas no tienen información suficiente, al no existir «un canal donde encontrar todo lo que necesitamos hacer o a qué ayudas acceder». «De muchas ayudas nos enteramos por el boca a boca», remacha. Durante la erupción, este matrimonio afirma que tampoco tuvieron información oficial de qué ocurría con su casa y sus terreno.

Como tantos otros vecinos, ellos estaban convencidos de que la erupción sería en Jedey y jamás se les pasó por la cabeza que la lava iba a llegar hasta allí. «Si llegamos a saber que la erupción era tan cercana, me habría organizado de otra manera; nos evacuaron el domingo 19 de septiembre a las 3 de la tarde cuando explotó el volcán y hasta el lunes no me dejaron entrar para ir sacando enseres».

Hugo y Melisa lanzan un mensaje a los políticos: «Que aquello que han prometido lo cumplan, no estamos pidiendo limosnas, ni regalos, queremos ayuda para empezar de cero, y que se cumpla el objetivo de que nadie se tenga que ir de la isla».

«La isla necesita recuperar su economía y queremos que nuestro hijo tenga un futuro en La Palma; esperemos que la burocracia y las decisiones políticas nos lo permitan», concluye este matrimonio, que ahora hace cuentas con la calculadora y aún no tiene claro cómo poder rehacer su vida. Su barrio, su tierra, su paisaje… todo está ahora bajo la lava, y aunque el ánimo lo tienen tocado por este duro trance, no están dispuestos a que el volcán también sepulte sus ilusiones.

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